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personales de su autor como Maestro Masón

20 de enero de 2017

CLAVES PARA ENTENDER LA MASONERIA ESPAÑOLA

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Entender la masonería española no es tarea fácil, puesto que ella no reúne las concomitancias que se dan con otras masonerías continentales debido a una serie de fracturas, de idiosincrasias que la han hecho diferente en muchos aspectos, y aunque los masones/as queramos emparentar con esa universalidad masónica de la que tanto se habla, nuestras condicionantes como pueblo, como cultura, como hombres y mujeres teñidos de profundas idiosincrasias culturales nos complica la vida en lo masónico. Nuestra propia historia como pueblo es un buen ejemplo de ello.

Tal vez lo de «Spain es diferent», se deja notar en cuanto uno pisa las tierras del Norte, o las tierras del Oeste, y visita las logias de esas latitudes en las que se deja notar que hay otro sen, otra historia, otra percepción…y otras concepciones masónicas.

La masonería española es el resultado de una extraña simbiosis que arranca parcamente en el siglo XVIII, lo cual nos han contado muy bien los jesuitas: José Antonio Ferrer Benimeli o Pedro Álvarez Lázaro, por no aquello de no acudir a los historiadores masones del siglo XIX, que al decir de los entendidos mentían más que hablaban, y por tanto sus añejos cronicones hay que tomarlos con cierta prudencia y distancia.

Lo que digo es una medio mentira o una verdad a medias, pues cuando se repasa la historia masónica española uno observa que se ha aureolado da todo liberal, demócrata o progresista que se preciara, incluyendo en el repertorio alguna que otra oveja negra, que también las hubo.

Sí queremos hacer una pequeña prueba no hay nada más que ir a los viejos listados de miembros de los Supremos Consejos del Grado 33, donde constan tanto miembros como grandes Comendadores, sobre algunos de los cuales hay grandes dudas acerca que estos fueran francmasones.

Esa prueba del algodón se puede realizar pasando el hisopo histórico sobre la figura de D. Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, a cuyo personaje alguna gran estructura masónica tiene a gala sobrestimarlo como todo un antiguo Poderoso Gran Comendador del Supremo Consejo del REAA del Gran Oriente Español de 1760, sobre cuya membresía el insigne historiador Ferrer Benimeli, pone en sus trabajos de investigación muy en duda de que tal personaje haya sido francmasón o que tuviera inclinaciones masónicas, o que favoreciera a estos.

Así se ha ido construyendo la masonería española, que empezó con un extraño y controvertido personaje como Felipe de Wharton, Duque de Wharton y Northurbeland, Caballero de la Orden de la Jarretera, que desde la primera piedra masónica cimentada en Madrid como la logia Las Tres Flores de Lys, terminó fundando una extraña sociedad antimasónica la Antigua y Noble Orden de los Gormogons. 

  Este personaje también fue alter ego, al igual que el Conde Aranda de la masonería regular española, cuyo título llevó impreso una Logia de Investigación en su título distintivo y su revista de trabajos, una publicación de la Gran Logia de España, sin olvidar que dicho Duque paradójicamente esté enterrado en católico, en la iglesia del Monasterio de Poblet.

Así arranca la historia masónica española llena de mitos y mitologías, aunque también ha habido trabajos intensos en cuanto al trabajo masónico, aunque tal cuestión siempre ha estado rodeada de míticas y tópicas leyendas sobre las cuales la duda siempre está colgando; y sí nos dejamos llevar por ella resulta que todo noble español era un notable masón, según la considerable aportación a la historia de la hidalguía y nobleza española que ha hecho el profesor Javier Alvarado, que recoge a cientos de masones como parte del elenco de la nobleza española.

Pero no se trata aquí de desentrañar mentiras y verdades de la masonería española, aunque tal vez el tricentenario del nacimiento de la masonería, debiera en el caso de España servir para algo más que para mirarnos el ombligo y hablar de las excelencias que a veces conocemos más bien poco. Este tricentenario debería servir para abordar con juicio autocrítico la construcción de nuestra propia historia, con una revisión crítica sobre nuestro quehacer, dejando de contar logias y masones a modo de rebaños de ovejas, y dejar de poner a los masones sellos a modo de churras y merinas diferenciando sus pedigrís de rojerío o de liberales, tal y como se viene haciendo desde hace veinte años con la construcción de una historia masónica, que en líneas generales está muy clonada.

