Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

6 de noviembre de 2012

LA MASONERÍA ESPAÑOLA AL FILO DE LA CALLE

  A modo de introducción.-

"Antes nadie y hora todos" Los dos extremos de un mismo quehacer

La masonería española se mueve en una linea cuyos dos extremos conceptuales podemos decir que se sitúa , en el lado más conservador y centrista la GRAN LOGIA DE ESPAÑA, la denominada "masonería regular y dogmática" 

Esta ha pasado desde el más discreto de los silencios que casi siempre guarda este tipo de  "masonería regular" (al menos en España) que se sitúa en la mayor parte de la veces en  el  ámbito del secretismo, a veces poco explicable,  al menos como estructura, otra cosa son sus miembros. Y en estos momentos pues se está dando un nuevo fenómeno  y es que  nos situamos casi que en el otros extremo  "en un todos a la calle", aunque cada logia y estamento lo hace de forma diferente, unos con presencias más o menos selectivas en distintos círculos más o menos escogidos y otros emplean a los medios periodísticos para dar a conocer sur cara y mensaje  como ha hecho estos días la   Gran Logia Provincial de Balears, por medio de su Gran Maestre Provincial, Antoni Serra.

En general en la masonería denominada "liberal"  cuyo extremos comparten varias Obediencias  (GLSE, DH, la punta más extrema por decir algo la ocuparía el GODF, pero en general este tipo de masonería nunca ha tenido problemas a la hora  mostrarse en publico, y si uno va a las hemerotecas o a las videotecas o poscat, pues verá diversos documentos de ese "querer mostrarse" , y podrá reconocer rostros, y libros, blogs etc... material en abundancia relacionados con este tipo de masonería. La anterior es más reacia a ese escaparate.

Pero está claro que la "sorda guerra" por querer ocupar espacio social y potenciar sus membresía hace que que se ahora se pongan casi todos al pie de calle aunque cada uno se muestra a su manera y forma de entender la masonería. 

En estos dos artículos se pueden ver las posiciones: 
Victor Guerra

LA MASONERIA REGULAR EN LA PRENSA DE BALEARES.


La masonería mallorquina cumple veinte años y sale a la calle

palma   rp masoneria mallorquina foto jaume morey

Foto de jaume morey Artículo de  Germà Ventayol | Palma | 01/11/2012

La Gran Logia Provincial de Balears cumple dos décadas y la masonería se dispone a salir a la calle «para normalizar las relaciones con la sociedad», en palabras del gran maestre, el médico Antoni Serra, quien admite que «se sigue pensando que hacemos cosas raras» fruto de la herencia provocada por la imagen distorsionada que generó la dictadura franquista.
Un piso de la calle Monterrey de Palma alberga la Gran Logia, el espacio en el que -en palabras del propio Serra- tienen lugar «los psicodramas», las reuniones de los masones mallorquines a las que acuden sus miembros ataviados con los correspondientes mandiles de diferentes colores y ornamentos, en función de su categoría -aprendiz, compañero o maestro- o línea de incorporación -la francesa o la alemana-.
«Nuestro objetivo final es ser mejores personas», apunta Serra tras una representación de una tenida que él dirige desde su Trono de Salomón. Una sucesión ordenada de rituales conforman los encuentros masónicos -la simbología es omnipresente, empezando por el suelo ajedrezado- «en los que tenemos prohibido hablar de política y religión», destaca el gran maestre.
Serra enfatiza que la masonería «trata de transmitir unos valores eternos y perdurables basados en la fraternidad, la tolerancia, las relaciones con la naturaleza, el número Fi -del que hay numerosos ejemplos en la catedral de Palma-... en definitiva, la belleza y la armonía».
Los masones tienen vetado el proselitismo, «pero la puerta para entrar es pequeña y grande para salir», apunta el gran maestre que considera que el principal reclamo para los nuevos adeptos «es la honradez y la eficacia en el trabajo. Nosotros no imponemos nunca nada».

