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personales de su autor como Maestro Masón

23 de diciembre de 2007

QUILLARDET: PARA QUÉ SIRVE LA MASONERIA





Conferencia pronunciada el día 21 de Octubre de 2007 por Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, en el marco del Quinto Salón Masónico del Libro, organizado por el Instituto Masónico de Francia

Querido Presidente del Instituto Masónico de Francia, queridos hermanos miembros del Consejo de la Orden, representantes de obediencias amigas, señoras y señores, queridos amigos, es un motivo de satisfacción poder explicar ante todos ustedes qué es la francmasonería y sobre todo tratar de justificar su utilidad, si es que efectivamente tiene una utilidad.
Podría responder a la cuestión principal ¿para qué sirve la francmasonería? con una sola frase y terminar así la conferencia ¿Para qué sirve la francamasonería? Para nada. ¿Para qué sirve el arte?, ¿la literatura?, ¿la pintura? ¿para qué sirve Mozart? Para nada, y sin embargo todos sabemos que es esencial. Es esencial para nuestra vida personal, pero también para la evolución de la sociedad.
Lamartine en 1850 en la tribuna de la Asamblea Legislativa defendía a los francmasones -él no lo era- y explicaba "sois los fabricantes de la concordida; vuestros principios pueden incluso ser erigidos como valores universales".
Yo creo que esta visión da una idea exacta. En efecto no existe una visión utilitarista por parte de la francmasonería, desde el compromiso masónico. No formamos parte, contrariamente a lo que sostienen interesadamente ciertos artículos de algunos medios de prensa , de ninguna red de poder o de intereses que permiten hacer carrera, o, peor, de ninguna red de negocios; y quienes entran en una obediencia masónica precisamente para poder progresar en la sociedad desde un punto de vista material se equivocan, sufren una decepción y, si no son "cazados", acaban igualmente yéndose.
No tenemos por tanto esta visión en cierto modo materialista tan presente en la sociedad de nuestros días; pero por contra, si nos fundamos sobre nuestra historia, sobre nuestra filosofía, sobre nuestra práctica, sí podemos jugar un papel que es un papel de influencia; una influencia intelectual, filosófica en torno a la evolución de la sociedad porque tenemos una determinada concepción del ser humano; una determinada concepción de las relaciones del hombre consigo mismo; y una determinada concepción de las relaciones del ser humano con el mundo.
Para intentar explicárselo, para tratar de convencerles querría atravesar a lo largo de esta exposición por tres "tiempos".
El primero de esos tiempos sería la historia. Paul Valery decía que la historia no permite prever acontecimientos pero permite incontestablemente ver mejor. La historia de la francmasonería a partir de sus orígenes permite apreciar, creo, el sentido de la propia entidad, el de sus compromisos y principios, que son los nuestros.
El segundo tiempo es el hace referencia precisamente a este compromiso, porque la francmasonería no es una doctrina, no es un pensamiento, la masonería es la inteligencia de lo contradictorio. Uno de nuestros escritores, pensador de la masonería, expresó una definición con la que me quedo: la masonería no es un camino sino una señal para encontrar ese camino.
Intentaré explicar cuál es el fondo este compromiso nuestro, este compromiso que nos obliga profundamente en nuestra existencia. Porque para muchos francamasones que se encuentran aquí, o para mí mismo, en lo que me concierne más de veinte años, representa una gran parte sino es lo esencial en nuestras vidas. Sí, como la ópera, o Mozart, es decir, una gran parte de nuestra existencia ¿Cuál es el sentido de ese compromiso personal?
Y el tercer tiempo intentaré determinar cuáles son nuestros valores, porque si no tenemos una doctrina, si no tenemos un catecismo y además desconfiamos de todos los apriorismos y de toda idea preconcebida, tenemos, no podemos negarlo -es mi concepción personal- un corpus, un corpus de ideas al que estamos especialmente ligados y que nos obliga en el exterior, más allá de nuestros Talleres masónicos en la acción que debemos llevar a cabo en la sociedad.
En relación con la historia diré que no soy un historiador de la masonería. Aquí los hay mucho mejor capacitados. Y la historia, lo sabemos todos bien, se reelabora; se crean flucturaciones de la historia misma y luego, en función de nuetra propia experiencia, de nuestro propio saber se reconstituye; otro tanto sucede con la historia de la francmasonería y me sucede a mí personalmente. En todo caso creo que no estoy muy lejos de su espíritu, del ánimo que ha permitido a la francmasonería que existe desde el principio del siglo XVIII como institución hasta nuestros días, estar todavía aquí, estar todavía presente, estar todavía a la escucha, estar todavía hoy en este mundo tan dislocado y difícil a la escucha.
