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30 de diciembre de 2018

28 de diciembre de 2018

PEQUEÑA GUÍA DEL AMOR FRATERNAL, EN TRES POSICIONES Y SIETE VARIANTES


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¿Se puede hablar de amor? ¿Se puede hablar de Fraternidad? Es difícil hablar de lo que se experimenta, se vive profundamente, que es a la vez evidente e imperceptible… No se puede sino ser reductor, y es evidente que el amor fraternal puede tomar formas infinitas que no podrían resumirse ni ser abordadas en este texto… ¡Esto último no puede sino ser otra cosa que decepcionante! Tanto más cuando se habla menos del amor así mismo, que de sus métodos de expresión.

Con el fin de entender algunos de nuestros funcionamientos, y con el fin de mejorar algunas de nuestras prácticas, me pareció cómodo y necesario ser un poco simplificador, elegir algunos signos un tanto arbitrarios y constituir esta pequeña guía del amor fraternal en tres posiciones y siete variantes.

¿En esta reflexión obviamente altamente simbólica (a partir del título ya no hay el paso, el amor, la fraternidad, el número 3 y el 7? …), no es necesario esperar a encontrar las recetas de la seducción, tanto de los Hermanos como la de las Hermanas, del sexo como del poder; no hay mucho que aprender de la mayoría francmasones en este ámbito… 

En realidad, se trata sobre todo de reflexionar sobre nuestros métodos de percepción del mundo y sobre nuestras relaciones con nuestros semejantes (cuyos HH.:. no son más que un caso particular). El amor Fraternal es en efecto el substrato del vínculo que debería existir entre todo humanos como entre todos los Francmasones. y las posiciones del amor fraternal son también las de nuestra interacción con el mundo.

Esquemáticamente la concepción que se hace del mundo puede basarse en dos posiciones:

- Aquellos que consideran el mundo como una cuestión acabada; Ya no les queda nada por arreglar o encontrar. Se les puede calificar de “pasivos” . Es el reino de la defensa de los acervos, de las decisiones reaccionales cuando no son reaccionarias

Y luego están aquellos para los cuales el mundo está abierto y son susceptibles de recibir la impronta de que los “hombres de buena voluntad” pueden imponerse. Se puede considerar como una postura “activa”. Es el espacio de la promoción del movimiento, de los compromisos progresistas, o incluso de los resplandores revolucionarios.

Realmente hay a menudo una verdadera bipolaridad, que constituye una tercera posición, con una alternancia de las dos primeras posiciones en un movimiento más bien incierto más que una síntesis aproximativa. La permanencia se distingue de la fijeza, ya que el progreso resulta de la recomposición de las “invariantes”.

En Masonería este movimiento debería asumirse con todas sus contradicciones, pero se da generalmente una conducta paradójica, que consiste en protestar su adhesión a una institución enteramente basada en la posición activa, mientras que se consume toda la energía individual en defender la aparición de una posición enteramente personal consagrada a la defensa personal y la inacción… Se puede ser totalmente capaz de proclamar su participación en el progreso de la humanidad, muy en la línea de un soporte sobre la defensa de un nicho ecológico que garantiza una identidad social cuando no es un verdadero espacio de supervivencia.

Recorramos pues estas tres posiciones ante el mundo y los seres humanos, enriqueciéndolas al menos con otras siete alternativas o variantes posibles, que permitan más o menos la expresión de este vínculo potencial que es el amor.

1. Posición “pasiva”
Para los que lo quieren, o creen que el mundo está ya acabado. Se trata preservar su paz y tranquilidad, exponiéndose lo menos posible. Ello les obliga a tomar una altura real o a veces supuesta frente a un mundo cuyo orden se respeta o se mantiene como establecido, lejos del tumulto, la rebelión, o la arrogancia de los que creen en cualquier cosa.

I. Variante Positiva de la posición pasiva
En su variante positiva, es lo que podríamos denominar como la posición del estoico, del taoísta o del budista. No hay por qué luchar contra la naturaleza por dolorosa o injusta que sean las cosas, los seres, o la vida. Solamente soportarlo para los unos, y trasladarse a sus causas para otros. Individualmente puede ser el principio del camino de la serenidad y la ecuanimidad, de la sabiduría. 

