Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

1 de noviembre de 2012

EL ANTIMASONISMO RAMPANTE




 
No sé en otros países y latitudes, pero en España el antimasonismo aunque ha bajado el pistón en estos últimos tiempos, no por ello se pude decir que se ha dejado de estar presente en la confección de nuestra historia masónica.

Antes eran los Taxil, los Boor, el obispo Martínez Vigil, Vázquez de Mella, el Marques de Valdelomar, Ferrari Biloch…. etc.., masones de la vieja hola que se han ido al otro barrio, y como se dice en estos casos, que Dios los tenga en su gloria.

La vieja guardia y han sido sustituido por nuevos adalides como: D. Ricardo de la Cierva, Don César Vidal, Vicente Alejandro Guillamón, José Antonio Ullate y últimamente en esta larga lista del antimasonismo rampante se puede añadir al sacerdote D. Manuel Guerra Gómez, que se le puede reconocer por ser el gran difusor de la membresía masónica del ex-presidente José Luis R. Zapatero, y que como buen historiador antimasón tiene como gran referente a otro gran experto a D. Ricardo de la Cierva.

El tal Guerra Gómez tiene en su haber un par de libros sobre el tema masónico: La Masonería Invisible,(titulo que comparte con D. Ricardo dela Cierva) y el otro libro es La Trama Masónica (2006). Con este segundo libro parece que el buen cura ha tenido problemas y habla de la muerte editorial de es tratado antimasónico, y gracias al GADU no por la acción de los masones (lo reconoce el propio autor) y es que La Trama Masónica no vuelve a salir al mundo mundial, aunque no es de extrañar viendo las lindezas que le dedica Pepe Rodríguez, dados los patinazos del buen señor historiador.

En esta ocasión el buen cura Guerra Gómez, con el cual nada tengo en lo familiar, salvo que compartimos apellido, y pasión, aunque cada uno en distintas orillas, yo en la masonería y el en antimasonismo.

Pues bien este buen cura-experto en masonería, ha editado otro nuevo libro titulado: Masonería Religión y Política. Editorial Sekotia nada que objetar hace su trabajo y cumple una misión cuasi divina..

Como uno compra todo lo que se edita en este país, pues como dice un Hermano granadino y filólogo, pues eso que hasta de los antimasones se aprende algo, por tato allá me fui a mi librería de siempre (Paradíso) y ya me tenían la gran obra preparada para llevarme puesta.

Lo primero comprobar en la propia librería si me había caído o no del santoral del Sr. Guerra Gómez pues en el libro de La Trama.... ya me había sacado a relucir unas 3 veces y comprobé que esta ocasión había subido al ranking de ser citado unas 6 veces , no esta mal … para repetir siempre lo mismo…

Camino de la oficina fui ojeando el libro y las sorpresas fueron morrocotudas, primero en las citas ver a mi amigo y Hermano Antonio Palomo Lamarca , con una frase sacada de su libro Silentium Aureum. Ensayos Masónicos. Que por la cita no de extrañar que la haya cogido porque luego eso justifica medio libro; lo más fliplante es que al llegar al Prologo que firma el mismo autor y que tras presentar su queja porque hubo dos masones que le criticamos duramente, el dice que agresivamente, yo la verdad es que le he dedicado unas citas pero poco más: Los nuevos antimasones, y supongo que deberá referirse a Pepe Rodriguez que no es masón pero el tal Guerra afirma o afirmaba que sí.

Pasada la primera sorpresa, veo que el buen sacerdote muy agradecido él, dedica un sonado homenaje a Joan Palmarola (Maestro Masón) ya que las aportaciones y correcciones que le había hecho llegar en su momento eran interesante, así como el comentario que hacía el propio Palmarola y que recoge en el prólogo, y que Palmarola le dice a un profano: "Lee la Trama Masónica que, aunque escrita desde una perspectiva que no comparto , es objetiva"…J)

La cosa no acaba ahí, sino que otro agradecimiento que encuentro a continuación es a Llorenç M.A. Lluel editor del periódico "Le Monde Diplomatique" y significado Hermano Masón ya que es el Gran Maestro del Gran Oriente de Andorra, que además de estimularle, parece ser que el GM le remitió los tres rituales simbólicos del Gran Oriente de Andorra, un prontuario y hasta la Constitución y Reglamento supongo que su Obediencia…

Otra cosa que me ha sorprendido es que una de las bases documentales que utiliza con cierta profusión el buen Don Manuel Guerra son los escritos de la revista que edita y dirige mi Querido Amigo Ricardo Polo: Hiram Abif, revista y artículos que cita aunque en general son los escritos por el ya citado Joan Palmarola.

