Lo expuesto en este blog, solo responde a los criterios
personales de su autor como Maestro Masón

25 de abril de 2014

LA MASONERIA EN ARGENTINA Y AMERICA LATINA: ENTRE LO LOCAL Y LO GLOBAL

2014, 2e SEAHRMA (lite)

Mi Querido Amigo Dévrig Mollès, me hace llegar  la información y la invitación al  II Seminario Euro-Argentino de Historia de las Redes Masónicas Atlánticas.

Biblioteca Nacional de la República Argentina
Jueves 22 & viernes 23 de mayo de 2014 (14h – 18h30)
II seminario euro-argentino de historia de las redes masónicas atlánticas
Entre local y global: la masonería en Argentina y América latina
Centros y periferias: las redes masónicas en perspectiva local, regional, nacional e internacional

Realmente la semilla del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española  (CHEME) lleva dando  frutos, pero también alrededor de dicho árbol han ido naciendo otros nuevos plantones como este Seminario que organizan Devrig Mollés y Claudio Ariel Giménez , con  apoyos como  el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL–CONICET) ;  el Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES, Universidad Nacional de Tucumán - CONICET) y el Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani" (Universidad Nacional de Buenos Aires – CONICET)

Es una pena que la globalidad no nos alcance todavía aquellos que estamos fuera de los contornos universitarios, para poder participar en estos interesantes coloquios tanto históricos como masónicos. Pero nos conformamos con al menos ir leyendo las ponencias que se presentan a uno y otro seminario que tiene este requerimiento:
VG
Hacia una historia multidimensional
Este seminario aboga por una historia multidimensional, atenta no sólo a las circunstancias locales, regionales y nacionales, sino también a los ritmos comunes que unen el moderno sistema-mundo. ¿Cuál es su utilidad social? Las ciencias históricas y sociales contribuyen a la formación de capacidades y representaciones colectivas e individuales. Así, durante el siglo XIX, la "historia-nación" y la "historia-prócer" acompañaron la consolidación de los Estados nacionales europeos y americanos, a los cuales proveyeron identidades geográficas e históricas, padres fundadores, contenidos éticos, etc. La perspectiva nacional permanece legítima y necesaria. Sin embargo, ¿bastará a las futuras generaciones para pensar y actuar en un mundo globalizado y en una América latina integrada? ¿No impone nuestra circunstancia una superación de esta sola perspectiva?
La modernidad atlántica y sus dispositivos
Europa y las Américas forman el "Triángulo atlántico", área cultural a partir de la cual se difundió la modernidad occidental. Desde la Conquista del siglo XVI, algunos ritmos comunes vinculaban al "Antiguo" y al "Nuevo" mundos. La Revolución francesa, las Guerras napoleónicas, las Independencias americanas y las Revoluciones industriales –en una palabra la doble revolución del siglo XIX (económica y político-cultural)- los precipitaron en procesos convergentes de cambio social y cultural.

Desde los años 1960, el concepto de modernización se impuso para designar estas múltiples dinámicas. Originadas en la Europa occidental del siglo XVI y poderosamente estimuladas por la doble revolución del siglo XIX, tendieron a la formación del actual sistema-mundo. Extendido sobre múltiples áreas políticas y culturales, este sistema-mundo se estructuró en centros, periferias y semi-periferias articuladas por una economía, por una ideología y por redes sociales.

Estas modernizaciones no resultaron de una predestinación ni de un sentido positivo de la historia. Resultaron de la expansión de las potencias y de las sociedades atlánticas: mientras las comunicaciones se ensanchaban, mientras se formaban vastos imperios coloniales, el exilio y las migraciones se masificaron. En su huella, potencias y sociedades difundieron un modo de producción social y cultural particular, articulado por una ideología (la ideología del Progreso) y por dispositivos que autorizaron su transferencia, su adaptación y su hibridación a otras circunstancias. Flexibles y polimórficos, estos dispositivos remitían a escalas micro (usos del cuerpo y del tiempo, disciplinas, rutinas y otros modos de producción biopolítica), intermediaria (sociabilidades) y macro (el modelo europeo del Estado ampliado, compuesto por una sociedad civil y por una sociedad política).