Es también la capacidad de ser receptivo, de escuchar. El camino comienza siempre por esta escucha, de uno mismo y de su corazón, que conduce a veces a escuchar un poco al otro, que debe reconocerse como Hermano. Es pues el fundamento de la posición del Aprendiz así como la clave de la visita del interior de la tierra (es necesario saber entrar en uno mismo para descubrir la potencia del VITRIOL).

Colectivamente eso se traduce sobre todo en el respeto y la perpetuación de la tradición heredada. En un Taller esto es una prenda interesante de especulación y armonía más que de creatividad o mejora de la sociedad: el “dejar ser” se presenta como la puerta de la eternidad en la disolución en Gran Todo, y ello puede también constituir la fuente de toda desmovilización.

II. Variante negativa de la posición pasiva
En su variante negativa se abre la puerta al estancamiento, a la apatía, o incluso al suicidio. Séneca decía:“si tu espíritu sufre y su enfermedad le priva de toda alegría, tu puedes acabar con sus desdichas”. Individualmente ello empuja a mantener la ilusión, y a refugiarse en las falsas realidades. La aparición de la serenidad se basta incluso ella misma, la pasividad sustituye a la receptividad o al traslado. Es importante evitar el cuestionamiento para preservarse de la angustia de la evolución. El método de vida se basa en aprovechar la ocasión, aprovecharse de lo que está al alcance, la comida, “la cucaña” o a costa de los más generosos…

Colectivamente eso conduce a una sociedad basada en el uso más que en la tradición, se repiten las mismas conductas por habituales y cotidianas sin conocer ni buscar el sentido. El grupo consume más que produce, por lo tanto destruye lo que se le aporta y se deja invadir por sus residuos… Este consumo, para garantizarse, reclama una organización del clan en el que el grupo se reúne en torno a un jefe totémico encargado de transmitirle las migas de los subsidios recibidos del cielo o del soberano.

En el taller, esto se traduce en la pasión del título, el maridaje por el decorado, que resume una identidad artificial, vela púdica del grado cero del trabajo de la investigación, apenas prolongado por las libaciones pasivas de una fraternidad de habitación húmeda.

2. Posición “activa”
Para los que la adoptan, el mundo está siempre, infinitamente abierto, un móvil ofrecido a su influencia, y receptivos a su impresión. Están dispuestos a rebelarse contra las verdades establecidas para buscar del otro el ir más lejos, y batirse contra todos los límites.

III. Variante Positiva de la posición activa
Dentro de esta variante positiva, que esencialmente se trata de batirse contra los propios límites para desarrollar sus potencialidades y ponerlas al servicio de todos. Individualmente esta variante se basa en el postulado de que “yo me puedo cambiar”. Eso implica por supuesto saber observarse, analizarse, cuestionarse. Al límite, eso consiste en creer que la mejor manera de cambiar el mundo es cambiar la mirada que se coloca sobre él. Es la certeza al menos de que no hay evolución colectiva sin toma de conciencia interior, sin evolución individual. El amor fraternal depende pues sobre todo del amor que se es capaz de desarrollar sobre sí, de hacer irradiar, de inducir, de compartir. Es una posición que desemboca en la acción basada en el don.

Colectivamente esta alternativa promueve la convicción que se puede contribuir a la evolución de la humanidad a la cual se pertenece. Una red de iniciados, a falta de almas despertadas, puede constituir la sal de la tierra y fertilizar la evolución colectiva hacia una mejor humanidad y una sociedad más justa. Básicamente, una formación, una educación es posible que sea posible por el ejemplo de la emulación, de la influencia, de la información, etc

En el Taller, es la posición que favorece la instrucción de todos los grados que se supone avanzan en el perfeccionamiento, es la que incita no sólo a reflexionar sobre los problemas de la sociedad sino también a promover por todos los medios posibles los valores más progresistas. No se debería dudar que esta posición es la fundamentalmente la que sostiene la institución masónica.

