Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

24 de febrero de 2007

GRAN ORIENTE DE FRANCIA EN ASTURIAS: LAICISMO Y DEMOCRACIA


La estancia del Gran Maestre del GOdF : Jean-Michel Quillardet en Asturias, durante los día 19 y 20 de Enero del 2007 , en los cuales la Logia Rosario de Acuña con sede en Asturias, desarrolló varios actos con motivo de la Inauguración de s taller en Gijón, y entre unos de esos diferentes actos, el Gran Maestre dictó una conferencia sobre Laicismo y Democracia, que nos ha sido solicitada por muchas personas y Entidades institucionales españolas.


Por lo cual reproduzco aquí tal conferencia para uso y conociminento de todos aquellos que estén interesados en tal temática



"Laicismo y Democracia"

Gracias, muchas gracias, por esta presentación. El lenguaje masónico es universal pero ello no impide que todavía existan parcelas que he de cultivar; la barrera idiomática existe si bien confío en que podremos compartir las ideas sobre las que voy a hablar, que también son universales.

He de decirles que estoy muy feliz de estar en Asturias, en esta tierra espñaola donde tanto se ha combatido y sufrido por la libertad, la igualdad y la democracia. Y es un motivo añadido de felicidad poder dirigirme a Uds. para hablar de laicismo y democracia.
Quiero plantear mi exposición dividiéndola en tres tiempos o espacios diferenciados. Me gustaría hablar en primer lugar de por qué los francmasones tiene legitimidad para hablar de estos dos conceptos, laicismo y democracia. En un segundo momento intentaremos definir qué es el laicismo con la idea de clarificar un concepto mal entendido en muchos países de Europa. Y finalmente me referiré, dentro del marco que implica el régimen democrático, al nexo existente entre democracia y laicismo, siendo este un fundamento por no decir el fundamento mismo de la democracia, que es lo que yo pienso.

Comenzaremos por recordar que la Francmasonería adogmática, representada por el Gran Oriente de Francia, nace en 1728 para oponerse a dos formas de absolutismo que hacían imposible la libertad de pensamiento. De una parte el absolutismo político, representado por Luis XIV con aquella frase que todos conocemos: "El Estado soy yo". Y de otro lado el absolutismo religioso, conforme al cual la iglesia católica detentaba y poseía la única verdad sin admitir en ningún caso otras posiciones diferentes.

En el siglo XVIII se produce todo un fenómeno de emancipación: es el marco en el que nace la Francmasonería, envuelta en un movimiento de pensamiento revolucionario que hemos conocido como la Europa de las Luces o, aquí en España, como el Siglo de las Luces. Un movimiento animado por escritores, filósofos, intelectuales que defendieron ese proceso de emancipación desde diversas posiciones, y también desde las logias masónicas.

La Francmasonería no nació de forma inmediata como una institución laica. En sus orígenes es deísta, esto todo el mundo lo sabe. Pero a pesar de eso se enfrenta a una teocracia que negaba a la persona su libertad. Ése es el origen de las logias masónicas: un espacio de libertad en el que se pueden expresar las nuevas ideas pues, frente a la teocracia las logias se convierten en un lugar donde la libertad individual encuentra un seguro refugio.

La revolución intelectual que representa el Siglo de las Luces tiene esta consideración porque parte de considerar que cada individuo constituye y construye su propio saber; no existe ningún conocimiento impuesto, ninguna verdad preconcebida. Se rechaza así lo sobrenatural, la superstición. El individuo se constituye y se forma con un elemento mínimo: la propia razón; no hay necesidad de ningún gurú; de ningún vigilante de conciencias. Es la razón humana la que permite que la persona se construya y se desarrolle como tal. El individuo puede progresar. No nace de una idea pa reconfigurada; aprende, se construye y puede mejorarse, conocerse. La persona, en definitiva, es dueña de su destino. Esta es, ni más ni menos, la filosofía del Siglo de las Luces.

Grandes filósofos franceses han sido francmasones y se comprometieron en la defensa de esta nueva corriente emancipadora. Cito a Motesquieu, a Condorcet y a Voltaire aunque formara parte de la francmasonería tardíamente, y también aunque escribiera argumentos a favor de la trata de negros; cito a Voltaire porque al margen de la perspectiva histórica con que se le quiera examinar, es el autor de las "Cartas inglesas", que constituyen el fundamento de lo que hoy conocemos como derecho de "habeas corpus", esto es, la reafirmación de la libertad individual frente a la arbitrariedad del poder del Estado.