LA MASONERIA ESPAÑOLA Y EL DESAGUE: Escasos 150 años de historia

La historia de la masonería española, es la historia del desagüe, pues por ese conducto se ha sumido, una y otra vez, todo nuestro quehacer una y mil veces.

La famosa logia la Matritense, o La Flor de Lys, fueron utopías que se perdieron en el olvido, aunque los Fernando: VI (1751) y Fernando VII,(1814) dieron buena cuenta de que ello sucediera así, por tanto la historia masónica de ese período es escaso, controvertido, y dejó pocos testigos y miembros para volver a recomenzar en el reinado de Isabel II la actividad masónica, en cuya regencia se decreta una amnistía para los masones, pero prohíbe la masonería. El Bienio Progresista apenas aportó una breve actividad masónica no más allá de cuatro o cinco años.

Fue el llamado Sexenio Democrático, tras la famosa Gloriosa empezaron las primeras estructuras masónicas a funcionar, cuya fecha podemos colocar como punto de partida en 1868, dicha actividad hiramista tuvo continuación en la llamada Restauración borbónica, pero en 1898 el declive fue casi total, o sea que apenas hubo unos treinta años de trabajos intensos y de notables hechos, y de activos talleres en numerosos Orientes y Grandes Logias.

Luego vendría tras otro lapsus, una etapa dorada una masonería muy politizada que se dará entre 1900 y 1936 (Alfonso XIII, Primo de Rivera, la II República y el alza del fascismo con Francisco Franco a la cabeza) un período que al final del trienio volvió a sumir a la fuerte masonería española del momento por el desagüe histórico con otros treinta seis años de activos trabajos.

La actividad de las organizaciones del Compás y la Escuadra, digamos que no volverán a lucir sus emblemas en España, hasta la llegada de la transición, hasta la década del 1980 con la reanudación de los trabajos por parte de la Orden Le Droit Humain (DH) luego vendrían otras Obediencias.

A este respecto, indicar que los españoles somos diferent, pues por ejemplo el DH, su Federación Española digamos que está más ubicada en el recordatorio de sus mitificados fundadores franceses (Deraisme y Martin) que en singularizar su propia historia cimental en España, pese al trabajo de fundaciones y algunas singulares aportaciones de reputados historiadores, como María José Lacalzada, de hecho, la Fundación que da imagen al DH en España lleva el nombre de Marie Deraisme, como si no hubiera habido referentes importantes del quehacer masónico español para ponerle nombre a dicha fundación.

En fin, renunciamos a lo propio en favor de lo extranjero. Digamos que es una constante muy española. Aunque a veces hay que hacerlo para olvidar tanta desesperanza.

Y hasta hoy, (2017) o sea que hay que sumar  otros treinta y ocho años de masonería.

Sí sumamos todos los años en los cuales en España hubo actividad masónica veremos que apenas si estos llegan a los ciento cincuenta años de masonería, y eso se deja notar, por la cantidad de años y las fracturas

LA PERMANENTE RUPTURA HISTÓRICA MASÓNICA

Por otro lado, la masonería española ha vivido en una permanente ruptura desde sus inicios, no parece que haya habido mucha madurez para afrontar desarrollos más o menos tranquilos y duraderos, puesto que esta por lo general ha estado casi siempre marcada por las implicaciones políticas y sociales tan convulsas que ha vivido el propio país en cada época.

Las grandes lagunas espacio temporales en el desarrollo masónico han sido casi siempre una constante, sin olvidar la fracturación de las logias o su permanente caída y levantamiento, incluso las propias Obediencias, una y otra vez embarcadas en mil y un mal querer y rencillas que han ido desde lo personal a las implicaciones políticas de distinto signo. Ha sido un «sin dios» que se ha llevado por delante miles de masones y proyectos masónicos, dejando una extraña patina en el quehacer masónico español en el cual ha tomado como impronta el mito de Sísifo.