Es la primera vez que veo que un antimasón da las gracias  a masones por sus aportaciones y abre con ellos su libro... Cosas veredes.....

Aunque me imagino que los Hermanos  implicados en estos agradecimientos es de suponer que habrán entablado contacto con el buen pater para aclararle algunas cosas..., y el señor cura pues ya se sabe, como siempre llevando la harina a su molino pues los pone en primera linea a modo de buenos  colaboradores ...  Esta visto que jugar con estas cosas que carga el diablo... pues traen estas consecuencias tan desagradables..

Otra de las cuestiones que me habían pasado desapercibidas, de las sorpresas que fui hallando  tras caminaba por lo cual preferí darle un repaso más detenido ante un café y en es que esas  primeras citas  el Pater Guerra Gómez hace una revelación que nos ha chafados a todos  los historiadores el buscar cierta acta de iniciación masónica de quien ha sido el fundador y miembro activo del CHEME: Ferrer Benimeli; o sea que Don Manuel Guerra ya nos adelanta que parte del trabajo historiográfico del Jesuita Ferrer Benimeli, se ha estropeado por su militancia masónica, ya que en su momento fue conocido José Antonio Ferrer Benimeli bajo el nombre simbólico de "Danubio Azul" un poco floripondio… pero todo es posible y hasta explicable…

Mete también a Mauricio Javier Campos, como otra de sus fuente al que cita unas cuantas veces y está también como base bibliográfica a pie de página. la verdad es los masones servimos los mismo para un roto que para un descosido, para criticar a las religiones que para aportar documentos al "enemigo" No tenemos remedio.

Y a partir de aquí se abre el libro con toda una historia de la masonería, contada por el buen cura a su modo y manera, centrando luego el texto en los temas fuertes del antimasonismo: El Secreto Masónico, la Masonería y religiones , tema al que dedica 110 paginas y luego se centra en Masonería y política con 212 pagina que también va trufando de subcapítulos de temática religiosa,, como El Padarigma cristiano sustituido por el Masónico, donde no se como mete un tema sobre los narcomasones, par sacar a relucir a la mafia italiana y la existencia de narcos en la las logias mexicanas. Todo para no decir nada.

En general D. Manuel Guerra centra todo su libro sobre dos temas Religión y Política, como sí la masonería no tuviera más campo de acción que ceñirse a la acción política y al campo religioso y el desarrollo laicista como oponente, donde por cierto Don Manuel Guerra no hace más citarme una y otra vez bajo el epígrafe del movimiento laicista y co-fundador de Europa Laica, que no es más que un copia y pega del libro anterior. O sea que se repite más que los loros.

Por lo demás el que tenga ganas de gastarse unos 24 euritos y enfrentarse a a 450 paginas.. ya sabe de que va el rollo antimasón del señor Guerra Gómez, corta y pega de muchos sitios, muchos nombres dados como masones y así se construye la antimasonería española.

Víctor Guerra MM.:.

28 de octubre de 2012

LA TRADICIÓN… ¿ TRAICIONADA..?


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Cuando las cosas no salen como se quiere o se persigue, o cuando el grupo que lidera un taller desea acabar con las voces discordantes, o críticas,  se suele ir a la aplicación "sensu strictu” de las leyes,  en en nuestro caso es  la aplicación de los llamados Reglamentos Obedienciales, y eso los estamos observando en algunos problemas expuestos en los foros masónicos.

Eso de enrocarse en la aplicación a rajatabla de los Reglamentos es toda una tentación que está como bastante extendida en el seno del desarrollo logial y Obedencial.

Es más, me da la sensación que cuando algunos acuden o invocan a los Usos y Costumbres, o sea la Tradición, que debe formar parte de un taller junto  los Reglamentos de la Orden, en forma de Reglamento Particular, noto que hay como una cierta tendencia a pensar que se está invocando una tradición que parece estar fuera de ciertas órbitas obedienciales liberales, pues no es menos cierto que  hay quien  adjudica esos Usos y Costumbres  como patrimonio exclusivo de masonería ortodoxa,  o mal llamada “regularidad”.

Esto de la ausencia de Reglamentos Particulares en la logia siempre nos afectará de un modo u otro, y  sería bueno que estuviesen siempre presentes en la logia como ya he dicho conformando parte con los Reglamentos Obedienciales.

