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personales de su autor como Maestro Masón

21 de agosto de 2006

A PROPOSITO DE MELQUIADES ALVAREZ, o el CANTO DE LAS DOS MONEDAS.


La moneda de la memoria histórica está amenazada de muerte, pues la a aparición de nuevos autores y las nuevas revisones del marco histórico la labor de hijos, nietos y biznietos que revindican la memoria de sus antepasados ayudados en algunos casos por toda una cohorte de pudientes empresarios, editores y las y rancias familias de abolengo, que reivindican ya sin freno el patrimonio de sus "mitos" y están logrando entre todos que en parte se desdibujen los contornos de nuestra reciente historia y la labor de dichos personajes.


Es el caso de lo que está sucediendo con Melquíades Álvarez, al que se le han dedicado varios trabajos, en mi mesa están los estudios de Manuel Suárez Cortina: El reformismo en España; o el Maximiano García Venero: Melquíades Álvarez. Historia de un liberal; Luis Iñigo Fernández con Melquíades Álvarez , un liberal en la segunda Republica, su nieta Sarah Alvarez de Miranda: Melquíades Álvarez, mi padre en el canto de la moneda; Antonio L. Oliveros: Un tribuno español: Melquíades Álvarez; Justo García Sánchez con su trabajo Melquíades Alvarez Profesor Universitario y como no el otro gran trabajo de Antonio Oliveros: Asturias en el resurgimiento español.

Estos día el Diario La Nueva España a través de la firma de Saúl Fernández en el Suplemento Dominical Siglo XXI del 20 Agosto 2006, se recobra la figura del tribuno Melquiades Alvarez, y vuelve a caer en el mismo error que todos, desalambrar la historia pòlítica y su periplo existencial de la membresía masónica, si apenas dejar un atisbo a la pregunta de ¿Cómo influyó la masonería en Melquiades Alvarez o cual fue el binomio que se estableció entre ambos...?

Y es que en toda esta pléyade de trabajos, la faceta de francmasón de Melquiades ha quedado escamoteada; escondida y hasta sumergida en los más importantes olvidos, y si embargo bajo el prisma de la historiografía masónica y hasta política no es muy difícil entender la existencia de Melquíades o la del propio Partido Reformista, y su desarrollo, sin que se aborde esa membresía masónica y las relaciones establecidas a partir de ella y desde ella.

Ya en el libro de su nieta Sarah Álvarez Miranda, prima esta autora de un republicano de pro D. Luis Arias Argüelles Meres, que la ayudó en la labor de hacer realidad la publicación del libro, como ella misma expone, pues bien este experto amanuense de clara estirpe orteguiana y azañista, vuelven ambos a escamotear la pertenencia masónica de Don Melquiads ALvarez.


Y es más, es que se huye en muchos de los abordajes que se han hecho el retrato de Melquíades Álvarez, de esa membresía, y por ende de las consecuencias que trajo para aquellos seguidores francmasones que siguieron a lo largo de todo el periplo de principios del siglo XX a Triboniano, pues este era el simbólico utilizado por Melquíades en masonería.

Debemos decir en honor a la verdad que a Melquíades se le observa ya desde la masonería, del siglo XXI como una joven promesa a la que habría que “captar” y terminará incardinándose en la Orden Masónica en 1912 en la logia Jovellanos de Gijón[1], de la masonería y de la mano de su amigo Alberto de Lera, Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Noroeste, consiguen hacer realidad el binomio de masonería y reformismo, como bien nos os cuenta Oliveros en su libro Asturias en el Resurgimiento Español.

Podemos decir que Melquíades Alvarez nace con la masonería del siglo XX, pues tras el desastres del 98, no había masones en activo, hasta principios de 1911 que es cuando se colocan las primeras piedras y a las cuales acude Melquíades Álvarez

Pudiera pensarse que la estadía de Melquíades en el seno de la masonería, fue puramente casual, al igual que le que sucedió con el presidente D. Manuel Azaña, pero no, esa estadía de Melquíades fue larga y prolija, aunque haciendo justicia no se puede obviar que defendió la memoria de Ferrer y Guardia, y que se manifestó contra la Ley de Jurisdicciones, y estaba, al menos en esos primeros tiempos por la libertad de culto y la secularización total de la vida española, aunque tampoco se puede uno olvidar que fue el defensor de José Antonio Primo de Rivera, y de su abandono o traición a la causa republicana.

Melquíades Alvarez, tuvo una larga vida en masonería, parece que terminó obteniendo su grado 18º por el cual pagó 50 pesetas en 1924. Por otro aún aparece en un cuadro lógico de la logia del 30 de septiembre de 1926, pero su paso por la logia debía ser más virtual que real, aunque no deja de estar clara su ascendencia reformista a través de sus más grandes aláteres como fueron Alberto de Lera, y Villar (Gran Maestre y Gran Secretario de la Gran Logia Regional del Noroeste). Pero de su paso por la logia no nos queda nada, no hay planchas y apenas si sale en las citas de los balaustres o cata de tenida.

Pero sí que luego tuvo una importancia capital, y fue cuando Melquíades por efecto directo o indirecto, fue culpable de que los masones asturianos le siguieran de manera ciega, con una fé a prueba de bomba, esa fe que luego sería quebrantada cuando se vieron en tierra de nadie, y es cuando Melquíades pacta con la CEDA, acto que se opone de forma frontal con la posición de la masonería, y ello trae consigo que se expulse a los afiliados masones que habían dado el paso de seguir a Melquíades hasta la CEDA, puesto que su permanencia en ambas organizaciones, masonería y el Cedismo eran incompatibles.

Melquíades fue un tribuno, un líder que supo atraerse a las gentes de la logia y dejó en tierra de nadie a aquellos masones que le siguieron, “pues como melquiadistas se consideraban gente de orden” y tal posición será por un lado la que conlleve que el régimen republicano les rechace como miembros del republicanismo, y para colmo de sus males, se verán como objeto de persecución por parte de la dictadura franquista.

Es por eso que Melquíades, se le puede considerar responsable de esos hombre, que no abrazaban el reformismo, sino el melquiadismo que tanto propaló dicho tribuno y que fue la causa de buena parte de sus males, tal vez esa es la fisura que queda para que encaje todo el entramado de esta historia, en la cual había que profundizar en sus amistades, en sus avales para ver cuales eran los hilos “discretos” que se movían a su alrededor.

Este apunte intenta colocar a Melquíades Álvarez en otra perspectiva que se debiera abordar sin dilación, para situar al personaje en su propio periplo y encrucijada.

Hoy Melquíades Álvarez a los setenta años del su fusilamiento pese a tanta pompa, y recurso familiar reposa en una “cutre hornacina” del cementerio de Madrid, al que este francmasón pese a todo le colocó unas flores , como hermano que fue, aunque su periplo nada me diga como francmasón hoy, pero desde aquí revindico su figura y su membresía, para lo bueno y para lo malo.

Víctor Guerra


[1] Archivo de Salamanca Exp. 8 Legajo 161, en el cual nos indica que Melquíades Álvarez fue iniciado en día 123 de noviembre 1912, y exaltados a los grados de Compañero (2º) y Maestro (3º) el 28 de agosto de 1915 y el 10 de diciembre de 1917

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