Llamo la atención sobre todo esto que expongo, pues no dejo de describir el nacimiento del espíritu democrático, anterior tanto a la Revolución Francesa como a la Revolución Americana, surgidas ambas de unos principios asentados en esa corriente de pensamiento innovadora. Sobre este punto conviene hacer una precisión: La Francmasonería no hizo la Revolución Francesa; participó en el movimiento intelectual que condujo a ella así como a ese hermoso texto que es la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que todavía hoy se cuelga en las paredes de las logias.

Llegados aquí se puede concluir que la Francmasonería, y particularmente el Gran Oriente de Francia, tiene legitimidad para hablar de democracia y de laicismo porque forma parte de ese conjunto de personas que lucharon por esa idea, esa línea de pensamiento que ha alumbrado la sociedad actual, y que han seguido y siguen en primera línea defendiendo estos principios.


En el caso de Francia esto se ha plasmado en los avances de la III República, la Constitución de 1875, la Ley de Asociaciones -prohibidas durante largo tiempo, incluso en el período napoleónico en el que existió una masonería del poder- o la ley de Separación de las Iglesias y el Estado, de 1905. Debemos recordar también al hablar de nuestra legitimidad para tratar sobre esta materia, que los trabajos del Gran Oriente de Francia se abren siempre bajo la divisa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, es la misma divisa que en la actualidad ostenta la República Francesa, lo que no deja de ser un rasgo relevante de la existencia de una implicación en la construcción misma de la democracia, pues más allá de la divisa en sí, cada vez que se abren los trabajos estamos refiriéndonos a una concepción en sí misma de la democracia.

Sentado lo anterior debemos comenzar a preguntarnos qué es el laicismo. En mi opinión podemos responder teniendo en cuenta tres matices. Hablamos de un principio filosófico, de un principio jurídico y de toda una forma de vivir.

Como principio jurídico el laicismo plasma la separación de la Iglesia y el Estado. En el caso francés, la aludida ley de 1905 garantiza la libertad de culto pero no reconoce ninguna religión, y proclama la libertad absoluta de conciencia. La República no sostiene ningún culto. La neutralidad es total, amparada por una ley que fue aprobada en una Francia en la que la iglesia católica todavía conservaba un poder político real. Se trató de una ley de consenso. Consenso entre quienes eran partidarios de una completa secularización de la sociedad excluyendo a lo religioso de todos los ámbitos, y quienes considerando a la religión católica como mayoritaria entendían que ésta debía tener una presencia determinada en el ámbito social.

El principio jurídico al que me refiero se traduce en una doble interdicción: Existe una prohibición tajante que impide a las confesiones religiosas inmiscuirse en los asuntos del Estado. Y existe también una prohibición igual de tajante que impide que el Estado intervenga en cuestiones propias de las diferentes confesiones.

Y el principio jurídico nos lleva a poco que nos esforcemos al principio filosófico: Cada individuo tiene un bagaje, unas pertenencias, una identidad y unas creencias. En el día de hoy las identidades son más diversas si se quiere. Es la circulación de personas y la facilidad para que este flujo se mantenga lo que provoca que hablemos de una gran diversidad de pertenencias, de bagajes, de identidades y de creencias. Cada individuo viene de un sitio diferente. Y en cada lugar existen comunidades de todo tipo, étnicas, familiares...


Así el laicismo quiere decir que una sociedad no puede vivir en paz y armonía sin el respeto al otro como diferente a uno mismo. Si se quiere construir un futuro común partiendo de posiciones diversas sólo la idea de respeto a la diferencia puede permitir hacer efectiva esa construcción. El principio filosófico quiere por tanto significar dos cosas: En el ejercicio de la democracia, de la ciudadanía, hay que desprenderse de las propias pertenencias, suspender las convicciones para construir algo común. Y en lo que toca específicamente a la religión, hay que considerar que las creencias forman parte de la identidad que cada uno tiene el derecho de construir, pero integran un dominio privado, íntimo de cada persona.


El laicismo implica además conocer, saber que existen otras posiciones diferentes, construidas no solamente sobra la fe, sino sobre principios también respetables: el ateísmo, el agnosticismo, el materialismo...


Laicismo quiere decir que en la sociedad cada uno guarda su fe, su convicción; cada uno suspende sus convicciones para encontrar al otro y construír así la democracia. Se trata en definitiva de separar las cuestiones individuales del debate público.

