Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

2 de diciembre de 2006

LA MASONERIA COMO ESCUELA DE FORMACION


INTRODUCCION y ACLARACION SITUACIONAL

Anglosajona : Cantería= Beneficencia = GLUI
Las corrientes masónicas
Europea : Ilustración = Ciudadanía= GODF

Estas dos conceptualizaciones van a desarrollar dos métodos diferentes de trabajar y de entender el propio trabajo masónico.

La Corriente; Anglosajona: (Regular) Tenderá al trabajo interior y simbólico y se alineará con el “status quo” social, político y religioso, desarrollando principalmente actividades benéficas.

La Corriente Europea/Francesa. (Liberal) Aprovechando los símbolos y los instrumentos canteriles pero bebiendo del enciclopedismo y de la ilustración dará una vuelta de tuerca a la conceptualización del trabajo masónico, y adaptará las teorías liberales del XVIII, de libertad y ciudadanía para hacerlas suyas, con una premisa importante: la proyección del trabajo fuera de las logias, llegando a constituirse en ocasiones en un loby de opinión

En esta última tradición se envuelve el trabajo masónico en la España del siglo XIX y XX.

En el siglo XXI, las cosas retornan de nuevo a esas dos concepciones expresadas en la presencia de las dos ramas La Regular y La Liberal en suelo patrio: GLE (Regular u Ortodoxa) GODF; DH, GLSE (Liberal)

Es a través del trabajo interior de las logias, como coceptualizamos los masones la logia como un lugar de reunión y de debate, el cual se enmarca en un espacio de sociabilidad que se forma libremente, eso sí bajo unas condicionantes fuertes que obligan a la estructuración en función de unos códigos de relaciones internas muy potentes. Como diría Porset "un club jacobino"

Y a ello contribuye el RITO que se practica, el cual establece un orden, y sería a través de esa ritualización como “saldríamos del caos” en que nos envolvemos las personas en el medio societario.

El ordenamiento de las tenidas y puesta en escena constituye a la vez una interpretación de un universo, y los medios que se ponen para acceder a ese universo, por tanto, el Rito masónico se convierte en la fuente de interpretación del mundo en construcción en el que se inserta el masón, de ahí que los Rituales contengan una serie de aspectos doctrinales que intentan modelar el comportamiento e incluso influyen en la interpretación del universo masónico.

Los Reglamentos de las Obediencias Masónicas han de ser considerados como modelos de sociabilidad que se intentan poner aplicar en cada logia a modo y manera de ensayo de esa scoiabilidad.

Es evidente que este marco choca con la aplicación de la democracia, y más si tenemos como imagen, la de una sociedad que estuvo concebida para funcionar bajo el control social, por medio del mérito, o la coaptación o el interés; pero el aprendizaje de la democracia ha sido una labor que una determinada corriente masónica se ha empeñado en implantar dentro de sus trabajos, de ahí que se viva la democracia interna, y se intente reproducirla, y por último considerarla como un nexo político interno necesario y más con relación a la sociedad profana, dicho lo cual, la democracia constituye la ideología más evidente de la masonería .

Ante lo expuesto podemos argumentar que la sociedad masónica parte de tres parámetros importantes: La ciudadanía. La masonería al elevar al hombre a la condición suprema de la ciudadanía lo remite directamente a su posición en la “polis” en la sociedad, y por ende le otorga un a funcionalidad política, pasando el masón a ser un actor político, no de salón, puesto que su interpretación y concepción le entronca con una larga tradición cosmopolita y universalista que rompe con las barreras localistas o naionaliegas.

Este nuevo estatuto del hombre masón en una sociedad abierta que lo vincula directamente en su devenir, sin la intermediación religiosa, configura el camino de una Masonería que optará por trabajar por la construcción de la sociedad civil, desde un concepto de modernidad política, y ese pilar será la secularización, que es la forma en que algunas Obediencias masónicas participan en las producciones culturales de su época y aún hoy como lo hace el Gran Oriente de Francia

Por tanto el Laicismo no es un elemento exógeno y extranjero en el seno de los trabajos masónicos, al menos en la esfera de la masonería continental, sino que no es propio y consustancial al propio trabajo logial

Si la construcción del ciudadano se presenta como vértice de la “nueva ciudad” esto no se puede realizar sin la libertad y sin el derecho. De este principio se retroalimenta la masonería, que va a empeñarse en una constante demanda de una carta de los derechos fundamentales de la persona, y que se plasmará con la Carta de los Derechos del Hombre y luego en la de Los Derechos Humanos, que preside muchas logias.

