Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

19 de agosto de 2010

La novelística de Javier Otaola y Anselmo Vega, dos autores en MASONICA.Es

brochetas de carne

Dentro del panorama de las novelas de temática o con matices masónicos, ya hemos tenido un cierto acercamiento y entrevisto la variedad y diversidad de estas.

Autores, enfoques y tramas en las cuales se da un mayor o menor presencia del argumentario masónico, y por ende, con un variado y plural conocimiento de una temática tan específica a veces solamente reconocida como verídica por lectores muy versados en la materia, o por los propios masones.

Por eso es de agradecer encontrarse con autores que conocen en profundidad la temática, y por tanto se colocan a distancia de ese quehacer tan corriente de dar gato por liebre, aunque a veces algunos autores intenten jugar a “la discreción” para no descubrir su membresía masónica, ya que por lo general lo que encontramos en dichas novelísticas es que estas se trufan de tópicos al uso, no distinguiendo los autores en muchos casos ni los mandiles de unos u otros ritos, ni a los masones de una y otra condición, por poner un ejemplo.

Entre toda esta novelística actual relacionada con la masonería, de la cual ya he aportado un amplio repertorio, existe una cierta excepcionalidad debida a dos razones: la pertenencia a la Orden, y porque en sus temáticas o argumentos aparece la masonería.

En esa doble condición destacan sobremanera dos autores vinculados además a MASONICA. ES. Estamos hablando de Javier Otaola y Anselmo Vega la dos son masones que escriben novelas los cuales se reconocen públicamente como masones lo cual es toda una novedad, pues algunos de los escribientes de los trabajos novelísticos que se han publicado y reseñado, guardan celosamente sus membresía masónica, y además en menor medida uno y mayor otro sus desarrollos novelísticos está presente la masonería y los masones.

En los dos casos ambos se sitúan a una importante equidistancia uno del otro en cuanto a los enfoques de su producción. Javier Otaola se sitúa en los claros linderos de la novelística negra con ciertos matices masónicos, presentes aunque de forma tangencial en su última novela: As de Espadas. Anselmo Vega está más en el contexto historicista.

Javier Otaola, es el autor de un par de trabajos de reflexión masónica, que se han editado en Masonica.Es: Masonería en Personas y la Metáfora Masónica. Por tanto estamos por tanto ante un viejo masón, nacido al calor de la Gran Logia de España (GLE), y desarrollado como Maestro en la Gran Logia Simbólica Española (GLSE), en la que fue Gran Maestro.

Es como digo, un “rara avis” ya que se dedica a escribir novela negra, con todos sus ingredientes, policiacos, cotidianidad, sexo y desesperación laboral…,pero transportado todo, tanto la arquitectura de la trama como de los personajes, al entorno que conoce al dedillo el País Vasco.

Su primera novela, con la cual abre este género Brochetas de carne, podemos decir que no contiene en su desarrollo ningún masón, y la masonería tampoco está presente en el argumento, aunque tal vez entrando en el metalenguaje de la trama, es muy posible que afloren esos ramalazos tan de Otaola, de situarse en el didactismo de la maestría aunque sea de temática epicúrea.

Realmente puedo hablar poco de esta novela, más bien digamos que nada, pues llevo años detrás de poder conseguir un ejemplar, y tanto es el empeño, que realmente ya no sé sí ya la he leído, o la he soñado, pero me resulta tan familiar y cercana que creo confundir sueño con realidad, pues no es la primera vez que me veo rebuscando por mi biblioteca el inexistente libro

Donde hablo con conciencia de ávido lector, es con respecto a su segunda novela As de Espadas ( Editorial Via Magna 2010), en la cual aparece la masonería, aunque es todavía algo tangencial; pero es una substancia argumental con la que coquetea, ya que no solo hay un juego de reflexiones muy relacionadas con la masonería y su corpus conceptual, sino que además plantea una serie de detalles que inducen a pensar en la acción masónica como parte de la complicidad argumental, ya que entre la variedad de personajes que nos ofrece Javier, en cuanto al entorno policial de Felicidad Olaizola, hay un miembro de tal Orden.