Veo en primer lugar (desde el punto de vista histórico) dos fuentes principales. Ustedes saben, algún filósofo ha hablado del despertar de la conciencia europea a partir del Renacimiento. Así la Francmasonería tiene una de sus bases en esa fuente que constituye el renacimiento del conocimiento de la Grecia antigua y de una parte de su filosofía; no solamente sobre la democracia ateniense, sobre la que habría mucho que decir, sino sobre cierta concepción de la filosofía griega que es a la vez, me parece, el escepticismo -el escepticismo griego-, el escepticismo de Pirrón, el interrogarse, la duda, la búsqueda de la verdad -quizá no existe una verdad, sino un determinado número de verdades, múltiples y plurales-, siempre intentando construir, reflexionar, construir el pensapiento propio...Se lo debemos a un importante número de filósofos griegos.
Está tambíén, naturalmente, el "conócete a ti mismo" de Sócrates. El "conócete a ti mismo" de Sócrates en el templo de Delfos es el conócete a ti mismo y conocerás a los dioses, lo que quiere decir que es necesario antes de tener una visión metafísica, antes de tener una visión del mundo, global, antes de tener una visión del orígen del hombre, del mundo, es necesario, digo, penetrar en uno mismo, y es así, conociéndonos antes nosotros mismos a través de esta mayéutica socrática, a través de la confrontación con el otro, o con nostros mismos, como podemos hacer salir de nuestro interior aquello que no esperamos de una forma instantánea pero que hay que ir a buscar en el fondo mismo de las entrañas, en el corazón propio, en el fondo de la intelegiencia propia... Es en ese momento cuando se puede alcanzar una visión global del mundo y no a la inversa. Este proceso es lo que debemos a Sócrates.
También a la filosofía platónica (le debemos algo). Conocen el mito de la caverna. El mito de la caverna de Platón es también un símbolo masónico: Todos estamos, incluso hoy en día, en el fondo de esa caverna, encadenados. ¿Encadenados por qué? ¿por quién? Por la vida. Por la rutina, por las doctrinas, por los dogmas. Y hay que intentar romper esas cadenas. Y llega un momento concreto en el que hay que salir de esa caverna e ir hacia la luz, hacia el oriente. Pero esta luz, lo sabrán si retoman el texto de Platón, es muy intensa. Y puede volvernos ciegos con una exposición repentina. Hace falta una preparación para salir de la caverna para que en un momento determinado podamos salir a la luz y que esta no nos ciegue sino que, al contrario, nos ilumine.
Cuando tomamos los texto masónicos, los textos básicos, encontramos que el simbolismo masónico es exactamente eso: la enseñanza masónica que nos viene de ahí nos revela eso; que no tenemos ninguna visión mesiánica ni impactante en relación con esta luz que va a hacer supuestamente brillar a la masonería y a los masones; al contrario, se trata de progresar grado a grado, lenta y tranquilamente, para acceder así a un medio que nos permite una propia claridad y que nos permite también iluminar al mundo.
Y finalmente encontramos la sabiduría estóica. Marco Aurelio. El pensamiento de Marco Aurelio -y les invito a leer los comentarios de este autor- cuando habla de una ciudadela interior, una ciudadela que reclama que nos mantengamos con firmes en nuestras convicciones; firmes sin esperar nada del mundo porque éste no nos aportará nada; sin esperar nada porque esperando quizá no se pueda obtener otra cosa que decepción, pues en definitiva sabemos que el final de ese camino es la nada, la obscuridad, la muerte. Pero precisamente si somos plenamente conscientes que no estamos aquí eternamente sino de forma provisional, que somos, recordando la bella frase de Voltaire, un átomo sobre un pequeño montón de barro; si somos conscientes de eso seremos conscientes del lugar que ocupamos, de nuestra propia vida, de la historia; seremos conscientes de nosotros mismos, de nuestra fragilidad y debilidad, y podremos construir esa ciudadela interior, tener una mayor fuerza y, en consecuencia, más sabiduría. Nosotros, francmasones, no utilizamos este término de "ciudadela interior", pero sí el de "templo interior" que quiere decir prácticamente lo mismo.