Por ese motivo los masones españoles han estado década tras década, subiendo a la cima de su utopía su proyecto y a punto de culminarlo, por una u otra razón, este se ha venido abajo llevándose por delante todo cuanto había sido construido o se hallaba en su entorno: proyectos, trabajos, esfuerzos de todo tipo…, etc.

Eso nos ha conferido una forma de entender y afrontar el hecho masónico de forma muy peculiar, reconstruyéndonos tras cada caída en la mayor parte de las ocasiones sin el aporte de viejos referentes, sino muy al contrario teniendo que empezar de nuevo, reinventándolo todo: ritos y rituales, modos y maneras. 

En fin, en cada ocasión se ha tenido que vertebrar una reconstrucción total de la masonería, pues como digo tras la caída de un período hemos visto poquísimos miembros del anterior proyecto sumarse a los nuevos quehaceres, bien porque se  se estaba ya muy fatigado, o se era  muy mayor, o ya no quedaban más arrestos para nuevas utopías.

De ahí el fructificación de logias y Obediencias a lo largo de toda nuestra historia masónica, en la cual salvo en el nacimiento que miramos hacia Inglaterra, nuestra punto referente siempre ha sido Francia, por eso se puede decir que en España casi nunca ha tenido masonería regular, y menos de filiación anglosajona.  Nuestra mirada, nuestra referencia masónica, bien directa o indirecta, siempre han sido francesa, de hecho, las logias de cuño francés, han pululado por estas tierras desde José Bonaparte, y luego en 1850, o los intentos de restablecimiento de logias en 1890, o la nueva oleada del 2004 bajo el cuño del Gran Oriente de Francia (GOdF).

Sin que por otro lado haya dejado de haber una gran pluralidad y diversidad de Orientes y Grandes Logias de corte nacional, algunas un poco a su aire, pero la referencia en líneas generales ha dio la que indico, para bien o para mal, y dado que nuestra cultura idiomática es parca, pues ello nos ha dejado al margen de la producción filosófica-masónica tanto de origen francés  pese a las influencias que desde el otro lado de los Pirineos siempre nos han llegado.

La cuestión inglesa siempre nos ha costado mucho más, ni son vecinos si la lengua inglesa se nos ha dado en tiempos anteriores bien del todo.

Indicar que tan solo la labor de un notable masó:  Miguel de Morayta Sagrario,  en un momento de crisis, de las tantas habidas, logró en 1889 unir a la diversa masonería española bajo un solo sello: Gran Oriente Español, bajo el cual la masonería española, de carácter liberal y republicana llegó desde finales del siglo XIX hasta la llegada de la Guerra Civil (1936).

Esta parte de la historia de Morayta la recogen historiadores como Asunción Ortiz de Andrés, o el excelente trabajo de Tomás Aguilera Durán, pero como se ve conocemos la vida de Marie Deraisme, que la propia, por poner un ejemplo.

En todo caso, en parte, hasta 1938  la historia masónica española se recoge en 24 tomos que ha ido editando el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME, que en su día echó a caminar de la mano del jesuita José Antonio Ferrer Benimeli, y en cuyo volumen editorial podemos encontrar partes de esa historia, eso sí en su mayoría realizada por historiadores  no masones

DE NUEVO EL EMPRENDIMIENTO Y LA MADUREZ: 1979

Tras el naufragio del 36 y la desaparición masónica al completo en suelo patrio con la manía persecutoria del general Franco hasta la llegada de la Democracia en 1979, la masonería  volvió a vivir un nuevo episodio como fue volver a levantar el trabajo masónico en territorio español, algo que en líneas generales está aún por historiografíar, pues  apenas si tal período  ha dejado su impronta en los papeles, salvo por la aproximación del libro de Pepe Rodríguez: La Masonería al descubierto, donde deja ver una vez más, la inmadurez y los escasos  palos del sombrajo para iniciar de nuevo el periplo sin apenas piedras para los cimientos, sin apenas obreros, con bastante poca ayuda exterior, y teniendo por bandera patria a modo de sello de identidad: el orgullo, la idiosincrasia, los egoísmos, pero también la fuerza y coraje de afrontar trabajos de incierta naturaleza.