La masonería como digo es algo tangencial: una cuadrilla de amigos reunidos en torno a un cura del Opus, que fue parte también de esa cuadrilla. Estando todos ellos en una especie de retiro espiritual se produce un asesinato con una “makila”,

En todo ese contexto hay un miembro de la cuadrilla que es masón, está la nebulosa presencia de una mujer que no se hace realidad, sino sombra en la noche del asesinato, y la presencia de un Venerable de Logia al que se le consulta…una determinada situación que puede traer fatales consecuencias. Es una trama interesante donde la masonería está integrada como pudiera estar la caracterización de “ser rojo” en las Historias de Plinio; de forma circunstancial. Digamos que Otaola aún no está dentro de la corriente de la novela negra y masónica”, de Giacometti y Ravenne, pero como dicen los castizos, apunta maneras.

Felicidad Olaizola[1], es el personaje central de la novelística de Otaola, y en As de Espadas no iba a ser menos, esta Inspectora de la Brigada Criminal de la Ertzaintza, tras un periplo vacacional caribeño de placer y lujuria debe descubrir, el móvil del asesinato y por supuesto al asesino, que por cierto se haya bastante lejos de las actividades masónicas, aunque todo ello forma parte de la clave argumental en donde aparece una organización que siempre se contrapone o se paraleliza con la masonería, como es el Opus Dei.

El motivo de traer a Javier Otaola hasta estás páginas es exponerlo, como autor de una novelística producida por un masón de notorio rango intelectual y jerárquico , en cuya producción novelística, como ya he explicado se encuentran algunos rasgos masónicos, que no llegan ni a definirle ni a caracterizarle, pero creo que a poco que se rasgue la pátina argumental “erótica, y negra” de las novelas que produce este bilbaíno, las cuales están insertas dentro de una cierta normalidad cotidiana, no haciendo por ejemplo e la membresía masónica una diferenciación, sino una casuística más, pero que dados los tópicos al uso no es menos cierto que inducen en todo caso al lector a otras conclusiones a veces equivocadas, y cuya presencia aunque de forma tangencial en la novela resultan cuando menos creíbles y sugerentes.

Por tanto, al Hermano Otaola, con su novelística podemos situarlo en los amplios y ambiguos márgenes de la novela negra, de camino a que los tintes masónicos sean una realidad en la próxima entrega narrativa. Pues es sugerente por ejemplo la epicúrea Felicidad Olaizola se haga miembro de una masonería mixta o femenina…o se relacione íntimamente con alguna miembra de la masonería, sería todo un experimento a cerca del tratamiento de las informaciones, del secreto masónico, de la discreción, etc..

En una equidistancia de trama y de contexto importante, en lo personal y en lo novelístico se encuentra otro autor, Anselmo Vega, cumplido y confeso masón, donde además de “delatar” su membresía a lo largo de un prólogo de Jose Ignacio Yuste, ya este habla largamente de la condición de ambos como masones; Anselmo Vega confirma su condición de francmasón al colocar la trama central de sus obras en las épocas fundacionales de la masonería, y exponer detalles de forma minuciosa y concreta que nos sitúa en la certeza de estar ante alguien que tiene una fuerte vinculación con al Orden, aunque he de decir que lo que expone no solo está al alcance de un masón , pero casi..

 

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Anselmo Vega ha entregado dos novelas al mundo editorial: El Muro de Piedra, y Los Masones de San Blas, ambas publicadas en MASONICA. Es.

Las dos novelas se sitúan o las podemos encuadrar en la novelística masónica de corte histórico, donde la trama narrativa está basada sobre hechos y personajes reales, y en situaciones más o menos hipotéticas, tal y como sucede en El Muro de Piedra.

Lo cierto es que ya tuve ocasión de leer el embrión de esta novela, con la que además debo reconocer que hice alguna que otra prueba, y también alguna que otra maldad, por ejemplo entregándole a otro Hermano, el texto como si fuera mío, ya que este presumible “pariente masónico” se tiene por un docto y culto escritor de novelas, por tanto le requerí la opinión del libreto que le entregaba, cuando éste me lo entregó lo hizo con un escueto mensaje “es malísima”.

