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personales de su autor como Maestro Masón

28 de noviembre de 2017

A raiz de la lectura del libro: El Silencio en Masonería de Josep Lluis Domènech

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Este es un tema que siempre me ha interesado desde sus más variadas perspectivas, y no es para menos, porque según San Google, este tema tiene marcadas como entradas 318.000 referencias.

La cuestión del Silencio, en masonería cobra mucho más significados y significancias, y más cuando se le combina con otro tema como es el Secreto, lo que para mi no dejan de ser combinaciones forzadas, al menos dentro de algunos discursos, pues digamos que lo que me interesa en este caso,  es el silencio en logia ,y sobre todo aquel que se le impone al Aprendiz, a cuyo tema he dedicado algunas entradas al respecto:


Hoy me interesa traer el tema teniendo como referencia el libro que recientemente ha publicado el Hermano Josep-Lluis Domènech Gómez en Masónica.Es, con el título El Silencio Masónico.

No deja de ser paradójica la propuesta del título, puesto que se desarrolla evidentemente desde la subjetividad personal de un masón pero ello no deja de presentar una premisa inefable acerca de la existencia del SILENCIO MASONICO, lo cual nos lleva a planteamientos un tanto sofistas, puesto que el silencio como tal no existe en masonería, o mejor dicho, no existía, al menos hasta que se ha implantado esta seudomística del silencio como herramienta masónica de primer orden como vemos dentro del orden de defensores y proclamadores del silencio como valor absoluto en la formación masónica.

La prueba más evidente de la no existencia  no la muestra el mismo Domènech, el cual dedica unas 200 páginas a reflexionar sobre el hecho, y siendo por otro lado muy poco el espacio el que dedica al tema del Silencio en masonería, más allá de sus combinaciones con el Secreto, o el Silencio de los símbolos, o del pase al Oriente Eterno. Se hace toda una hagiografia un tanto santificada del silencio pasando por muchas escuelas y corrientes de pensamiento, y poco por las estaciones masónicas.

Por otro lado, la misma bibliografía que se adjunta al libro, ya nos da algo que pensar, pues son muy escasas las referencias de pensadores masónicos que se adjuntan como referencia de estudio y lectura. En este sentido hago una llamada en cuanto a la exposición de temas masónicos varios, este o cualquier otro, en los cuales en general en vez de acudir las fuentes como pueden ser los rituales, lo que se hace es ir autores o diccionarios varios, entre los que se suele encontrar siempre al famoso Guenón, que ya es una referencia mítica, o cuando no al otro famoso Lavanigni, que está hasta en dudas su pertenencia a la masonería,  sin embargo no hay, por lo general, una aportación textual o referencial de lo que son nuestras estructuras esenciales, que son los rituales. Parecen invisibles a nuestra mirada.

Como mucho, Domènech, echa un vistazo a la Masonería Operativa para hablarnos del Silencio de la Piedras y concluir con un Código Moral Masónico que parece descender de las Constituciones de Anderson (1723), aunque el autor también nos indica que hay muchas variantes de este Código.

Cuando uno rebusca en las referencias rituales antiguas, llámense catecismos, pre-rituales o rituales del siglo XVIII, no se encuentra esa permanente llamada al Silencio en logia, que parece estar como encastrado en el sentimiento que se le ha ido pegando a la masonería en base a la fecunda idea de lo caballeresco y del hermetismo, donde el silencio juega un papel importante, al igual que lo juega en los ámbitos monacales en ese permanente accésit en busca de lo divino.

Pero la masonería, tanto operativa como la especulativa, son de otra pasta y consideración, y su silencio está circunscrito a la revelación de los secretos, que tanto problema ha traído a la propia masonería, y cuya cuestión, o sea la de guardar silencio sobre los trabajos, o sobre la pertenencia si que en parte son una realidad o algo entendible, pero la imposición del silencio a la columna del Norte es una concepción que ha instalado a modo de cierta mordaza en las citadas columnas del Norte, ignorando que la equivocación y la rectificación son también buenas escuelas de formación..

