Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

2 de diciembre de 2010

“CONTRA GUÉNON¡”, y de por medio el Prefacio de Ch. Porset.

Hace  un tiempo nos hacíamos eco de un libro de uno de los colaboradores del Circulo de Estudios de Rito Francés Roëttiers de Montaleau – Jean Van Win que publicaba un libro,  titulado Contre Guenón.

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En estos días se ha desarrollado una pequeña tormenta en este mundillo de la Masonería Continental, en base a que de nuevo  se ha editado este libro de Contre Guenón, pero   en esta ocasión en Editions de la Hutte, eso sí  con algunas  modificaciones…  ya que  por un lado  ha perdido parte de los signos ortográficos del título,  lo cual  no tendría más importancia, pero lo que ya es peor es que por el camino también  ha quedado el  prefacio del buen amigo Charles Porset…  el cual me hace llegar el Prefacio para que lo publique tanto en castellano. como en francés.

También por el camino se ha quedado un texto de Umberto Eco…..y de todo ello se hace eco el Blog de Jiri Pragman (HIRAM.Be.)

Couverture de Contre Guénon, de Jean Van Win

Y sin más,  el famoso PREFACIO DE Charles Porset que estaba en la primera edición, arriba señalada

Este ensayo no ha sido escrito para los guénonianos, sino contra Guénon: es al Maestro a quien primero se pone en el objetivo y accesoriamente a los convertidos. Se dirige a todos los que, masones o en proceso de hacerse, creerían que la masonería era la antecámara de la Tradición, la salvaguarda de la verdadera sabiduría. Entonces, percibiremos leyendo el libro, que el guénonismo no tiene nada para ver con la masonería y seguramente poco con la sabiduría si se lo juzga por sus epígonos. Para el historiador se resume en dos o tres textos bastante llanos y a menudo confuso comparados con Freud o de Husserl que aparecen en la misma época (pienso en “Malestar en la civilización” [1929] y en la “Crisis de la humanidad europea y la filosofía” [1935]). Pero su calidad importa, Guénon era tan pobre escritor como pensador: él pensaba como escribía, es decir mal; lo que hay que retener, es que allí donde Husserl y Freud veían los síntomas de una crisis anunciante de grandes trastornos, Guénon veía sólo los efectos de un apocalipsis inscrito en el mármol de la Tradición. Antiguo destaconado de la escatología de todas épocaa, tal que el Philippulus de la Estrella misteriosa, Guénon, sin temer el ridículo, anunciaba el fin de los tiempos. El Hombre pagaba su creencia al progreso, a la democracia, su fe en la Ciencia. Era evidentemente sólo caricatura y exageración, ignorancia, porque sólo los imbéciles creen en la Ciencia. Lo cierto es que Guénon no creía en eso y, partiendo de esta posición falsa, insostenible e históricamente injustificable, no cesará de desarrollar alrededor de sus vagabundeos los paralogismos mágicos y compungidos.

Hay que decir en descargo de Guénon que antes de querer a la ciencia, a sus representantes, luego a Occidente (de donde su elección errática e incoativa del sufismo, después de haber tanteado el budismo y el hinduismo), se había acercado a la Universidad donde había soñado con hacer carrera; pero sus maestros lo habían rápidamente juzgado y aconsejado: le habían aconsejado seguir otras vías más adaptadas a sus competencias. Fue para Guénon una incurable herida narcisista. Habría podido como tantos otros hacerse profesor, pero no era la idea que é tenía de sí mismo. Él quería profeta. Desgraciadamente, las buenas plazas estaban tomadas. Quedaba el refugio martinista. Le condujo en masonería donde unos iluminados en desherencia habían sido colocados. Oswald Wirtz era de los que podían hacer creer que la masonería había mantenido de todo tiempo relaciones estrechas con la Alta - Ciencia. Esto era confundir la capilla con la iglesia y creer que la golondrina hace la primavera... La masonería nunca se confundió con los antojos de ciertos sectarios con espíritu sediento de nuevo y si, tardíamente se habló de iniciación se hizo fuera de todo es presupuesto esotérico, para recuperar una palabra de moda en el último tercio del siglo XVIII y justo al principio el siglo XIX cuando Napoleón vuelve de Egipto. Por lo demás, los masones ingleses todavía hablan hoy de recepción.