Una nueva era que además conllevó, casi desde sus inicios, la aparición de un nuevo axioma que no se había manifestado como tal en el seno de la masonería española, y como tal apareció en el escenario masónico la llamada masonería regular, de origen anglosajón, la cual  llegó de la mano de,la Gran Logia Nacional Francesa (GLNF), y  que desde sus inicios entró en  batalla para poder hacerse hueco propio en la sincopada masonería española que se iba poblando de organizaciones masónicas bajo una pléyade de banderías y siglas: GOE- GOEU- GLE- GLSE- DH- GOI- GOC- GLC , etc..

Tras una movida época de luchas intestinas en el seno de las diversas estructuras masónicas de una y otra concepción, se ha ido caminando hacia una cierta madurez en la cual las organizaciones hiramistas se han  ido consolidando en en cuanto al número de miembros, y en sus posiciones sociales y políticas, unas de forma más abierta unas más que otras, hasta completar un escueta conformación masónica que se sitúa entre los 4000 y los optimizados 4500 miembros masones que se cree que hay en España, eso sí  reunidos bajo las más diversas concepciones y banderías.

Esta membresía de la masonería española, digamos que siempre ha estado en esas cifras. El Gran Oriente Español en 1928 daba sus cifras reales de miembros, y estos estaban en torno a los 2.780 masones, si a ello uniéramos los de la Gran Logia Española (Catalano-Balear) o sea unos 500 masones,  estaríamos hablando de aproximadamente unos 3.500 masones.

Hoy nos situamos en unos 1000 masones más, que no son muchos si los comparamos con los casi 300.000 masones  que hay en Francia actualmente o el millon y medio que puede encontrase en México, pero hay que tener en cuenta un factor importante en lo uqe respecta a España, y es la gran cantidad de masones que han quedado en las orillas del trabajo masónico; bajas, irradiados, expulsados, abandonos que es un dato importante que nos hace singulares con respecto al Continente.

La pelea y el celo en cuanto a la transparencia de las membresías masónicas, y el hecho de querer, unos más que otros, hacerse herederos directos de la masonería de logró bajo su empeño Miguel de Morayta Sagrario, es también singular. Por cierto en España no hay ninguna logia que lleve como título distintivo su nombre, lo cual ya dice mucho de nuestra masonería y sus proyecciones masónicas.

En la España de los bastardos nadie quiere aparecer como tal , y no son pocos, con o sin razón, quienes levantan banderías queriendo  anexionar los presupuestos masónicos del primer tercio del Siglo XX, que fueron muy peculiares y particulares, aunque sobre todo relacionados siempre con la concepción masónica de tipo liberal u adógmatica, cuya línea representan estructuras masónicas como la Gran Logia Simbólica Española (GLSE), Le Droit Humain (DH), Federación Española, el Gran Oriente Ibérico (GOI) Grand Orient de France (GOdF), entre otras…, en general todas ellas de carácter multigénero.

Estando en la otra orilla,  la llamada Masonería regular o dogmática que representa la Gran Logia de España, organización de carácter masculino, que comparte con alguna de otra pequeña Obediencia.  En esa consideración de monogénero estaría también la Gran Logia Femenina de España (GLFE).

En cuanto a los temas rituales, podemos decir que España ha practicado dos ritos importantes el Rito Francés, (RF) por ser el rito de las logias francesas que vinieron en la época napoleónica, y luego con las logias bajo la égida del GOdF, pero hoy tal práctica ritual  es algo más que residual dentro del seno de las practicas rituales que desarrollan las distintas Obediencias, que generalmente están circunscritas al Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) y la paradoja aparición el rito de Emulación, que nunca tuvo plaza en España, y que nos llega de la mano de la regularidad, puesto que son bastantes las logias de la GLE que lo practican.

Hablar de todas estas cosas es complejo y muy complicado, por tanto, tras estas pinceladas.., en las próximas entregas hablaré de las claves para entender la Masonería Regular y la Masonería Liberal, desde los conceptos en que se mueven el universo masónico, y de cómo entendemos los masones españoles dichas concepciones, que no siempre parece ser coincidentes.

Esta es a gruesas pinceladas las claves para entender la masonería española.

En su tiempo (2009) hice un largo trabajo , hoy en parte desfasado, que puede resultar interesante consultar PARA ENTRAR EN MASONERIA



Víctor Guerra
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