Entre cultura, política y religiones, la emergencia de una opinión pública internacional fue uno de estos dispositivos. Generación tras generación, exiliados y emigrados consolidaron redes civiles internacionales, transfiriendo prácticas sociales y culturas políticas. De este crisol surgieron nuevas formaciones socioculturales, instituciones y grupos sociales de los cuales algunos conformaron espacios públicos internacionales. Articulaciones ubicadas entre sociedades civiles y sociedades políticas separadas por fronteras, estos espacios públicos generaron redes internacionales. Fueron el vector de múltiples transferencias e hibridaciones culturales. Confirieron potencia y flexibilidad a la civilización atlántica durante su expansión planetaria.
Las redes masónicas atlánticas, América latina y Argentina
Las primeras redes civiles que trascendieron los límites del Estado-nación, una suerte de sociedad civil internacional embrionaria, ¿sólo aparecieron después de 1850, como fue recientemente afirmado? En realidad, ¿no señaló su surgimiento la invención de la masonería durante el siglo XVIII? Entre local y global, ¿no fueron las redes masónicas el prototipo fundador de esta opinión pública internacional?

Aparecidas entre Escocia, Francia e Inglaterra en la bisagra de los siglos XVII y XVIII, estas redes fueron un crisol de ciudadanos del mundo. Desde 1720-1730, se ramificaron en América del Norte, en los Caribes y en los enclaves coloniales de África y Oriente. En las Américas del Centro y del Sur, estrechamente vigiladas por la Inquisición y por las monarquías católicas ibéricas, sólo aparecieron después de 1790.

Polimórficas, se descomponían en una multitud de modalidades, intenciones y potenciales. Flexibles, se adecuaban a sensibilidades religiosas y políticas variadas. Transversales, reunían a públicos de nacionalidades, condiciones y opiniones diversas. En su seno, actores políticos y sociales, aristócratas, burgueses y elites obreras, trabajadores y aventureros, exiliados y emigrantes, diplomáticos y militares, marineros y comerciantes comulgaban en esta Fe en un Progreso continuo e irresistible típica de los tiempos modernos.

Producto y agente de la modernidad atlántica, prototipo fundador de la opinión pública internacional, la masonería hubiese podido alimentar los cementerios de la historia. No obstante, su desarrollo llega hasta hoy. Según las estimaciones más serias, la esfera masónica mundial reúne hoy de 3 a 4 millones de individuos, diseminados principalmente en Europa occidental, América del Norte, América latina y Australia.

Se atribuye a estas redes cierta influencia pasada y presente. Pero, ¿Qué es lo que realmente se conoce de ellas? ¿Fueron las redes masónicas, en Argentina y Latinoamérica a partir de los años 1790, el vector de nuevas culturas políticas y de nuevas prácticas sociales? ¿Fueron un factor clave -pero aún muy mal conocido- en la historia de las Américas independientes? ¿Contribuyeron a su organización nacional, regional o local? ¿Contribuyeron a su modernización y a su integración atlántica? ¿Contribuyeron a la integración y la autonomización de América latina? ¿Jugaron y pueden jugar un papel relevante en la geopolítica y en la geocultura latinoamericana?
Historia y memoria
Aunque juzgada importante, la cuestión masónica permanece mal conocida y poco estudiada de manera científica, tanto a nivel empírico como a nivel teórico.

Ignorada por la historiografía universitaria generalista, esta cuestión sólo se constituyó como objeto de investigaciones científicas a partir de los años 1950-1960 en Francia y a partir de los años 1980 en España. Confrontadas a un vacío casi total, estas escuelas han privilegiado las perspectivas locales y regionales, antes de abordar la perspectiva nacional y, muy recientemente, internacional.

En América latina y en Argentina, tradicionalmente, la masonería no constituye un objeto de investigaciones universitarias. Las excepciones son escasas, parciales y generalmente localizadas sobre algunos episodios de historia nacional.

Abandonada durante mucho tiempo a militantes y aficionados, la cuestión masónica suscitó una vasta literatura de calidad y de interés muy relativos. Por una parte han proliferado las supercherías, las simulaciones y la invención de neo-tradiciones. Por otra parte, la cuestión fue el motivo de múltiples batallas en las cuales católicos y masones se disputaron la hegemonía sobre la memoria histórica nacional; estas obras relevan generalmente de una crónica encapsulada en los viejos moldes de la historia-nación y de la historia-prócer; generalmente, carecen de los cuatro pilares que han orientado la renovación de las ciencias históricas y sociales desde la Primera Guerra mundial: la crítica historiográfica, los aportes documentales, la comparación internacional y la conceptualización científica.

Participación
Los jueves 22 y viernes 23 de mayo de 2014, entre 14h y 18h30, la Biblioteca Nacional de la República Argentina recibirá el IIo Seminario euro-argentino de historia de las redes masónicas atlánticas, organizado con el apoyo de varias instituciones científicas y culturales. La participación y la asistencia son libres y gratuitas. Un comité científico internacional representativo de diversas especialidades regulará la calidad de los contenidos presentados. Examinará todas las propuestas que le serán realizadas en español, en portugués, en francés o en inglés, velando por su justa evaluación científica. Estas comunicaciones serán posteriormente publicadas como volumen de la Nueva Historia de las Redes Masónicas Atlánticas (Editora de la Universidad Nacional de La Plata).

