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personales de su autor como Maestro Masón

23 de abril de 2006

83 Aniversario de la muerte de Rosario Acuña

Casa del Cervigón donde vivió Rosario de Acuña (Gijón)


Dentro de pocos días, el 5 de mayo de 2006, se celebrará el 83 aniversario del fallecimiento de Rosario Acuña, escritora prolífica, librepensadora, mujer que vivió una intensa existencia entregada a la defensa de las libertades de la ciudadanía de su tiempo.

Rosario Acuña fue perseguida por la intolerancia de la España de finales de siglo XIX y principios del XX. Hubo de exiliarse temporalmente como castigo por su enfrentamiento con los totalitarismos religiosos y políticos, tanto de la Iglesia Católica como de lo que hoy llamaríamos la derecha sociológica. Su militancia y activismo real en favor del la educación laica, los derechos de las mujeres y de las clases más desfavorecidas le valieron tanto el desprecio de la España negra, como el homenaje y reconocimiento de todos aquellos de los que fue valedora y voz.

Su entierro, a pesar de su voluntad, no pasó desapercibido para la clase trabajadora de la ciudad en donde residió sus últimos años, Gijón. Y desde esa fecha, cinco de mayo de 1923, cada año, cada aniversario, se convirtió en un homenaje expontáneo a aquella mujer que había dedicado su existencia a creer en una sociedad más justa, más libre y, en definitiva, mejor.

Reproducimos aquí su testamento, recordando que por primera vez desde que la Guerra Civil cercenara en España la democracia, se realizará un acto recordando su figura

el próximo 6 de mayo, a las 12 horas del mediodía, y ante su tumba en el Cementerio del Civil Sucu (Gijón ) y por iniciativa de la Logia gijonesa que lleva su nombre.


"TESTAMENTO"

En la ciudad de Santander a veinte de febrero de mil novecientos siete yo, Rosario de Acuña y Villanueva, viuda de D. Rafael de la Iglesia y Anset; de edad de cincuenta y seis años-, usando de las facultades que otorga el artículo seiscientos setenta y ocho del Código Civil en relación con el seiscientos ochenta y ocho del mismo, hallándome en pleno uso de mi voluntad e inteligencia, hago este testamento ológrafo que anula cuantos hubiera hecho anteriormente y dejo dispuesto o expresado lo siguiente:Habiéndome separado de la Religión Católica por una larga serie de razonamientos derivados de múltiples estudios y observaciones conscientes y meditados, quiero que conste así, después de mi muerte, en la única forma posible de hacerlo constar, que es no consintiendo que mi cadáver sea entregado a la jurisdicción eclesiástica testificando de este modo, hasta después de muerta, lo que afirmé en vida con palabras y obras, que es mi desprecio completo y profundo del dogma infantil y sanguinario, visible e irracional, cruel y ridículo, que sirve de mayor rémora para la racionalización de la especie humana.Conste pues, que viví y muero separada radicalmente de la Iglesia Católica (y de todas las demás sectas religiosas) y si en mis últimos instantes de vida manifestase otra cosa, conste que protesto en sana salud y en sana razón de semejante manifestación, y sea tenido como producto de la enfermedad o como producto de manejos clericales más o menos hipócritas impuestos en mi estado de agonía; y por lo tanto ordeno y dispongo que diga lo que diga en el trance de la muerte (o digan lo que yo dije) se cumpla mi voluntad aquí expresada, que es el resultado de una conciencia serena derivada de un cerebro saludable y de un organismo en equilibrio.

Cuando mi cuerpo dé señales inequívocas de descomposición (antes de ningún modo, pues, es aterrador ser enterrado vivo) se me enterrará sin mortaja alguna, envuelta en la sábana en que estuviese, si no muriera en cama, echéseme como esté en una sábana, el caso es que no se ande zarandeando mi cuerpo ni lavándolo y acicalándolo, lo cual es todo baladí; en la caja más humilde y barata que haya, y el coche más pobre (en el que no haya ningún signo religioso ni adornos o gualdrapas, de ninguna clase, todo esto cosa impropia de la sencilla austeridad de la muerte) se me enterrará en el cementerio civil, y si no lo hubiere donde muera, en un campo baldío, o a la orilla del mar o en el mar, pero lo más lejos posible de las moradas humanas. Prohibo terminantemente todo entierro social, toda invitación, todo anuncio, aviso o noticia ni pública ni privada, ni impresa, ni dada de palabra que ponga en conocimiento de la sociedad mi fallecimiento: que vaya una persona de confianza a entregar mi cuerpo a los sepultureros, y testificar dónde quedé enterrada. Si no se me enterrase en Santander que no se ponga en mi sepultura más que un ladrillo con un número o inicial; nada más; pero la sepultura sea comprada a perpetuidad.

[…]La propiedad de todas mis obras literarias, lo mismo las publicadas que las inéditas, se las dejo también a D. Carlos Lamo y Jiménez […] Desearía que a la muerte de Don Carlos Lamo y Jiménez pasara la propiedad de todas mis obras literarias a poder de los hijos de Don Luis París y Zejín, en recuerdo de la fraternal amistad que me unió a su padre […]

Todas las coronas y ramos de laurel que poseo, regaladas en homenaje al mérito de mis escritos, ordeno que sean depositadas sobre el sepulcro de mi padre Felipe de Acuña y Solís que yace en el cementerio de San Justo y sean allí dejadas hasta que el tiempo las consuma, como última ofrenda del inmenso cariño que nos unió en […]

Creyendo en el Dios del Universo: con la esperanza de poseer un espíritu inmortal el cual no se hará dueño de la conciencia y de la voluntad interín vaya unido intrínsecamente a la naturaleza terrestre; segura de que la inmensidad de la creación nada se pierde ni se anonada; presintiendo, con los fueros la razón, una justicia inviolable cuyos principios y fines no pueden ser abarcados por la flaca naturaleza humana, confiando en la existencia de la verdad, la belleza y la bondad absolutas, Trinidad omnímoda de la Justicia Eterna, me recomiendo a la memoria de las almas que amen la razón y ejerzan la piedad perdonando a todos aquellos que me hicieron sufrir grandes amarguras en la vida, rogando me perdonen todos a quienes yo hice sufrirlas

[…]Dejo por Ejecutores testamentarios de mi voluntad a Don Carlos Lamo Jiménez y a Don Luis París y Zejín, y encargo a Don Luis París y Zejín que ayude a ordenar coleccionar, corregir y publicar (poniéndole prólogo a la colección) a D. Carlos Lamo y Jiménez todas mis obras literarias publicadas o inéditas, en prosa o en verso, recomendándole que para la colección y publicación se atenga al orden de las fechas, con la cual podrá seguirse la evolución de mis pensamientos.Este es mi testamento, que deseo y mando sea fielmente cumplido en todas sus partes […]

Rosario de Acuña y Villanueva20 de Febrero de 1907

Trabajo tomado del Blog: http://www.memoriamasonica.blogspot.com//

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