Unos “Usos y Costumbres” a modo de Reglamentos Particulares, que no estarán evidentemente en contraposición con los Estatutos y Reglamentos de la Orden, pero que ayudarán a la hora de organizar y articular un buen desarrollo de la vida logial y que deben recoger los acuerdos y el ser y estar de la logia, para que haya menos hueco a los personalismos.

Los Usos y Costumbres significan  recoger y plasmar, unas reglas del juego a donde no llegan los Reglamentos y que debe  formar parte de nuestro bagaje a trasmitir, y no es menos cierto que  a veces esos parámetros de uso y aplicación se pierden como una referencial vital de la propia masonería.

En este sentido quiero traer hasta este pizarrón un  artículo de un Maestro Masón de la Gran Logia de Francia, de cuya Obediencia me queda por decir que siempre se han significado por tener una membresía de una alta talla intelectual, en general muy equilibrados, es por ese motivo por el cual aporto el trabajo del Hermano Jean-François Pluviaud, que publicó en el en el Nº 133 de Points de Vue Iniciatiques, que es la Revista oficial de la Gran Logia de Francia., y que viene a situar muy bien el contexto de la Transmisión y la Tradición y el papel que juegan en la vida logial y cuya conceptualidad debiera empaparse esa confección del Reglamento Particular de “Usos y Costumbres” logiales.

Dice Pluviaud:

"La Transmisión es una de las palabras fundamentales de la Masonería. Se nos presenta como un deber inexcusable, una de las finalidades específicas de la Orden. Como ocurre con la mayor frecuencia, le compete a cada masón (es algo intrínseco a nuestro método) descubrir qué es aquello que está obligado a transmitir, cómo debe transmitirlo y, sobre todo, a quién debe transmitirlo.

En primera instancia, la transmisión tiene que ver con la perpetuación de la vida; pero también, por extensión, con la perpetuación en el tiempo, a través de una cadena de transmisión humana, de una idea o de un comportamiento determinado. ¿Qué sentido cobra entonces la transmisión en la Masonería? Un masón no debe conformarse con cualquier respuesta a esta cuestión, con una idea vaga; pues requiere de una reflexión para encontrar y dar el sentido correcto a la palabras y a las ideas.

La Orden Masónica halla su fundamento en una Tradición, que contiene y da expresión a lo esencial de la vida iniciática y en particular a cuanto concierne al papel y al lugar del hombre en el universo. La Tradición no es “la Verdad”, objeto de la búsqueda de los masones. La Tradición es, simplemente, la búsqueda de una respuesta para la pregunta primera que ya debió plantearse el hombre al convertirse en sapiens-sapiens : “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?”.

La Tradición es obra de los hombres, lo que quizás no resulte demasiado gratificante para algunos de ellos. Pero una Tradición es algo muy diferente a lo que solemos llamar “las tradiciones”. La Tradición es original, fundacional; las tradiciones contienen y expresan las creencias de un grupo determinado y son generadas por ese mismo grupo; dependen de la existencia de éste, son contingentes. A la misma pregunta, única, constante y universal, se ha dado una diversidad de respuestas de diferente naturaleza y de ellas han surgido las distintas religiones y, en consecuencia, las civilizaciones. En Occidente, la respuesta más frecuente ha recurrido a la verdad revelada y al correspondiente teísmo. Otras posibles respuestas se apoyan en postulados metafísicos y espiritualistas acompañados de todo un sistema moral y del comportamiento y de las implicaciones que de él caben deducirse.

En la Orden Masónica los diferentes Ritos se prefiguran en función de las tradiciones a las que están asociados, todas ellas interpretaciones específicas de una misma Tradición primera y sus diferencias atañen también al modo en que son puestas en práctica. La propia Orden es la responsable de la Tradición fundacional, cuyo olvido o modificación supondría una desnaturalización del pensamiento masónico en su conjunto y afectaría incluso al sentido mismo de nuestro compromiso con él. La primera responsabilidad de la Orden consiste, pues, en asegurar la transmisión de la Tradición, expresión del fundamento de nuestro empeño y camino iniciático, de la doble naturaleza del hombre –espíritu y materia-, y de la necesidad absoluta que éste tiene de restablecer el equilibrio entre ambas naturalezas, si quiere cumplir su proyecto de transformación de la humanidad.