Propuestas: enviar datos profesionales, CV resumido y propuestas a Centro de Documentación e Investigación sobre Masonería & Libre Pensamiento, Juan D. Perón 1242, C1038AAY Ciudad de Buenos Aires (Argentina) o a : devrigmolles@gmail.com

Calendario: envío de las propuestas hasta el 15 de mayo de 2014; entrega de los artículos para publicación antes de diciembre de 2014.

21 de abril de 2014

Recordando a Francisco Espinar Lafuente



La memoria histórica española es muy frágil, y sus referentes suelen caer en el olvido a poco que el inexorable tiempo camine, y eso es lo que ha pasado con la figura de Francisco Espinar Lafuente. 

Muchos voceros de las Redes Sociales, ponen frases y más frases, o recuerdan una y mil veces lo ya publicado... y sin embargo a dichos vigilantes de la globalidad se les ha pasado esta carta, tal vez porque no venía con simbolos masónicos.

Se ha publicado en Almería y la rescato esta carta  sobre quien fuera un permanente referente del GRAN ORIENTE ESPAÑOL UNIDO (GOEU) y que acabaría integrándose  Espinar Lafuente en la Gran Logia de España, porque su autor rescata a su vez a una personalidad de la primigenia masonería española como fue Francisco Espinar Lafuente. 
VG




Recordando la última vuelta a casa de Francisco Espinar, ilustre masón almeriense
A propósito de las II Jornadas de Historia de la Masonería en Almería

Francisco García Marcos

Han pasado casi diez años. Fue una primavera de 2004 cuando tuve la primera noticia de Francisco Espinar Lafuente, gracias a mi compañera y amiga María Luisa Calero, catedrática de lingüística general de la Universidad de Córdoba. María Luisa me hizo llegar una gramática universal, el Pangeo, de la que don Francisco era autor. Leí el original y me quedé sobrecogido. Aquello estaba hecho con un fundamento lingüístico realmente impresionante, mayor que el del Esperanto, por acudir a un referente conocido por todos.
Repasé, primero mentalmente, después en mis notas, y no encontré la ubicación del lingüista Francisco Espinar. 

No existía tal lingüista oficial, aunque eso lo supe más tarde, cuando trabé contacto personal con el autor. En realidad era un hombre de leyes, un almeriense hijo de militar fiel a la República, exiliado durante muchos años, que había desarrollado parte de su carrera profesional en Marruecos, donde llegó a ser juez tras la independencia de ese país. El resto de su vida jurídica continuó en la Universidad Complutense de Madrid, de la que fue Profesor Titular en la cátedra de Hernández Gil. Me impresionó.

Más anonado todavía me dejaron las conversaciones telefónicas que empecé a mantener con don Francisco. Nos llamábamos para comentar su Pangeo, aunque la gramática universal terminara convirtiéndose en el preludio de cualquier otro tema. Conversábamos sobre mil asuntos, sin guión previo, en tiempos imprevisibles, siempre prolongados, aunque yo tuviera la invariable sensación de que solo había discurrido un pequeño y cálido instante. Un buen día se me ocurrió comentarle que andaba atribulado con mis clases de Historia de la Lingüística, sobre todo con la repercusión epistemológica que contiene toda historia de una disciplina científica. Y entonces me envió su Más allá de la ciencia.

Empecé a sospechar que don Francisco, también era epistemólogo. Leí el libro. En efecto, era epistemólogo, y además con mayúsculas. Para encontrarle parangón a aquellas páginas había que remontarse, no sé, a Feyerabend, Khun, Lakatos, Morin o Hanson, a lo mejor de la epistemología de los últimos tiempos. Y entonces tuve la ocurrencia definitiva. Le propuse a don Francisco que viniera a contarle aquellas cosas a mis estudiantes, que volviese a su Almería. Aceptó entusiasmado de volver a su tierra, en compañía de su hijo Paco. La tarde antes de su conferencia recorrimos las calles del centro, los ambientes de su infancia que supo desenterrar tras las fachadas y los edificios que los habían sustituido, quizá incluso suplantado.