Convenía pues advertir a los masones y a los que podrían llegar a serlo que si la Orden tal vez el puerto de todas las espiritualidades, no profesa ninguna y no se pretende de ninguna manera poseedora de la Verdad que milagrosamente habría escapado a las generaciones pasadas; su latitudinarismo le prohíbe profesar cualquier dogma, y si los tolera todos, su deber es combatirlos a todos ellos. Eso es tanto como decir que el guénonismo cuyo lector tiene ante sus ojos, además del cuerpo doctrinal, Parerga y Paralipomena («Los Accesorios y los Restos»), no es soluble en masonería – como a la recíproca por otra parte. Guénon lo comprendió perfectamente ya que después de una tentativa breve e infructuosa de periplo masónico, dejó el Orden para siempre. ¿Qué podía esperar Guénon de la masonería, él que poseía la Verdad? Nada, ciertamente; pero no más que los masones puedan esperar de él si no de augustas tonterías cuyo orobouros de los ocultistas es el concentrado.

A fin de cuentas la institución masónica (todas Obediencia incluidass – por lo menos eso esperamos) no tienen nada que hacer con estos poseídos, estos taumaturgos de salón, estos iluminados de encrucijada; necesita sólo a diáconos, es decir a hombres y a mujeres que se ponen all servicio de la humanidad común sin poner ésta a su servicio. Su sola preocupación es la ciudad de los hombres que tiene sólo inciertas relaciones con el aletheia – la Verdad. Propone un método, baliza un camino sin prejuzgar ex cathedra una destinación. Es la prueba que la masonería no es una iglesia, todavía menos una secta que destila “pondere metalli” de absurdidades ridículas; que bajo ninguna razón es el vicario de la Verdad – vicarius veritatis.

Jean van Win nos lo explica a su manera, textos en mano, con un rigor comprensivo donde los guénonianos tendrán la buena gracia de agradecerle si por ventura lo leen. Pero sin prejuzgar políticas improbables, estoy seguro que el lector de buena fe sacará un provecho real. Con humildad, pero con firmeza, Jean van Win nos recuerda que el sueño de la razón da a luz siempre a monstruos.

Charles Porset   Grand Chancelier du Ve Ordre   Grand Chapitre Général du  Grand Orient de France

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PREFACEIO AL LIBRO CONTRE GUENON  de Jean van WIN (1 ª Edición)

Cet essai n’a pas été écrit pour les guénoniens, mais contre Guénon : c’est le Maître qui est d’abord visé et accessoirement les convertis. Il s’adresse à tous ceux qui, maçons ou en passe de le devenir, croiraient que la maçonnerie est l’antichambre de la Tradition, le palladium de la véritable sagesse. Or, on s’en apercevra en lisant le livre, le guénonisme n’a rien à voir avec la maçonnerie et sûrement peu avec la sagesse si l’on en juge par ses épigones. Pour l’historien il se résume à deux ou trois textes assez plats et souvent confus comparés à ceux de Freud ou de Husserl qui paraissent à la même époque (Je pense à Malaise dans la civilisation [1929] et à la Crise de l’humanité européenne et la philosophie [1935]). Mais leur qualité n’importe, Guénon était aussi piètre écrivain que penseur : il pensait comme il écrivait, c’est-à-dire mal ; ce qu’il faut retenir, c’est que là où Husserl et Freud voyaient les symptômes d’une crise annonciatrice de grands bouleversements, Guénon ne voyait que les effets d’une apocalypse inscrite dans le marbre de la Tradition. Antienne éculée de l’eschatologie de toutes les époques, tel le Philippulus de l’Étoile mystérieuse, Guénon, sans redouter le ridicule, annonçait la fin des temps. L’Homme payait sa croyance au progrès, à la démocratie, sa foi en la Science. Ce n’était évidemment que caricature et exagération, ignorance, car seuls les imbéciles croient à la Science. Toujours est-il que Guénon n’y croyait pas et, partant de cette position fausse, intenable, historiquement injustifiable, il ne cessera de développer au détour de ses errances des paralogismes incantatoires et componctueux.