Abundando en lo anterior hay dos formas de organización laica de la sociedad: la fórmula belga, donde en cada hospital, en los establecimientos penitenciarios y similares, hay un representante de cada confesión religiosa y un delegado laico. Considero que es muy interesante como punto de partida si bien me gusta más la concepción francesa enunciada por la ley de 1905, pues el laicismo no es una religión más sin dios; el laicismo está por encima de las diferentes creencias, concepciones y confesiones o posicionamientos personales para garantizar así una neutralidad absoluta del poder público.

La Francmasonería, y en lo que nos ocupa aquello que se refiere al Gran Oriente de Francia, se encuentra ligada a una concepción, la laica, que representa como decía al principio un modo de vivir: El respeto a la opinión del otro; aquella frase que decía "No estoy de acuerdo contigo pero me pelearía con quien fuera para defender tu derecho a decirlo" lo expresa a la perfección. Ese es, desde nuestra concepción, el fundamento mismo de la democracia. Desde una posición u otra se puede construir un pensamiento que permita la convivencia de toda la ciudadanía.

Quiero recordar para terminar que el laicismo es también un combate: Vemos hoy por todas partes precisamente lo contrario a lo que acabo de exponer. Personas que consideran que poseen la verdad y que tratan de imponerla a cualquier precio.

En medio de este crecimiento que experimenta el oscurantismo surge el crecimiento de planteamientos religiosos integristas; y es ahí donde el laicismo se vuelve un combate rechazando de forma tajante este tipo de planteamientos. El islam es una concepción espiritual que puede resultar interesante, pero lo que se condena desde nuestra posición no es una religión concreta, sino su utilización como instrumento para imponer una determinado concepción de las cosas, el velo a las mujeres... Recuerdo que recientemente he viajado a Turquía y he visto un barrio en el que las mujeres son obligadas a portar esa prenda que conocemos con el nombre de "burka": Esto es inadmisible; implica imponer una concepción de los hombres y las mujeres. Y además se trata de un Islam que quiere ser Islam político; se mezclan las dos cosas. Y si se confunden estos dos elementos tan distintos ya sabemos que no estamos hablando de democracia sino de oscurantismo.

Recuerdo al hablar de esto una posición conocida de la iglesia católica. Todavía hace poco un obispo de mi país recordaba la incompatibilidad entre la pertenencia a la iglesia, la creencia en dios y la militancia en la masonería. Sin embargo yo, en tanto que Gran Maestre de Francia no hablo de ninguna incompatibilidad, para mí no existe porque mi planteamiento es otro: Es el ejercicio de la libertad; es el laicismo: ¿tener, detentar la verdad? No. Cada uno la busca.

Insisto en que la democracia se basa en el debate, se construye con el intercambio de posiciones. No existe una autoridad suprema, se construye con la palabra de todos, con el resepto a las diferentes posiciones, sin que haya nadie que diga cómo han de hacerse o ser las cosas.

El combate por el laicismo es común en España, en Francia, en cualquier parte del mundo. A título de ejemplo recuerdo que en 1955 se cumplieron los cincuenta años de la ley de 1905. No hubo especiales celebraciones porque su contenido fue asimilado por la sociedad francesa incorporándolo a su modo de vida. Sin embargo hoy, cien años después, sí hemos celebrado el centenario; y nos hemos manifestado en la calle por los riesgos que existen y que apuntan a querer modificar este estado de cosas amenazando al laicismo. Esta lucha, el combate del que hablo, puede amalgamar a hombres y mujeres con un mismo compromiso: la defensa de unas ideas que no son viejas sino modernas. Les hablo de democracia, de República, de laicismo. Es el futuro de nuestras sociedades.

Finalmente, hermanos y hermanas, señoras y señores, una pregunta: Federico García Lorca ¿Por qué murió?

Pienso que murió por defender la democracia; y dentro de ella el laicismo, y la persona, de pie, libre. Eso es la Francmasonería; eso es el Gran Oriente de Francia; eso es el laicismo; eso es la Democracia hoy.

Jean-Michel Quillardet. Gran Maestre del GOdF

18 de febrero de 2007

Discurso del Gran Maestre del Gran Oriente de Francia

Hasta que podamos transcribir la conferencia de Quillardet, dictada en Oviedo (Asturias) el pasado mes de Enero, traigo hasta este blog esta otra conferencia que ha dictado con motivo de la Asamblea General o Convención del GOdf, y que parece ha suscitado algunos comentarios en los universos masónicos.


Al respecto, esta cita anual dará lugar, aquí o allá, a algunos artículos diversos o, como en último otoño, a un «Best Seller « presentando una Masonería esotérica oscura que reanuda el viejo mito del complot Masónico.