A la mañana siguiente nos encaminamos hacia el Aula 1 de la Facultad de Humanidades. Las muchas cosas que ya sabía de don Francisco me bastaban para presentarlo ante mis estudiantes. No obstante, siempre precavido y diligente, él me había preparado un curriculum abreviado. Lo fui leyendo, mientas penetrábamos en el hall de nuestro edificio. Entonces me detuve ante un dato. Levanté la vista y lo debí interrogar con la mirada. Me cogió el brazo con afecto. “Sí, hijo, debes decirles que he sido Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33”. Esbozó una sonrisa. Continuaba cogido de mi brazo, del que no se separaría hasta que alcanzamos el estrado. “¿Sabes? Va siendo hora de que este país sepa lo mucho que ha hecho la masonería por él”. La conferencia fue imponente, recordada todavía hoy por quienes asistieron a ella, como uno de los hitos intelectuales más imponentes de nuestro joven recinto universitario.


Aquellos días yo trasteaba en León Felipe por un encargo que me había realizado otro querido amigo, José Valles, catedrático de Teoría de la Literatura, destinado entonces en el cuerpo diplomático en México. Conservaba la viva impresión causada por mi primera lectura de Ganarás la luz, sobre todo recordaba sus imágenes poderosas y, en especial, la enorme fuerza vital que transmitía León Felipe. La segunda lectura, sin embargo, me estaba resultando distinta, me daba la sensación de que detrás de las imágenes latía un mundo cifrado, todavía más poderoso. Como nunca interrumpí mis charlas telefónicas con don Francisco, en una de ellas le debí comentar mis cuitas con la poesía de León Felipe.

 “¿Seguro que no era masón?

Tengo que releer Ganarás la luz. Ya te contaré”. Ni dudé de que don Francisco, como siempre, volvería a llevar razón. Naturalmente, no sé había equivocado. Pregunté a través de mis contactos en México donde, efectivamente, León Felipe estuvo acreditado como masón activo. De esa manera tropecé con un hilo impensado cuando inicié mi trabajo sobre el poeta muerto en el exilio mexicano. León Felipe formaba parte de un elenco amplísimo de intelectuales vinculados a la masonería durante la II República Española.

Es más, no era un elenco cualquiera, sino la columna vertebral que cambió radical y profundamente el país, en el sentido más solvente del término. La masonería española fue la impulsora de una nueva cultura, protagonizando una intensa actividad que articuló una nueva educación, desde su más refinado exponente, como fue la Institución Libre de Enseñanza, hasta la cotidianidad pedagógica más primaria, como hizo Odón de Buen en la música o la Escuela Moderna, seguidora directa de las ideas de Ferrer i Guardia, en la enseñanza primaria.

Fueron masones como Ramón y Cajal quienes homologaron la ciencia española a nivel internacional, quienes nutrieron de militares demócratas las filas del ejército, empezando por Ramón Franco, quienes predicaron tolerancia y democracia en política, quienes aportaron páginas tan decisivas al pensamiento español como las escritas por Ortega, quienes protagonizaron la apasionante etapa artística de aquel tiempo, caso de Antonio Machado o, entre otros, León Felipe. Una vez más, don Francisco me había ayudado de manera extraordinaria. La pista era buena, estupenda. Me llevó tiempo, pero al final fui capaz de reconstruir un puzzle riquísimo que, desde luego, confirmaba los muchos servicios realizados por la masonería a este país. Se lo envié a don Francisco y me quedó el consuelo de que lo leyó antes de su fallecimiento en octubre de 2007.

Por todo ello, cuando he conocido la celebración de las II Jornadas de Historia de la Masonería en Almería no he podido menos que recordar a Francisco Espinar, mi entrañable amigo masón. Ojalá sirvan para aproximarnos a ese legado de los masones que trabajaron, con altruismo y tesón, empeñados en mejorar este país, en hacerlo más culto, más libre, más moderno y más tolerante, valores que son auténticos tesoros colectivos en los tiempos que corren. Actividades de este tipo son, antes que nada, una señal de normalidad cívica e intelectual, espero y deseo que irreversible. Pero, al mismo tiempo, no dejan de reparar un legado, el masónico, singularmente maltratado en un país que, a veces, da la sensación de haberse librado del yugo político de la Dictadura, pero seguir arrastrando alguno de sus atavismos mentales.

Hablar sobre masonería en una universidad pública es también un signo de sanidad mental, un hecho de justicia histórica, una forma de recobrar un ejemplo de personas que se condujeron en función de valores honestos y constructivos. Sobre todo ello, sobre política, integridad y tolerancia, ¿cómo no?, también escribió esa inteligencia inmensa que fue don Francisco, almeriense, masón, polígrafo, sabio, ser entrañable. Pero eso forma parte de otro capítulo, eso sí, de la misma historia.

F. García Marcos
Catedrático de Lingüística General
Universidad de Almería


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...