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personales de su autor como Maestro Masón

4 de julio de 2008

La escala masonica, una novela para el verano


No sé de donde parte la teoría, porque siempre parece suceder igual en estas novelas sobre la masonería, los masones para preservar su viejo y ancestral secreto deben matar de forma activa o pasiva, lo saben y lo admiten como parte del sagrado deber de “Guardar el Secreto”.

Un endemoniado dilema que siempre parece perseguirles o perseguirnos: lo de que “el fin justifica los medios”.

Por otro la esencia central de la masonería según todo este tipo de novelas parece relacionarse en la vieja aspiración de adquirir la sabiduría más ancestral, esa que parece residir en Dios y bajo su nombre y su égida.

Bajo esta doble clave se resuelve una entretenida novela de última hora, la cual parece haber pasado desapercibida por el gran público, estoy hablando de La ESCALA MASONICA.


Libro que que edita Via Magna Ediciones , y que escribe Patrick Ericson nacido en Alhama de Murcia, y sobrino de Concha Fernández Luna. Todo llama a un juego que el mismo autor explica, puesto que se trata de José María Fernández-Luna y nos dice que decide firmar sus novelas como Patrick Ericson por tres motivos fundamentalmente. “El primero de ellos es el de hacer un pequeño homenaje a sus dos hijos, Patricia y Eric”, -señala con orgullo-. El segundo tiene más que ver con demostrar que la calidad de una novela no se mide por el nombre de su autor sino más bien por la calidad literaria de la misma, el último de los motivos se encuentra a mitad de camino entre el capricho y la manía, “siempre he querido tener un nombre anglosajón y pensé que esta es la oportunidad ideal para ello”.

Presentado el caballero que se prodiga en la Red con varios blogs: El imperio de la palabras; La habitación de los sueños; y en los foros ciberanika; se puede ver su firma rematada con una escuadra y un compás, lo cual me deja en la dudad de si estoy ante un hermano o un profano con algún grado de conocimiento de la masonería.

Deseo comentar antes a Patrick, que no ha sido el único en llevar cuestiones masónicas a Murcia, creo que fue Eslava Galán, en la La Lapida Templaria, quien ya situó a los protagonista por Murcia, creo no equivocarme.

Ya entrados en materia el libro comienza flojito, como dando palos de ciego y luego como casi siempre aparecen los grandes estudiosos, los descifradores, los cabalistas que no sueltan unos rollos macabeos, al menos para los masones laicos, tal vez para los Hermanos del Rectificado esta novela les coloque de manera sublime, pero he de confesar que me he tenido que saltar buena parte de los rollos sobre la historia templarios, cosmogonías y sobre manera lo de la geometría sagrada, etc,... son temas que he leído ya unas cuantas veces y amén de que los tengo muy vistos, me cansan, pues como miembro de la masonería me dan la sensación de que sino manejo la Biblia a dedillo, y me paseo por la historia antigua como si estuviera mi estudio, y no trasciendo, soy una pura caca de masón.

O sea que todas estas novelas, y esta casi más, me hacen sentirme idota, que lo seré buenamente, pero no puedo negar que me llevan a recapacitarme mi entrada en la masonería laica, y empezando a enternecerme de tal modo que a base de flagelaciones mentales presiento que terminaré, para ser buen masón, pidiendo la entrada en la masonería trascendente, y encontrarme con esos arquetipos de masones burgueses que se sientan con su buen vaso de perigñón, y en pantuflas ojean cada noche escoltados por el llamear de un buen fuego en una alquímica chimenea aluno de esos raros libros que ayudan a ser buen masón a base jeroglifos, adivinanzas en las cuales juega el saber bíblico y la retorcida conciencia masónica.

La novela La Escala Masónica, pues eso, trata como dice la ficha técnica, de un paleógrafo un tal Jorge Balboa ha sido hallado sin vida con los ojos taladrados y la lengua cortada. Su último trabajo, la traducción de un manuscrito del siglo XVI parece ser el motivo del crimen.

Un email cifrado enviado por Jorge pone a los asesinos tras los pasos del librero. Para salvar su vida, Leo Cardenas deberá averiguar cuál es el secreto descubierto por su amigo. El crimen de un paleógrafo, el diario de un cantero, y un extraño versículo de las Centurias de Nostradamus, forman parte de una confabulación masónica que llevará a los protagonistas de ésta trepidante aventura a tener que enfrentarse al Juicio de Dios: “La Escala”.

Todo aquel que intente adentrarse en su oscuro y hermético mundo, habrá de descifrar primero el enigma de la Sabiduría y ascender la Escala de Jacob.

Sabiduría que al final Leo Cárdenas obtiene no por saber más sino porque querer seguir mansamente y castamente a su novia, aquí no sucede como en la Lápida Templaria de Eslava Galán, de buenos polvazos a la chiquita del lugar con orgasmos múltiples; aquí todo es muy casto, en ese sentido hasta la fría asesina Lilth, aparece con suaves roces lésbicos intuidos más que dibujados.

Y no solo sube al Kisé detrás de su Claudia, sino que obtiene el sumun del placer al subir la escala y hablar con dios, no por la gran sabiduría que puede tener el protagonista sino por ser sincero y lógico. Antes de llegar a este sumun de los superiores desconocidos y la escala para hablar con ddios, mi señora a quien le presté el libro para su lectura, ya me lo tiró páginas antes a la cabeza, pues opinaba que al autor se le había ido la olla.

Lo más sorprendente para mí ha sido cuando el GADU (femenino) encarnada en una mujer, le pregunta a Leo Cardenas quien es, y tras varias respuestas sabias por parte de Cárdenas el Gran Enigma parece desvanecerse, y a la tercera vez responde: Tú eres yo, mi señor…y eres mi dios, cuestión que no sé por qué me recordó a al superhombre de Nietzsche, y me daba la sensación que el autor recobraba la chaveta después de tanta trascendencia.

Bueno una novela a camino entre entretenida y plomazo, depende se los tramos que se saltes para unos días de playa.

Victor Guerra
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