La realidad que viven unos 47.000 Franc-masones del Gran Oriente - y más ampliamente los 100.000 Francmasones y Francmasonas de las principales obediencias reconocidas en Francia - es otra.

Estos hombres y mujeres no están en Masonería para discutir hasta el infinito la gestión de sus instituciones. Simplemente les piden a sus representantes asumir ésta de manera rigurosa, fiable y transparente. Su vida Masónica se celebra lejos de los focos populares, en sus Logias donde cada dos semanas se encuentran y hacen vivir la realidad de una práctica Masónica, que podría constituir para el hombre honrado del siglo XXI una voz para sí mismo y para la sociedad.

La Masonería es primeramente la conservación de una tradición, un saber compartido por todo iniciado, más allá de la cadena del tiempo, renovando lo que vivieron Mozart, Montesquieu, Condorcet o Goethe, posiblemente según ritos diferentes, pero cuyo espíritu está perpetuado desde principios del siglo XVIII.

Esta tradición no está consolidada: constituye el cuerpo indispensable que asegura al quehacer Masónico una verdadera forma de unidad que permite a los Masones, derribar para reconstruir, reajustar mejor, volver a diseñar.

La Masonería es un proyecto que se inscribe perfectamente en la modernidad, pero que no debe adaptarse a la modernidad, porque correría entonces el riesgo de desazonarse y de debilitarse.

Lo que da fuerza del Gran Oriente de Francia, motivado por su larga historia y el articularismo de su crecimiento, es el encuentro de lo contradictorio, el diálogo de la oposición, la confrontación de las diferencias sacadas de las mismas fuentes: las Luces.

El Masón, por las herramientas y los métodos de trabajo que se le ofrecen, puede así situarse por encima de lo cotidiano, por encima de lo inmediato, por encima de la actualidad. El paso iniciático y simbólico propone un lenguaje común. No hay pensamiento Masónico, opinión Masónica, doctrina Masónica: hay unos individuos que construyen su propio punto de vista. Y porque trabajaron, según la fórmula de Edgar Morin, «uno con otro, juntos, uno contra el otro, en el respeto mutuo, ellos pueden hablar de la complejidad de la gente».

El Gran Oriente es sin duda hoy por hoy uno de los lugares raros donde pueden expresarse el cosmopolitismo de las ideas y los seres, la idea republicana y laica, el universalismo del humanismo. Sus miembros, de izquierdas o de derechas, creyentes o escépticos, ateos o agnósticos, racionalistas o espiritualistas, tienen sólo un objetivo: trabajar en la apertura del hombre en su dignidad y su libertad, la libertad absoluta de conciencia, la fraternidad.

El futuro del Gran Oriente de Francia está ahí, en su capacidad de ofrecer lo que falta hoy en día a nuestras democracias occidentales: un saber histórico, una cultura ancestral para vivir mejor la modernidad, el don de cada uno para devolver mucho más, la potencia intelectual, la filosofía de la transmisión de riquezas contradictorias. Las Iglesias, cualesquiera que sean, reivindican sus verdades como la Verdad.

Los partidos políticos se agotan, la mayoría de las veces, en la conquista de un poder siempre más ilusorio y más efímero, sin expresión de un pensamiento verdadero.

En nuestra casa, el debate es rico porque no opone una opinión contra otra, sino se les permite a los Masones tomar la palabra sin coacción, sin consigna, sin postura. Cada hermano desarrolla un pensamiento libre y es el conjunto de estos pensamientos libres lo que justificala mirada Masónica puesta frente a nuestro nuevo siglo.

Tal es la Masonería que se practica diariamente en el seno del Gran Oriente de Francia. Estamos lejos de oscurantismos fangosos que tienen existencia sólo en la imaginación de ciertos autores.

La verdadera cuestión es saber si la institución Masónica está a la altura de las previsiones de sus miembros. El Gran Oriente de Francia no está en decadencia, debe por eso investigar el campo del pensamiento, de la escucha activa y de la acción.

Numerosas obras nos están abiertas: reafirmar los grandes principios de la República. Devolver el sentido a la laicidad comprendida como la libertad absoluta de conciencia y la separación de la Iglesia y del Estado.

Reanimar el respeto del Estado de derecho yde las libertades individuales y colectivas tan cariñosamente adquiridas en el curso de la historiade nuestro país, sin que éstas sean acondicionadas o limitadas por las emociones populares, las razones de Estado o la opinión. El debate público debe reanudarse con el espíritu de las luces.