Este largo preámbulo conceptual, que he expuesto, nos da el marco en el cual la masonería se desenvuelve ya que entiende que la regulación social comienza por la adquisición de conocimientos de todos los miembros de la sociedad con el fin “útil” de sacarlos de la ignorancia que es el primer paso para “hacerlos ciudadanos” y romper las barreras.

Un ejemplo de los expuesto en toda su dimensión la tenemos en el Manual del Grado de Compañero que nos dice:

“He aquí porque dentro del Grado de Compañero, que se os va a conferir
combatimos todas las esclavitudes y condenamos inicuas explotaciones, queremos
ciudadanos ilustrados y virtuosos; la ilustración aborrece las tiranías la
virtud forja e imprime virilidad para romper el yugo que envilece y degrada a
los individuos y a las sociedades.
Dadnos un pueblo instruido y tendréis un
pueblo libre y valeroso, capaz de acometer magníficas y venturosas empresas. El
ignorante es incapaz de derechos y materia aprovechable para los déspotas que
los explotan a su antojo.


Por ello podemos decir sin ambages que la vocación masónica ha sido esencialmente educadora y está claro que la materialización de ese fin último en el seno de las logias del siglo XIX se logra en un principio por el trasvase entre la cultura de las clases subalternas y la cultura dominante, y cuyos recursos y procedimientos fundamentales eran la oralidad y una auténtica fe en el dialogo, (Cuestión que aún persiste hoy) por tanto el tópico de una cultura masónica burguesa, se cae, en parte, cuando hayamos en el seno de la masonería a los primeros socialistas y anarquistas como ha sucedido en nuestra tierra asturiana con la inclusión de Mallada o Eleuterio Quintanilla.

Pero cuando esa misma función educadora la quiso llevar directamente la propia masonería fracasó, aunque hubo experiencias notables en 1818 en Mulhouse y bajo la dirección de un Hermano masón industrial y protestante y republicano y con el auspicio de la logia Perfecta Armonía se abrió una escuela para hijos de obreros.

En Marsella las logias se asociaron para fundar una casa para la instrucción de los jóvenes del pueblo y en Lyon los Hermanos Masones crearon la Sociedad de Instrucción Primaria del Ródano (1828) o los orfanatos para niños pobres. Pero en general eran proyectos sin mucha duración

Más éxito tuvieron aquellas otras experiencias educativas anexionadas con otros grupos, creando para ello redes vinculantes, multidireccionales y flexibles como pudiera ser la Escuela Neutra o los Ateneos, o las campañas para la creación de Ligas de enseñantes, o centros bibliotecarios

A la región asturiana todo ese compendio de deseos y de utopías le llega con bastante retraso, hay que tener en cuenta que la primera logia de la que tenemos constancia documental en Asturias es de 1850 Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad y tan solo duró unos dos años, hasta después de 1868 no se lanzaron los masones en Asturias a organizarse en logias, pues tampoco el espacio político y social dejaba suficiente margen para los trabajos logiales.

En esos primeros tiempos de reorganización en implantación los masones, en este caso los astures, va a estar más centrados en su propio desarrollo, aunque pasando los años las logias más asentadas y más estables, como la ovetenses, les rondará por la cabeza desarrollar algún tipo de sociedad educadora al modo de las Escuelas laicas, basadas en el modelo francés y que ya tenían alguna andadura en tierras españolas, como la Institución de la Escuelas Laicas que dio en Barcelona en 1883.

Hay que tener en cuenta que en la era finisecular se e estaban dando dos tipos de discursos, y más en el seno de la masonería, como era el tema laicista tanto en los ámbitos escolar como en el cultural, y este discurso se poralizaba en dos extremos uno de cortes burgués muy emparentado con la reforma escolar de la III República francesa apoyada por la masonería europea, y que además entroncaba con los ideales krausoinstitucionistas de la masonería asturiana compuesta mayoritariamente por profesores, abogados e industriales, y del otro lado estaba el laicismo revolucionario de talante proletario, muy propio de los núcleos anarquistas, los cuales tenían muy poca presencia aún en las logias astures, por no decir ninguna.

Tal vez el retraso que se hubo en nuestra tierra de incorporar al proletariado en el seno de las logias, y más concretamente a los elementos anarquistas, sea debido a que la burguesía masónica los veía como unos exaltados extremistas capaces de dinamitar el sistema establecido, lo que hizo que la labor educadora sobre una base universalista no fuera nada más que una deseo o un objetivo de largo plazo, pues carecían del impulso necesarios como articular tal movimiento, sin olvidar que a ello colaboraba el que estuvieran enfrascados en el desarrollo político del momento y en debates importantes contra los elementos reaccionarios y religiosos de la región (recuérdese en este punto las ligas antimasónicas que desarrollaba el Obispo Martinez Vigil, o las campañas antimasónicas de periódicos como La Cruz de la Victoria en constante debate con otro periódico masónico como La Verdad, en este campo si que los masones ovetenses hicieron piña y esfuerzos notables).