 Nada que objetar a lo dicho por el Gran Maestre Serra,  y como contrapunto este otro estilo de mostrarse, el de Oscar  Rivero miembro de  La  única logia masónica liberal en Castilla y León, (de la GLSE )  abre sus puertas    (los paréntesis son  del editor)
ABC / VALLADOLID Día 04/11/2012 - 19.36h

masones
ICAL Oscar Rivero, venerable maestro


 A modo de introducción.-   "Antes nadie y hora todos"

Desde el más discreto de los silencios que casi siempre guarda la "masonería regular"  pues ahora nos situamos en el otro extremo  en una  masonería denominada "liberal"  en la que nunca ha sido tan problemático ese querer mostrarse, y si uno va a las hemerotecas o a las videotecas o poscat, pues verá diversos documentos de ese "querer mostrarse" .


De esta logia, castellano-leonesa  la cual ha tenido tan tortuoso nacer, se podría hablar tanto. De sus referentes como triángulo dependiente de la Logia Atanor de Madrid, y que luego levantó columnas como logia con doble cabeza: Asturias y Valladolid: Logia Amigos de la Naturaleza y la Humanidad, (GLSE)  que conllevó emplazar la dirección en esa bicéfala cabecera con Pepe Iglesias como Venerable Maestro y Juan Carlos Daza como 1º Vigilante, y en la cual nos conjuntamos Manuel Canaval 2º Vigilante,  Paulino Lorences, Ricardo Rodríguez, estos últimos venidos de otros proyectos,  y yo mismo como nuevo miembro, año 1996-1997.

Viajes y más viajes y desencuentros de entendimiento  sobre la óptica masónica hizo que parte de los miembros de los astures dejáramos la GLSE , ante la pasividad de esta y de su Gran Maestro (J. Otaola)  ante un cambio de dirección y talante que se le pedía

Así es como llega el GODF a las tierras astures al embarcarnos en esa búsqueda de otra masonería.

 Luego los restos de ese taller  de la GLSE, terminarían tras un complicada existencia, desahiciéndose del viejo título distintivo del siglo XIX, y levantarían con Manuel Canaval  y luego Orlando Iglesias,( hoy en el Oriente Eterno) la denominada logia  Indivisiblenº 51   también con esa doble sede, que fue poco a poco siendo solamente una,  debido a la tenacidad de los castellanos leoneses y al agotamiento de los astures, pues afrontar viajes y viajes cada mes entre una y otra capitalidad, cruzando la Cordillera Cantábrica agota a cualquiera.

Perdí contacto con la nueva logia, pero supe que iba enderezando sus pasos y reorientando su quehacer muy discreto, rayando el más puro secretismo, y con inmaduras ideas de mezcolanzas esotéricas que se han ido recomponiendo hasta llegar a presentar esta imagen que hoy nos trasmite su actual Venerable Oscar Rivero, una imagen normalizada del trabajo masónico, en consonancia con la idea base de la Gran Logia Simbólica Española.

Victor Guerra

Aquí les dejo con la entrevista que se le hizo al Venerable Oscar Rivero el ABC.es:

Podría parecer sacado de otra época, pero no. La mayoría de los viandantes que pasan a diario por delante de un local con cortinillas y una persiana metálica en la puerta, ubicado en uno de los barrios obreros más humildes de Valladolid, difícilmente podría intuir que está delante de una verdadera logia masónica en activo, la Indivisible nº 51, la única existente en Castilla y León de las adscritas a la Gran Logia Simbólica Española, y en la que, lejos de conspiraciones, secretos templarios o trucos de magia, se «enseña a pensar» y a llegar, en la medida de lo humanamente posible, «al conocimiento del universo y del mundo a través del propio autoconocimiento», tal y como sostiene su actual presidente, Óscar Rivero.

El Venerable Maestro de la respetable logia Indivisible nº 51 -para los masones, la correcta terminología es tan importante como el escrupuloso seguimiento de su ritual- explica con sencillez y sin afectación que las logias son «un foro para hablar de determinada manera con personas lo suficientemente tolerantes como para escuchar sin criticar, argumentando sus opiniones».