A mi entender es vano preguntarse sobre el silencio para qué, porque de eso se han encargado todos los autores masónicos y profanos, recordándonos una y otra vez y de forma machacona los beneficios del silencio  en las religiones místicas y mistéricas, en las culturas pitagóricas, herméticas y alquímicas, en los recintos monacales, obviando por un lado,que los gremios profesionales de cantería, los llamados masones operativos, no estaban en esa constante del silencio, tal vez los monjes canteros, lo estuvieran, pero puedo asegurar que el ambiente logial de los canteros, como hijo de albañil cantero que soy, ese gen del silencio  no está en su repertorio de conceptos a desarrollar.

El trabajo grupal de cualquier obra, conlleva el habla, la comunicación, y hasta si se quiere la ruptura de diversos mundos cotidianos, y el hablar nos abre a otros mundos y a los otros. 
No trataré aquí de ver como opera la palabra, y esta como medio de comunicación y formación, pero sí que quiero dejar una pincelada sobre estos temas.

La masonería operativa apenas si muestra una especial inclinación sobre el silencio más allá de acotar la discreción y cierto silencio, sobre el mundo interno de las logias, como gremios profesionales libres, y por tanto era entendible ese silencio a modo se mantener a buen recaudo como secreto, los quehaceres y las directrices internas y su propia libertad.

Y no deja de ser curioso que se habla del silencio del Aprendiz, subyugado al Maestro, aunqueno debiéramos perder de vista ni la época ni las circunstancias, ni las dependencias, en ese sentido traigo a colación el silencio ante la presencia de los más viejos del lugar, por respeto admiración y conocimiento, pues ellos ya habían viajado, visto y hablado, y mucho, incluso de aprendices....

Por otro lado, me inquieta que el Silencio, que tan bueno parece ser, solo se aplique a los Aprendices, cuando en consonancia con esa buena receta esta debiera ser aplicada a los Maestros, que debieran ser los primeros en mostrar las bondades del silencio, y no el pontificado hablar desde la maestría, puesto que negamos a la columna del Norte por su desconocimiento, y resulta que los Maestros se desenvuelven con apenas cuatro tópicos mal aprendidos en el manejo de la palabra.  En fin son las paradojas que contiene nuestro permanente quehacer masónico y logial.

Por otro lado, si el silencio hubiera sido tan importante en pos del progreso del masón en ese sempiterna mejora de la humanidad, los padres fundadores de 1717 que venían de tiempos revueltos, hubieran hecho un esfuerzo para que tal regla estuviese claramente expresada en las Constituciones de 1723 o de 1738. 

Y puedo entender que el seno de la llamada masonería de tradición, embebida de cierto misticismo cristianizante se quiera instituir el silencio como norma en ese permanente arraigo por establecer parámetros seudo místicos, aunque luego resulte que tales directrices y normas no rijan en las logias inglesas, ni  en los rituales al uso.

En fin, valgan estas notas como contrapunto al libro de Josep-Lluis Domènech, que no por lo que yo he comentado  dejo de reconocer que ha escrito un libro interesante hilando distintas visiones acerca del silencio, aunque lo ha hecho tambien desde la honestidad de partida de indicar que son sus subjetivas reflexiones sobre dicha temática.´

Aunque  por mi parte ya digo eso «lo que no quiero para mi no lo deseo para los demás», y por tanto, tal posición deja a las claras que soy partidario de permitir el libre albedrío en la logia, y si los Maestros dan buen ejemplo, pues a buen seguro que el Aprendiz impetuoso irá tomando nota y rectificando, lo cual nos irá dando la medida de su mejora, sin olvidar que una de las artes de la masonería primitiva, era precisamente la Oratoria, que junto con la geometría, nos invitaba a trabajar en el mundo de la expresión y el raciocinio, cuestiones que parecen que se trabajan muy poco en muchas estructuras masónicas.

He dicho

Victor Guerra

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