Il faut dire à la décharge de Guénon qu’avant d’en vouloir à la science, à ses représentants, puis à l’Occident (d’où son choix erratique et inchoatif du soufisme, après avoir tâté du bouddhisme et de l’hindouisme), il s’était frotté à l’Université où il avait rêvé de faire carrière ; mais ses maîtres l’avaient vite jugé et conseillé : ils lui avaient conseillé de suivre d’autres voies plus adaptées à ses compétences. Ce fut pour Guénon une incurable blessure narcissique. Il aurait pu comme tant d’autres se faire professeur, mais ce n’était pas l’idée qu’il se faisait de lui-même. Il se voulait prophète. Malheureusement, les bonnes places étaient prises. Restait le refuge martiniste. Il le conduisit en maçonnerie où quelques illuminés en déshérence avaient été placés. Oswald Wirtz était de ceux-là qui pouvaient faire croire que la maçonnerie avait entretenu de tout temps d’étroits rapports avec la Haute-Science. C’était confondre la chapelle avec l’église et croire que l’hirondelle fait le printemps... Jamais la maçonnerie ne s’est confondue avec les lubies de certains sectaires à l’esprit assoiffé de nouveau et si, tardivement, elle a parlé d’initiation c’est en dehors de tout présupposé ésotérique, pour reprendre un mot à la mode dans le dernier tiers du XVIIIe siècle et au tout début du XIXe quand Napoléon revient d’Égypte. Au reste, les maçons Anglais parlent aujourd’hui encore de réception.

Il convenait donc d’avertir les maçons et ceux qui pourraient le devenir que si l’Ordre peut-être le havre de toutes les spiritualités, il n’en professe aucune et ne se prétend en aucune manière le détenteur d’une Vérité qui miraculeusement aurait échappé aux générations passées ; son latitudinarisme lui interdit de professer un dogme quelconque, et s’il les tolère tous, son devoir est de tous les combattre. Autant dire que le guénonisme dont le lecteur a sous les yeux, outre le corps doctrinal, les Parerga et les Paralipomena (« Les Accessoires et les Restes »), n’est pas soluble en maçonnerie – comme la réciproque d’ailleurs. Guénon le comprit parfaitement puisqu’après une brève et infructueuse tentative de débauchage maçonnique, il quitta l’Ordre pour toujours. Que pouvait attendre Guénon de la maçonnerie, lui qui possédait la Vérité ? Rien, assurément ; mais pas plus que les maçons ne peuvent espérer de lui sinon d’augustes fadaises dont l’orobouros des occultistes est le concentré.

Au demeurant l’institution maçonnique (toutes Obédiences confondues – du moins on l’espère) n’a que faire de ces possédés, de ces thaumaturges de salon, de ces illuminés de carrefour ; elle n’a besoin que de diacres, c’est-à-dire d’hommes et de femmes qui se mettent au service de l’humanité commune sans mettre celle-ci à son service. Son seul souci est la cité des hommes qui n’a que d’incertains rapports avec l’aletheia – la Vérité. Elle propose une méthode, balise un chemin sans préjuger ex cathedra d’une destination. C’est la preuve que la maçonnerie n’est pas une église, encore moins une secte distillant pondere metalli de ridicules absurdités ; qu’elle n’est à aucun titre le vicaire de la Vérité  – vicarius veritatis.

Jean van Win nous l’explique à sa manière, textes en main, avec une rigueur compréhensive dont les guénoniens auront la bonne grâce de lui savoir gré si d’aventure ils le lisent. Mais sans préjuger d’improbables politesses, je suis sûr que le lecteur de bonne foi en tirera un réel profit. Avec humilité, mais fermeté, Jean van Win nous rappelle que le sommeil de la raison enfante toujours des monstres.

Charles Porset    Grand Chancelier du Ve Ordre   Grand Chapitre Général du Grand Orient de France

Víctor Guerra. MM.:. Rito Francés, Logia Rosario de Acuña- GODF

1 comentario:

Juan Almirall Arnal dijo...

Por fin, alguien que rompe el mito genoniano de la Tradición en Occidente, donde la Masonería regular es el orden esotérico y la Iglesia el orden exotérico, el supuesto carácter "iniciático" de la Masonería es un capricho del ocultismo romántico decimonónico. Como la pretendida custodia de la "Verdad" en el orden esotérico. Ese dualismo "esotérico-exotérico" no funciona en ninguna tradición, es completamente falso, y mucho menos en la tradición oriental. Muchas gracias por el texto, lo considero muy, pero que muy interesante e instructivo.

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