«Sabemos dudar de todo, empezando por nuestro propio pensamiento.Aquí no hay exaltados», añade el presidente de la logia vallisoletana, vestido de paisano, sin el traje, la corbata ni el habitual mandil que llevan hombres y mujeres en las «tenidas», término con el que definen las reuniones que mantienen en la sala principal de su taller, llena de símbolos que la mayoría de ellos interpretan a la perfección y que para muchos profanos tampoco son desconocidos ni ajenos del todo.

De hecho, si alguien se detuviera a observar por entre las lamas de esa persianilla metálica que les separa de la calle podría reconocer las herramientas básicas del albañil, «maçon» en francés, desde la Edad Media: el martillo y el cincel, el compás, la escuadra o el nivel... No en vano, los constructores de las catedrales más importantes de la cristiandad fueron también los creadores de la masonería original, la denominada como operativa, cuyos miembros adquirían más y más conocimientos sobre su profesión según ascendían de nivel: de aprendiz a compañero y, finalmente, a maestro, los tres grados que se mantienen, tal cual, en la actualidad.

El final de la era de los grandes constructores de catedrales marcó un cambio sustancial para la masonería, que se transformó en especulativa, es decir, pasó a aplicar los viejos conocimientos a la búsqueda de una construcción más abstracta, la del templo del conocimiento. Eso sí, los viejos ritos se mantuvieron sin muchas modificaciones para no alterar su significado y para honrar «la tradición» y a los masones primigenios. «Nuestros rituales han sufrido pocas modificaciones a lo largo de los siglos. Sólo ha cambiado lo que tiene que ver con la forma de hacer entender el lenguaje. Lo sustancial permanece desde 1717», cuando la masonería especulativa nació en tierras británicas, apunta Óscar Rivero, quien se gana la vida como «aprendiz de empresario», tras tener que abandonar forzosamente el puesto de directivo que ocupaba en una empresa.
Unos cuantos conceptos
El ritual y los símbolos son dos de las cosas que deben manejar con soltura los aprendices. Así, el ojo que todo lo ve simboliza al «gran arquitecto del universo», la «idea de lo suprahumano» para los masones, quienes aceptan cualquier credo religioso, siempre que no sea «extremista», o ninguno. El ojo se enmarca en un triángulo, cuyos lados representan «la libertad, la igualdad y la fraternidad», los mismos principios que inspiraron la Revolución francesa o a los padres de la patria de Estados Unidos -todos masones- para separarse de Gran Bretaña y redactar una constitución encabezada por las palabras «Nosotros, el pueblo».

En el taller, el «lugar» donde se reúnen físicamente los masones -frente a la logia, un concepto más humano o espiritual, referido al encuentro de los masones como tal y no al escenario donde éste se desarrolla-, también están presentes las constelaciones y los signos del zodiaco como recreación «del universo»; la espada, emblema de «la caballería»; la granada, cuyas «semillas tienen una capacidad generadora» y encarnan «la unión entre masones»; el «menorah» o candelabro judío de siete brazos, que es «la luz»; la Biblia cristiana, «la tradición»; o una piedra sin tallar y otra tallada, el proceso de la adquisición de conocimientos, de la construcción del individuo.

Los aspirantes también deben reconocer, en el centro del salón de reuniones, las tres columnas, alegoría de «la sabiduría, la fuerza y la belleza», virtudes que «las obras más completas» deben atesorar, precisa Óscar Rivero. De ahí que los masones se refieran a la fundación y desaparición de la logia de una determinada población como a «levantar» o «abatir columnas.