Promover el universalismo que comienza con la construcción de Europa, no como fin y concepto, pero sí como idea. Regenerar el desarrollo de la educación y de la cultura, comenzando por la cultura Masónica que permite darle a todo hombre y toda mujer los instrumentos necesarios para la comprensión de sí mismo, el conocimiento de la historia, el encuentro con el prójimo.

Ahí están las verdaderas apuestas no sólo de nuestro próximo convento, sino que todos los trabajos a los cuales se entregan los Francmasones en la discreción de sus Logias, lejos de los focos populares, a cubierto de revistas y de best sellers.

Algunos dirán: « ¡programa excesivo! « Sí. Se trata de un ideal. Pero tengo la convicción que este idealismo, humildemente, modestamente, grado a grado, puede llevar a los hombres y mujeres a que se superen a sí mismos y, como decía Albert Camus, a «evitar así que la humanidad se deshaga».

Gran Maestre del Gran Oriente de Francia: . J-M Quillardet

La Búsqueda Griálica de los Reconocimientos.

Cuando uno lee algo sobre la tradición masónica española, a la que muy pocos prestan atención dedicándose, una vez más, a explicar lo qué es la masonería, sus mitos o sus leyendas; pues lo dicho. lo que llama la atención en ese repaso historiográfico es el hecho de encontrarse con la fundación de muy diversos Orientes y Grandes Logias.

No hay nada más que ir al libro que en su momento coordinó Ferrer Benimeli como fruto de un Symposiun Internacional de la Masonería Española (CEHME) dedicado a : La Masonería en la España del Siglo XIX, para comprobar la multiplicidad de organizaciones masónicas, que en dicha época hubo y que llegaban a rezar con el el apelativo, junto a sus títulos distintivos, como sucedió con el “Oriente de Ros” u Oriente de Pérez”.

Esa cuestión de la multiplicidad obedencial fue concluyendo a albur de trabajos de reunificación que llevó adelante Miguel de Morayta Sagrario, que fue congregando a toda la masonería española bajo un mismo paraguas hegemónico como fue el Gran Oriente Español, el cual brilló hasta finales del primer tercio del siglo XX, o sea hasta que el Sr. D. Francisco Franco Bahamonde dio un taconazo dictatorial y concluyó con todo el periplo masónico español, ¡Una vez más¡

Comentar al respecto, que un hombre y masón, y Gran Maestre como fue Miguel de Morayta, apenas sí se le han dedicado más que un par de trabajos, entre los que destaca el publicado por la Logia de Estudios e Investigaciones Duque de Wharton n 18, de la GLE, que en su volumen de trabajos de 1996- 1997 cuya autoría es del H.:. Guillermo Gozalbes que se extiende sobre figura de Morayta.

Pues bien esa atomización masónica se rompe de nuevo a partir de la década de los 80 cuando recién arribada la democracia empiezan las carreras por hacerse con el suelo masónico español y por hacer imperar otras masonerías que no habían tenido hueco en el suelo patrio.

Así nacieron la Gran Logia de España, y la Gran Logia Simbólica Española, y a partir de ahí ya la aparición de Grandes Logias y Grandes Orientes ha sido una constante.

El hecho es que a día de hoy en el panorama masónico español nos encontramos con las siguientes organizaciones: Gran Logia de España (GLE), Gran Logia Simbólica Española (GLSE), Gran Oriente de Francia (GOdF), Gran Logia de Francia (GLF), Derecho Humano (DH), Gran Oriente de Cataluña, (GOC) los Hermanos del Gran Priorato de Hispania, y la Gran Logia Femenina de España (GLFE) y poco más…

Porque a partir de aquí se abre un sin fin de amalgamientos de organizaciones masónicas, pequeñas o medianas, legítimas o ilegitimas, que tienen en común en muchas ocasiones nacer del disenso, y también fenecer a la velocidad del rayo.

En este enlace encontrarán algunas relaciones y comentarios al respecto de las Obediencias, aunque el trabajo es algo escueto e ignora a algunas organizaciones que se pueden considerar como “estables” y con proyección en España.

Pues bien, entre la amalgama de organizaciones que nacen del disenso pueden estar la la Gran Logia Femenina de Veracruz o la Gran Logia Federal de España que si no ha fenecido, es más un remedo masónico que otra cosa; Luego existen otras organizaciones territoriales que a veces suenan por los pasillos masónicos: la Gran Logia de Canarias, La Gran Logia de Andalucía, etc.. pero que poco se sabe de ellas, y luego hay otras como el el Gran Oriente Ibérico (GOI) con sede en Galicia, que por proximidad territorial y del quehacer masónico pues están en el candelero.