Pero si la Orden es la responsable de la Tradición, esto no implica que la haya recibido en depósito oficial ni que sea su propietaria exclusiva. En caso contrario no nos hallaríamos muy lejos de una forma de revelación, acontecimiento totalmente antinómico con el hecho masónico. La masonería es una propuesta que se hace a los hombres para que encuentren el sentido de sus vidas y nunca ningún masón ha pretendido que se trate de la única respuesta posible o de la única solución imaginable; es una vía entre otras, aunque su coherencia y sobre todo las perspectivas que ofrece le confieren un atractivo innegable.

La Masonería ha heredado un método que, a través de los siglos, se ha ido enriqueciendo con cierto número de procedimientos, de maneras de ser que ya le son propios y que suponen un modo de llevar a la práctica una metodología iniciática universal. El conjunto constituido por la búsqueda de respuesta a la cuestión existencial, más todas las implicaciones derivadas de esa misma búsqueda –incluyendo elementos comportamentales- es lo que se denomina por extensión como “Tradición masónica”.

La Tradición de la que la Orden es depositaria ha sido elaborada a partir de una interpretación propia de la Tradición primera, de una lectura específica de ella, y de la tradición humanística de la que se reclama el pensamiento occidental, con una mirada particular que nace de una sensibilidad también particular. Quienes nos adherimos a la Masonería lo hacemos por afinidad con esta visión de la naturaleza del hombre y de su misión existencial; una visión con la que nos identificamos con precisión y que nos identifica, una visión de la que nuestra Orden es depositaria y responsable, una visión que la misma Orden ha construido.

 No hay en ella presencia alguna de la revelación: son los hombres, armados sólo de su inteligencia, de su “espíritu” y su incoercible necesidad de saber, quienes han formulado las etapas de esta búsqueda destinada a conjugar su angustia vital. Para el hombre que ingresa en la Masonería, aquél que comienza a hacerse preguntas y, evidentemente, a imaginar las respuestas sobre la naturaleza de sus mismos aspectos constitutivos, se produce una especie de revelación a partir de este acceso a la conciencia de sí mismo: la revelación de la idea.

Esta Tradición, que constituye el alma y el corazón de la Masonería, es lo que debe ser transmitido. Sin embargo, debemos tomar conciencia de que dicha transmisión sólo puede realizarse en el tiempo, en el largo plazo, no en el espacio de una sola vida sino a escala de todo el género humano. Para que pueda llegar a convertirse un día en una realidad para todos los hombres, es necesario que esta Tradición permanezca inmutable a través del espacio y del tiempo; por tanto, es necesario que sea transmitida en toda su integridad y su autenticidad. Y tal es la misión de nuestra Orden.

Para asumir su elevada misión, a partir del principio anteriormente insinuado (“sólo lo vivo transmite y sólo lo vivo puede ser transmitido”), la Orden masónica hace vivir la Tradición en los seres gracias a la vivencia de los principios masónicos. Al dotarlos de vida, la Masonería logra que esos principios puedan ser transmitidos ya que “estar vivo” es la única condición indefectible para la transmisión.

La Masonería, por sí misma, no transmite nada: forma hombres, iniciados en la vivencia de sus principios y son estos hombres quienes, a su vez, los transmitirán a otros hombres formando una cadena de iniciados que, ésta sí, asegura y garantiza la transmisión. No hay que confundir el principio fundador y el mensaje que contiene en su seno (mensaje que, a pesar de las vicisitudes de la Historia, debe mantenerse vivo y atravesar el tiempo) con los procedimientos de formación del hombre en tanto instrumento de la transmisión. Son procedimientos idénticos en su esencia pero contingentes en su forma. La Masonería suscita y construye hombres que darán vida a los principios al vivenciarlos, y así lograrán transmitirlos. Sin la acción de tales hombres la Masonería sería letra muerta, una mera curiosidad intelectual.

Es esta la Tradición que estamos obligados a transmitir como mensaje a todos los hombres de buena voluntad.

El deber de la ejemplaridad.

La cuestión no es, pues, la de saber qué se ha de transmitir, sino cómo podemos transmitirlo. Hoy, los masones dejamos a nuestros sucesores unos trazos e indicios muy concretos: escritos, rituales, procedimientos.., lo que los masones operativos denominaban un “saber hacer”.

Todo eso es muy útil e importante, pero no es suficiente; porque, a pesar de todas nuestras precauciones, ese “saber hacer”, ese método, se perderían o se desviarían si no alcanzamos a transmitir su razón de ser. El conjunto de nuestra Tradición no puede resumirse o traducirse a unos cuantos discursos, palabras o escritos. Ser masón es un estado, una manera de pensar y de vivir. El método adecuado para transmitir esta esencia es simple. De hecho, sólo hay uno: vivir. Vivir la Masonería en todo cuanto implica. Lo que da forma a eso que conocemos como “ejemplaridad”: Seremos creídos sólo si somos creíbles; seremos respetados sólo si somos respetables.