Queda como manifiesto de lo dicho el resumen que le envían al Soberano Gran Comendador, la logia Juan Gonzalez Río con fecha del 25 de enero de 1890 en la cual le dicen:

También hemos hecho extensivos nuestros trabajos aliados de los elementos afines
a la constitución del nuevo ayuntamiento, llevando al seno de aquella
Corporación seis hermanos y alcanzado mayoría los republicanos, derrotando en la
elección de Alcalde a las huestes pidalinas, que contaban seguro el triunfo. De
este hecho trascendental en la marcha progresiva de nuestra Institución en estos
valles, se han ocupado preferentemente los periódicos católicos y monárquicos de
esta capital, atribuyendo el triunfo de los demócratas a la influencia masónica
que consideran irresistible”

Por otro lado hay que tener en cuenta que el debate interno de las logias ovetenses, en un momento dado, versaba sobre la necesidad de incorporar a los obreros a los trabajos masónicos, y se argumentaba de esta manera:

“...Tengamos más que nunca especial cuidado al proponer la admisión de
profanos
trabajadores, procurando que sean de conducta intachable y que les
adornen dotes de virtud y honradez e inteligencia.... y sea realicen trabajos
prácticos que tengan resonancia en la vida profana y que al protestar contra los
actos reprobados de algunos anarquistas se haga patente el fin humanitario de la
masonería, .aunando todos nuestros esfuerzos, nuestra inteligencia y energía,
comencemos la lucha, noble, pero porfiada y ruda contra el crimen y la
ignorancia y contra la mal llamada Anarquía, tendiendo nuestra mano y abriendo
nuestros templos al Socialismo, como uno de los medios que pueden contrarrestar
las nefandas teorías del terror”


No hay duda que, en el siglo XIX, un obrero, obviamente alfabetizado -dado que esta es una de las condiciones imprescindibles para ser masón-, aceptado en una logia, accedía paulatinamente -si se aplicaba- a la posibilidad de ir aprehendiendo, no sólo la variada y compleja serie de usos y maneras conductuales típicas del ethos burgués (lo indispensable para poder ir a su primera tenida era agenciarse -comprarlo, alquilarlo o pedirlo prestado- un "aparente" y oscuro terno que, obviamente no tendría), sino también un verdadero abanico de conocimientos de cultura general, moral, estética, filosófica, simbólica y, obviamente, organizativa que, por otro lado, la clasista sociedad "profana" de la época -salvo algunas organizaciones del liberalismo radical y, quizás, algunas instituciones cristianas-, jamás le brindaría tan fácilmente.

Es decir, que si uno cualquiera de los miles de proletarios que se iniciaron en la masonería a lo largo del diecinueve, llegaba a ayudar en secretaría o a ser "Secretario", "Orador", o cualquier otra "dignidad" del "taller" o, simplemente, a "trabajar" en logia "trazando" "piezas de arquitectura" de cualquier índole o temática cultural, moral o filosófica, se le ofrecía con todo ello una excelente formación práctica para, entre otras muchas cosas, saber hablar en público, desarrollar, defender o debatir cualquier tema monográfico de discusión o formación interna y llevar, burocrática y orgánicamente, cualquier futuro tipo de sociedad reivindicativa, musical, cultural o de ocio y entretenimiento que él mismo quisiese crear con otros miembros de su clase social. Porque con toda su esotéricamente iniciática experiencia en el misterioso y discreto círculo "de la Acacia", no olvidemos que aquel humilde obrero aprendía también a: abrir libros de registro personal, de actas, de contabilidad, de cuotas, hacer expedientes, estadillos personales, llevar la correspondencia, etc., etc., etc.

Además, sus "hermanos" de logia le enseñaban a practicar la democracia interna de grupo, a responsabilizarse en el respeto a las elegidas jerarquías -más tarde secretarios, representantes o delegados de su sindicato, agrupación política u orfeón si fuese el caso-. Asimismo, lo educaban para saber conducirse consigo mismo primero, por medio de una mística e íntima moral interior, y con los demás integrantes de su grupo y de la sociedad en general después, por medio de una laica, cívica y autodisciplinada práctica de ética social. Deontología masónica de antigua y humanista tradición protestante que, a cualquier bien formado anarquista de los siglos XIX, XX y actual, desconocedor de la idiosincrasia masónica, fácilmente identificaría como "tribalmente" propia, así practicase la moral bakuninista, la spenceriana o la kropotkiana.
Victor Guerra:.
(Extracto de la conferencia realizada en el Ateneo Obrero de Gijón en su 125 Aniversario)
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