Esta es la primera fuente de la que surgimos y en la que los filósofos de los siglos XVI, XVII y XVIII van a apoyarse para construir su propia filosofía.
La segunda fuente, una de las fuentes propiamente dichas de la francmasonería, es la filosofía de las luces inspirada en se pensamiento filosófico griego (que se acaba de describir). ¿Qué es el pensamiento de las luces? Alguien lo definió muy bien, Kant, en un texto ¿Qué son las luces? señala sencillamente que los banqueros nos dicen, no pienses, paga. Los militares nos dicen, no pienses, obedece. Los sacertotes nos dicen, no pienses, reza. Y los jefes del estado dicen, piensa lo que quieras pero haz lo que te digo. Kant nos dice que precisamente la filosofía de las lueces es lo contrario de todo esto: ¡Atreveos a pensar!
La filosofía de las luces se identifica en primer lugar con un grupo de hombres que conceptualizaron el libre examen, la libertad de conciencia, el librepensamiento: una persona es en primer lugar alguien que piensa en libertad; alguien libre que rechaza todo pensamiento que le es impuesto; toda doctrina que se le plantea sin que haya podido cuestinarla, construirla, deconstruirla, reconstruirla, diseccionarla, para terminar decidiendo "admito este planteamiento, no lo admito..." Todas las creencias son, por supuesto, aceptables; corresponden al fondo de uno mismo. Pero se trata de rechazar aquella pretende ser impuesto por una cultura, aquello que quiere ser impuesto por quienes profesan una idea, aquello que quiere ser impuesto por quienes profesan una fe. Ese es el mensaje de la filosofía de las luces, y los francmasones, las logias masónicas -que no se crearon en el momento las luces, sino antes (no se puede decir que la masonería se corresponde con el período de "las luces", puesto que hay muchos pensadores incardinado en esta etapa y que no eran francmasones, por ejemplo Diderot. Diderot, cuya entrada en la francmasonería fue rechazada porque no creía en dios en un momento en el que todavía en la institución masónica existía la concepción deísta de la sociedad que él no tenía)- ¿para qué se constituyeron en Francia y en Inglaterra? Para luchar contra dos formas de absolutismo: De una parte el absolutismo religioso - e iré un poco más lejos y diré el absoltismo clerical - bien representado, por ejemplo, por Bossuet. Y el absolutismo político, representado por Luis XIV. Y dado que en ese momento nos encontrábamos en una sociedad en la que esta libertad de expresión, de pensamiento, no encontraba camino para hacerse efectiva porque se entendía como un delito -el delito de blasfemia para algunos-, se produjo un agrupamiento en torno a la imagen de los constructores de catedrales, en logias, para, de una forma clandestina y en un primer momento, poder pensar libremente, poder debatir y confrontar unos con otros e intentar tener otra concepción de la persona y, por supuesto, otra concepción de la sociedad; esa es la razón por la cual se constituyeron las logias, participando con todos sus componentes en un movimiento de independencia intelectual y también política que acabó desembocando en el proceso revolucionario de 1789.
Citamos tres grandes figuras de esa época vinculadas a la masonería. La primera es Jerôme Lalande, astrofísico, miembro del Colegio de Francia, profesor del Colegio de Francia, miembro de la Academia de Ciencias. En uno de sus textos Jerôme Lalande dice que cuando era joven y estaba en el Colegio le llamaban "el filósofo". Le preguntaban por qué, y el respondía: me llamaban el filósofo porque me gustaba saber; estaba siempre rodeado de libros -hablamos del momento de la Enciclopedia-, me gustaba saber, pero lo que interesaba de mí -eso me decían- era que por las lecturas, por los conocimientos, por el ansia de saber, desconfiaba siempre, incluso de los filósofos, de los prejuicios, de las doctrinas... Era un francmasón que a lo largo de su vida actuó como tal llegando incluso a ser el Venerable de la célebre Logia a la que perteneción. Este era nuestro hermano Jerôme Lalande.
Otro, más tarde, fue Condorcet. Condorcet masón, asesinado durante el terror robespierrista, que en el marco de ese gran movimiento de pensamiento pero también, así lo creo, en tanto que francmasón, nos dejó un buen número de textos dedicados a la importancia de la educación y la escuela; y que dijo algo muy sencillo: es necesario que exista un formación para cada persona, con independencia de quién sea; de su origen; de lo que posea. Platea así una igualdad en lo que se refiere a la necesidad de adquirir un saber múltiple, al conocimiento de la historia, a aprender a pensar. Este era Condorcet en el siglo XVIII, un hombre de las luces, nuestro hermano.