Todos estos símbolos, y muchos más cuya profunda explicación llenaría varios reportajes, son básicos en el ritual que los hermanos ofician hasta en su letra más pequeña en las tenidas y que pasa por respetar el turno de palabra o por moverse siempre de una determinada manera, la de las agujas del reloj, sobre un suelo de azulejos blancos y negros en damero. El objetivo, alejado de la parafernalia «mística» de películas de Hollywood como «La búsqueda» (Jon Turteltaub, 2004) o de novelas superventas como «El símbolo perdido» (Dan Brown, 2009), es que «todo esté mecanizado, salvo la mente y el pensamiento», es decir, que a fuerza de repetir los mismos gestos, la persona se libere de lo que le rodea y se centre únicamente en sus ideas y en las de los demás.
El poder del silencio
Para llegar a este grado de concentración, lo primero que debe aprender el aprendiz es «a guardar silencio» en las reuniones, un «silencio activo», dirigido a escuchar al resto de hermanos y a «estar atento a lo que sucede», sin verse interrumpido por la necesidad de contestar, de «elaborar respuestas» mientras se escucha, como en una conversación normal, lo cual resta «capacidad de atención», puntualiza Óscar Rivero, convencido de que «todo lo que se habla entre las cuatro paredes» de una logia «tiene un sentido distinto», matizado por los símbolos y el ritual. Por ello, añade, «nunca se podría hacer masonería en un bar».

En contra de la creencia popular, para ingresar en la masonería no hay que conocer la ubicación exacta de la silla del rey Salomón ni del fabuloso tesoro de los templarios, ni tampoco beber sangre dentro de un pentáculo. Basta con «solicitarlo» y mantener una serie de «entrevistas» con los miembros de la logia. En ellas, se le explicará al aspirante, entre otras cosas, lo férreo del ritual, lo cual echa para atrás a muchos, y se detectará si es «un extremista o un radical», caso en el que no tendrá sitio allí, o si por el contrario es «una persona con mayúsculas, libre y de buenas costumbres».

En cuanto al perfil, el Venerable Maestro de la Indivisible nº 51 afirma que no hay ninguno. «No nos fijamos en las capacidades intelectuales ni en la posición social o económica. Somos absolutamente variopintos y admitimos todo tipo de criterios y de formas de pensar, siempre desde el punto de vista de la virtud» y con «los fanatismos» como «restricción», ya que la masonería es, en esencia, «adogmática». «No puede haber una verdad absoluta. Ni nos ha sido ni nos va a ser revelada. En eso nos diferenciamos de una secta, y en que no tenemos ningún gurú», recalca, vehemente, Rivero, preocupado por desterrar todos los sambenitos con los que «el franquismo» cargó a la masonería y, a la vez, «aburrido» de hacerlo por tener que «recurrir siempre» al pasado reciente de España para ilustrar lo «mal vista» que sigue estando su institución a este lado de los Pirineos.

«Pero es cierto. En otros países, como Francia, Gran Bretaña o EEUU, poner en el currículo que eres masón es un plus. Aquí, no», se lamenta, para luego esgrimir en favor de sus hermanos que en la masonería «se crece porque se conocen distintas opiniones». «La pluralidad de pensamiento enriquece. Si todos pensáramos lo mismo, esto no sería una logia sino una peña de fútbol».

1 comentario:

Carlos Limongi dijo...

Bajo mi punto de vista (que puede estar errado) la masonería de todas las Obediencias Españolas pueden aportar enormes valores a la sociedad actual. Una sociedad que está en "crisis" de valores: producto del materialismo, consumismo e individualismo preponderante del sistema en que vivimos.

Un sistema, que indistintamente de bueno o malo, explota lo "mejor" (profesionalmente) y lo peor de la naturaleza humana (el egoísmo y la envídia).

Son muchas las frases que suenan campanas y alarmas al mismo tiempo. "Nuestro objetivo final es ser mejores personas". "en los que tenemos prohibido hablar de política y religión", aunque vale destacar que la política tiene muchos colores y matices!, así como partidarios dentro y fuera de cada obediencia.

Posiblemente uno de los grandes secretos de la Masonería a desvelar al mundo profano sea que: "lejos de conspiraciones, secretos templarios o trucos de magia, se "enseña a pensar" y a llegar, en la medida de lo humanamente posible, "al conocimiento del universo y del mundo a través del propio autoconocimiento".

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