Quedé estupefacto, puesto que la trama argumental creo que está muy bien traída, y muy bien estudiada su configuración geográfica y documental, y lo mismo se puede decirse en cuanto a situaciones y personajes.

Tal vez por la envidia o vanidad tan típica entre los escritores, fue por lo que se realizó tal juicio; porque luego cuando dicho escritor sacó su novela, puedo decir y asegurar que la mayoría de los lectores a los cuales se envió la fábula, que puedo decir que fueron unos cuantos cientos los que recibieron el libro como regalo de empresa, también puedo atestiguar que la mayoría no pasaron de la página 10, tal vez porque el Hermano escritor sea un escritor de culto y sus textos no estén a tono con las expectativas de lectores tan corrientes con los cuales se tuvo el detalle de enviarles la novela. Lo siento Anselmo, por servirme de conejillo de Indias pero así nos trata la vida y los Hermanos, con juicio equitativo.

Bromas y chiquilladas aparte, decir que la novela El Muro de Piedra, de Anselmo Vega, bautizada primeramente como La Conspiración, creo que era un título más idóneo, tiene este hilo argumental:

El 24 de junio de 1717, día de San Juan el Bautista, Un grupo de hombres se reúne en la taberna londinense «The Goose and The Gridiron». Son los representantes de cuatro logias de Londres que ven preocupados cómo se acerca el final de sus días trabajando en el Sagrado Arte de la Construcción. Sin embargo, lejos de ser el fin de una era, aquel día fue el primero de un proyecto de proporciones inimaginables en aquellos momentos: la Francmasonería. Ésta es la historia de sus primeros pasos. El momento en que un grupo de hombres decidieron cambiar sus herramientas manuales por las herramientas de la razón y el sentido.

Realmente esta breve exposición nos habla del contexto general, pero nada nos dice de la sorda pelea, muy desconocida en España, de la lucha que se dio entre los masones operativos y especulativos, y el objetivo de apropiación de los símbolos de unos por parte de los otros.

Realmente no sé si se dio tal hecho así como lo cuenta Anselmo Vega, pero algo de eso debió de suceder, en tanto que era Anderson, que no Desaguliers, quien estaba interesado en los temas de los viejos rituales masónicos. Particularmente me pega más la figura y la idiosincrasia de Anderson con esa búsqueda, que con el hacer de Desaguliers, más pegado a los temas de legislación y reglamentos, y un tanto más distante que Anderson es cuanto a esas búsquedas, ya que este último sí que estaba interesado en conectar ambas masonería a través de un fuerte vínculo como eran la simbólica constructiva, cosa que logrará Dermott utilizando para ello, no la posición de Desaguliers sino de Anderson y su búsqueda de la primigenia historicidad masónica. Por tanto creo que es desafortunada la elección de Desaguliers como personaje central de esa búsqueda.

La personalidad de Anderson, sus recovecos y artimañas y la noción que de él había en la época pega más como figura central del argumento.

En todo caso la trama que plantea Anselmo Vega es interesante, además de muy creativa y sugerente, como lo vienen a demostrar los elementos narrativos que alambica en cuanto a los posibles usos, por ejemplo en torno a la cuerda de nudos y la “pole”, y la trama que se urde en lo referente a esas dos herramientas hoy colocadas como de “adorno” en la logia, no hay mejor secreto guardado que el que se muestra a la cara.

En todo caso una buena novela muy bien ambientada y construida y muy sugerente dentro del contexto de la novela masónica histórica.

La última novela Los Masones de San Blas, aún no he tenido la oportunidad de leerla, aunque espero que el editor tenga el detalle de enviarme un ejemplar y poder desvelarles a ustedes, en esta Revista o en el blog Masonería en Asturias o en Masonería Siglo XXI, su contenido y mi parcial opinión.

He dicho

Víctor Guerra  MM.:. del RF (GODF)

Miembro del CEHME (Universidad de Zaragoza) y del IDERM (Francia)


[1] Blog dedicado al personaje central de la novelística policiaca de Javier Otaola: Felicidad Olaizola: http://www.felicidadolaizola.com/

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