Y el último, quizá el más constestado, pero que yo reivindico como francmasón aunque haya sido iniciado poco antes de su fallecimiento: Voltaire.
Voltaire, lo sabemos, se mostró partidario de la trata de negros; pero sin embargo hizo una aportación muy importante al traer a Francia el pensamiento de Beccaría y su famoso tratado "De los delitos y las penas", que en esencia dice que no puede haber sanción penal si no existe un texto previo que incrimine la conducta del sujeto (lo que en España conocemos como tipificación). Es el primero en hablar de una humanización e individualización de las penas, y que el tratamiento que ha de recibir aquel que lesiona el interés social no ha de ser represivo, sino preventivo. Voltaire que, no lo olvidemos - porque todo esto de lo que estamos hablando no es la expresión de una memoria nostálgica, sino la expresión de una realidad que vivimos hoy todos nosotros, en el siglo XXI, en Francia y en el mundo-, Voltaire fue el defensor del caballero Dabard que no quiso descubrirse -y no fue lo suyo un olvido sino la expresión de una voluntad- ante el paso de una comitiva religiosa, por lo que fue apaleado. Voltaire, que defendió a Callas y a aquellos que en su época fueron perseguidos: los protestantes.
Si yo recuerdo aquí este pensamiento; estas tres grandes figuras. Y si recuerdo este movimiento intelectual que no es, naturalmente, la francmasonería que hizo la revolución de 1789 -hubo francmasones, por supuesto, pero también muchos otros que no lo eran-. Y recuerdo también que en 1793, una de la primeras medidas adoptadas por Robespierre y Saint Just -y digo esto pensando en la "nostalgia" que expresan muchos francmasones hacia la figura de Robespierre. Pero Robespierre y de Saint Just se dedicaron a la "caza" de los francmasones- fue la prohibición de la francmasonería, no lo olvidemos. Decía que fruto de este movimiento en 1789 se promulgó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudano. Pues bien, este texto nosotros lo conservamos en nuestros talleres hoy en día. Y cuando se lee este texto (releámolos, leámoslo en nuestras escuelas, en nuestros institutos...) vemos que es un texto moderno, perfectamente actual.
Esta historia de los orígenes profundos de la francmasonería, aunque no sea tan sencilla -lo sé, sé que no es tan simple, que se puede hablr de las "luces radicales", etc. Sé que es más complicad- pero esta historia nos permite explicar el espíritu en el que nace la francmasonería, y es espíritu en el que nació la francmasonería sigue hoy en día en el corazón de nuestro compromiso personal.
Pero hay también otra cosa en "las luces" que tiene un carácter fundamental, y es que representan a "la razón", al conocimiento, la acción y el progreso. Ayer escuchaba al Gran Maestre de la Gran Logia de Francia que decía que efectivamente existía la razón, pero que también existían los límites al conocimiento, a la razón y que éstos podían ser sustituídos para llegar a lo más profundo de nosotros mismos por el simbolismo. Y yo estoy completamente de acuerdo: el simbolismo masónico, la intuición, la poética, la poesía, forman parte de eso que conocemos como el corazón del compromiso masónico; pero de forma incontestable esa poesía, el simbolismo, son también una discusión, una aproximación racional a las cosas; porque sabemos bien que si se deja ir esa poética, ese simbolismo hacia un esoterismo mal ubicado nos encontraremos ante unas derivas intelectuales que no son las nuestras. Y la razón conoce bien sus límites y sabe el camino a seguir y hacia dónde no debe ir en las derivas que puede tomar la intuición, el simbolismo, o la poética, que son esenciales.