Esta forma de transmisión, la “ejemplaridad”, es la primera y más importante de todas. Sin ella, sin los comportamientos que implica, todo resulta una simple ilusión. Cualquiera que sean nuestros principios y teorías, no serán sino letra muerta si no los practicamos, si no los vivimos.

Cada masón está llamado a transmitir la Masonería viva. Y la transmitirá siendo él mismo Masonería, pues los masones no somos, ni individual ni colectivamente, más que transmisores, ejemplos vivos. Nuestros comportamientos son los responsables de la supervivencia de la Orden.

Transmitir, si, pero… ¿trasmitir a quién? Si dijéramos que a todos los hombres, diríamos una profunda verdad. Sin embrago, tal respuesta ha de ser convenientemente modulada.

A los Hermanos masones, en primer lugar, además de los principios que constituyen lo que podríamos denominar “la gran idea”, hay que transmitirles el método, los usos y costumbres, los comportamientos, los procedimientos y el vocabulario de la Orden. Esta transmisión intenta explicar el sentido profundo y la razón de ser de nuestra manera de actuar y de comportarnos; y las razones que nos llevan a adoptarlas. En una palabra, debemos explicarles la Masonería, instruirlos en Masonería. Depende de nosotros que se conviertan en buenos masones, pues la naturaleza y la calidad de nuestros discursos son con la mayor frecuencia determinantes en la evolución de los demás. A ojos de los Hermanos, de todos los Hermanos, somos enseñantes; pero enseñantes que no enseñan lo esencial y que son conscientes de la imposibilidad de hacerlo. Ayudamos, señalamos el camino, rectificamos… pero cada uno ha de recorrer su propio camino.

En segundo lugar, en lo concerniente a los profanos, nuestro papel no es el mismo; no podemos, evidentemente, mostrar la Masonería de la misma manera. Por definición, los arcanos de la Orden, el detalle de sus procedimientos, debe permanecer en el secreto reservado sólo a los masones. Hemos jurado no revelarlos. El secreto es el fundamento mismo del método, del descubrimiento de sí mismo conforme se va progresando. Revelar este secreto abiertamente, sin ninguna precaución, supondría la negación misma de nuestro sistema.

Como contrapartida, se puede decir algunas cosas, mostrar cuál es nuestro ideal, expresar nuestros principios, recordarlos o proclamarlos, dirigirnos a lo que hay de más elevado en cada persona.

Todo esto quiere decir, una vez más, que la transmisión no puede existir ni cumplirse si no es por medio de la ejemplaridad.

Cualquiera que sea la calidad o la elevación de nuestros discursos, si las palabras no están de acuerdo con los actos no servirán de nada. Logramos transmitir cuando somos precisamente aquello que queremos transmitir, “mostrándolo” antes que “diciéndolo”. Sin excluir por ello, obviamente, el decir: Hay que decir, decir incansablemente… y mostrar, y poner al alcance de los ojos. Esta ejemplaridad debe ejercerse en todos los dominios. No se pueden mantener dos actitudes diferentes según se trate con masones o con profanos, pues no hay más que una actitud posible: ser conforme a los propios principios.

Se puede por tanto afirmar que es necesario transmitir y que de ello depende la supervivencia de la especie, la pervivencia del espíritu; que no podemos elegir, que estamos ante una necesidad vital. Al igual que transmitimos la vida biológica debemos transmitir la del espíritu, de manera que ambos, armoniosamente equilibrados, avancen a un mismo ritmo, que es la condición esencial para la realización del progreso de la humanidad.

Debemos transmitir nuestra Tradición, nuestra visión del hombre, de su papel y de su lugar en el mundo, debemos transmitir el espíritu. A la pregunta: “¿según qué método de transmisión?” sólo hay una posible respuesta: siendo ejemplares, encarnando los principios que queremos transmitir.

Y debemos transmitir a todos los hombres sin ninguna restricción, por cuanto somos universales.

Debemos transmitir un mensaje único en el espacio y en el tiempo. En el espacio, esto es, en toda la superficie de la tierra, y en el tiempo, es decir, a todas las generaciones futuras. Y en eso consiste nuestra misión.”

Jean-François Pluviaud

Texto traducido por Víctor Guerra MM.:.

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