Esto trae consigo que haya una constante y permanente búsqueda de Reconocimientos por parte de estas organizaciones, en ocasiones un tanto filibusteras, hasta que no se demuestre lo contrario, y que nacen del disenso más cerril.

Por poner un ejemplo que viví de cerca. El actual Gran Maestre del Gran Oriente Ibérico, [que poco o nada tiene que ver con el legendario Gran Oriente Ibérico del XIX] al que conocí dentro de la Gran Logia Simbólica Española (GLSE) arrojando alguna que otra vez el mandil por no estar de acuerdo con ciertos postulados, cierto es que largas peroratas sobre el hecho de ser "progresivos o progresistas", que llevaban horas y horas de debate, terminaban con la paciencia del más pintado, pero de ahí a tirar el mandil y salir tarifando, no deja para un aprendiz masón de primera hornada no deja de llamarle la atención estas cuestiones y haceres.

Luego, quiso la fortuna que nos encontrásemos en medio del trabajo masónico en el seno de la GLSE, y a una pregunta mía en una Tenida Abierta de la logia que presidía en esos momentos la ARA SOLIS, a un ilustre profano socialista que hoy pulula por los pasillos vaticanos, y realizada en dicha Tenida, desde la más docta ignorancia, sobre el laicismo en las escuelas en Galicia, cayera como una bomba de fragmentación, y como es sabido las relaciones se enturbiasen.

A partir de ahí la separación de ambas trayectorias, la mía la de Alvaro Marcos, y su logia fue clara, yo he concluido en el Gran Oriente de Francia, y el que hoy es Gran Maestre del GOI., Don Álvaro Marcos tras perder las elecciones a Gran Maestre de la GLSE, en liza con Ascensión Tejerina, funda o refunda el Gran Oriente Ibérico.

Y aquí empieza la gran búsqueda de los Reconocimientos como organización masónica, a lo cual no hay nada que objetar, salvo cuando uno quiere ocupar el espacio de otros, y tiene un discurso similar, o se presenta bajo banderas de conveniencia o se hurtan discursos y maneras.

Al tenor de esto decir que no hace mucho en Gijón, el GOI se presentaba como una organización con cierto reconocimiento del Gran Oriente de Francia, y hasta parecía aojos de los presentes que lo expuesto, en medio de un acto a medias entra pubicidad sobre la venta de unos libros sobre masonería y la presentación del GOI, que eran algo así como los legítimos representantes del marchamo francés en España.

Cierto es que en ese momento el tema de la adscripción de logias españolas al GOdF no estaba del todo cerrada, y se daba esta curiosa circunstancia y en cierto modo una carrera por ocupar espacios masónicos.

En clave externa, algunas de estas organizaciones masónicas hemos comprobado que tienen referencias importantes entre logias u Hermanos del otro lado de la frontera, ignorantes en ocasiones de la situación interna de cada país o de los periplos singulares que se dan en suelo patrio, eso fue lo que me sucedió no hace mucho en Suiza donde me hablaba bien de una Gran Logia u Oriente español, para mí sin peso ni gloria, y que para los Hermanos suizos les parecía que eran como el renacer masónico español.

Esto tiene mucho que ver con esa búsqueda de reconocimientos, que para algunos ya constituye toda una marcha en pos del grial masónico para que le reconozcan como Gran Logia o Gran Oriente, de ahí que se den peticiones de logias inmersas en un proceso de separación de su Gran Logia, y soliciten “garantes de amistad” a otras logias para completar ciertos protocolos de regularidad a base de reconocimientos, desconociendo su realidad, el origen, y hasta la tendencia de a quien se le solicita.

Lo que crea un desconcertante intríngulis de extrañas relaciones donde el Reconocimiento, que por otro lado es la carta que a uno primero le presentan a modo de patente de corso, y en muchas ocasiones invocando esos reconocimientos soliciten tener asiento en el Oriente en diversos actos protocolarios, como ha sucedido hace unos días en nuestra tierra.

Cosas que pasan y que debieran erradicarse, y donde el propio trabajo masónico, de una logia o de una Gran Logia o Gran Oriente debiera ser su mayor exponente para ese reconocimiento, y no la búsqueda graalica de tal preciado tesoro que cada vez se devalúa más por lo esperpéntico de la situación.


Victor Guerra



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