Así pues lo que identificamos como "las luces" representa esa reubicación del ser humano en torno a ese mínimo racional que nos permite pensar y que nos permite también cuadrar nuestro pensamiento para no ir hacia una especia sobrenaturalismo que no es otra cosa que una quimera. Pero es también "el progreso". Y es cierto que en el siglo XVIII se podía pensar que un mayor conocimiento, una mayor adquisición de cultura, un mayor saber, disponer de libertad de expresión, de libertad de pensamiento y de libertades políticas, permitirían al ser humano alcanzar una mejora y que esto afectaría positivamente también a la humanidad. En el siglo XXI sabemos que esto no es así: la ciencia, desafortunadamente, a día de hoy puede destruir a la humanidad. Sabemos que determinadas evoluciones científicas tales como la manipulación genética pueden destruir una determinada concepción del ser humano. ¿Significa eso que hemos de renunciar a la noción de progreso? Por supuesto que no, al contrario, hay que continuar con ese mensaje de "las luces": caminar siempre hacia el conocimiento. Hacia el saber y el conocimiento para liberar a la persona, para asegurar su liberación tomando en consideración la materia o al ser humano mismo, para estar más próximos a la naturaleza, y ser dueño de los propios instantes y en consencuencia, para ser dueño de las propias "iluminaciones". Es decir, es necesario continuar progresando pero, por supuesto, actuando con respeto a una cierta ética.
Este es el fondo de nuestro pensamiento; el fondo, los orígenes mismos que han hecho que los francmasones a lo largo de su historia hayan participado a la vez en esta implicación personal, esta implicación inciática del librepensamiento, del libre examen; pero que también hayan sido combatientes a lo largo de esa historia: Algunas fechas importantes para la historia de la francamasonería: Acabo de hablar de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; y naturalmente hasta el siglo XXI los francmasones, en tanto que luchadores, han intervenido en diferentes procesos. Así, en la revolución de 1848 a la divisa de la República "Libertad, Igualdad" se le añade una nueva y hermosa palabra: "Fraternidad". La divisa que hoy conocemos no procede de la Revolución Francesa, sino de esa hermosa revolución romántica que fue la de 1848. Más tarde, Uds. lo conocen, los francmasones, muchos de ellos, contribuyeron a la construcción de la República, del régimen republicano; y ese régimen republicano no representa -en el Gran Oriente hablamos a menudo de este período- una edad de oro de la francmasonería o del republicanismo: hacemos simplemente referencia a una realidad. Si hoy tenemos una ley de autonomía comunal es en parte gracias a los francmasones (por supuesto no han sido los únicos); del mismo modo, si disponemos de una ley sindical -aunque a veces nos pese por tener que esperar durante un buen rato el metro- esa ley existe y proviene de la tercera república; y lo más importante, si tenemos una ley de separación entre las iglesias y el Estado, la ley de 12 de diciembre de 1905; y sin hablar de la ley de 1888 de libertad de prensa.
Los francmasones en un determinado momento han estado en un campo y enfrentados a otro, no lo neguemos. Los francmasones han estado del lado de los republicanos y frente a los monárquicos aunque hubiera también francmasones de este lado, lo cual, desde una perspectiva histórica puede explicar la aparición de diferentes Obediencias masónicas con otros planteamientos, menos dispuestas a llevar adelante ese combate por una determinada idea del ser humano y por la construcción de ese régimen republicano.
Y luego recordemos, y recordémoslo valiéndonos de tres figuras, recordemos, digo, los años negros, los años de oscuridad, durante los años de plomo que se abatieron sobre nuestro país los francmasones estuvieron presentes, por ejemplo los noventa parlamentarios que rechazaron darle plenos poderes al mariscal Petain; Jean Zay, orador de la Logia Etienne Dolet, al oriente de Orleans, que rechazó el Régimen de Vichy, fue encarcelado -en prisión escribió un hermoso libro, "Recuerdos y Soledades" para poco antes de la Liberación ser cobardemente asesinado, no por los nazis, sino por los policías del Régimen de Vichy. También Pierre Bracelet, miembro a la vez del Gran Oriente de Francia y de la Gran Logia de Francia, detenido porque era miembro de la resistencia y que no quería hablar bajo tortura; él sabía que no resistiría si era sometido a tortura, sabía de su debilidad y que si hablaba pondría en peligro a los integrantes de la célula a la que pertenecía, por lo que optó por suicidarse abriendo las ventanas del cuarto piso de la rue de Grenelle, sede de la Gestapo, para arrojarse al vacío.
Yo cito aquí figuras célebres, hay otras anónimas, pero de entre las célebres cito una última: Pierre Mendes France, francmasón iniciado en la Logia París, en el Gran Oriente de Francia, y que, lo sabemos, fue también un miembro de la resistencia, pero también, en su carrera, representó el honor de la República y el honor de la política...
Esta es nuestra historia, hecha a partir de grandes trazos.
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