IV. La Variante Negativa de la posición activa
En su alternativa negativa, esta posición reivindica el amor de los otros, que deben compensar los límites que se niega a cuestionarse a sí mismo. Individualmente eso consiste sobre todo en reclamar amor por parte de los otros; del exterior. Por supuesto este amor, cualesquiera que sean sus manifestaciones, es siempre insuficiente… Se reclama pues atención, privilegios, y se exige que otros se mejoren, se perfeccionen. Se pasa más tiempo viendo la paja en el ojo del vecino y por supuesto descuidando la viga que uno mismo lleva. Inevitablemente hay siempre una decepción presente por culpa de los otros, Es poca la ocasión de construirse a sí mismo e incluso se cultiva sobre todo la frustración de su propio ego y las compensaciones que exige. Para que este sistema funcione es necesario, y en paralelo, desviar la atención de sus propias insuficiencias: evitar el cuestionamiento e imponer una renovación de las diversiones,

Colectivamente esta posición empuja a participar en las redes del poder. En el mejor de los casos el grupo teje redes de influencia subterránea, organiza el “cabildeo”, en el peor predica la dificultad, sistematiza la relación de fuerza. Se prefiere la manipulación al despertar de la conciencia, el cambio está al servicio de y reforzamiento de dominación más o menos manifiesta.

En el taller - o en la Obediencia - este método de relación es la fuente permanente de la constitución de subgrupos organizados para la conquista de los cargos o las funciones. Favorece la crítica o la pasión, las separaciones.

3. Bipolar
En realidad la relación fraternal es a menudo ambivalente. En primer lugar porque es la ley de las polaridades: nadie es nunca completamente activo o completamente pasivo, cada tendencia contiene al menos siempre un germen de su contrario, y esta heterogeneidad es la fuente de todos los movimientos. Y porque integramos la historia de nuestras oscilaciones, nuestras revocaciones, nuestras experiencias, en una conciencia diacrónica: a cada momento hay siempre un frente y un después de él , y la continuidad del tiempo es también una sucesión de rupturas y contradicciones.

Si se reanuda el modelo activo pasivo, se constatan pues aún dos variantes o alternativas según la polarización del tiempo.

V. Alternativa Activo pasivo
Es la posición del nostálgico, o del rentista. El masón que adopta esta posición afirma de buen grado que ya dio mucho, y que es mucho lo trabajado. Eso puede ser cuando había jóvenes Aprendices o Compañeros en los grados azules o si accedió a los Talleres denominados “superiores”. La glorificación del trabajo realizado sería totalmente honorable si la evocación del pasado, o de una parte misteriosa, no duplicara una determinada propensión a prescindir del trabajo presente… Y si la evocación que emanada de la experiencia adquirida no se acompañara también, a veces, de una distancia crítica con relación a todo lo que es actual.
Colectivamente eso permite glorificarse de una herencia mítica. La historia del Francmasonería, se reconstruye “enjolivée” se dice, o incluso, se prevé que conocidos Hermanos recuperan pasadas calidades para evitar implicarse en el presente.
Es otra forma del trabajo por procuración. Aunque el taller o la obediencia no tuviera nada que proponer, incluso si las planchas y los discursos fueran compilaciones estériles, la aureola que se les asignarían a los predecesores sería de luz.
Aunque la Obediencia estuviera al borde del caos, las vitrinas de sus museos y los dorados de sus entarimados garantizarían su respetabilidad a falta de su influencia.

VI. Alternativa Pasivo activo
Es la posición del descontento o del militante. Individualmente en Francmasonería es la práctica que se aborda cada día o en cada tenida un reto en suma que sobrepasar. Cada reencuentro es la esperanza de un influjo de consciencia que transforma un mundo no siempre demasiado hecho, y a la espera de una mayor luz demasiadas veces rechazada. En cada mirada de un Hermano resuena como una llamada “He dormido lo suficiente, suena la hora de la fraternidad” y ésta debe pasar por mí".Colectivamente es una llamada a la creatividad: debe de haber un tiempo para la acción en el mundo, preparados por un tiempo por la meditación en el Templo, lejos del tumulto del foro. Es la llamada que debe compartirse por la luz de la iniciación y el trabajo, después del estrechamiento de los vínculos de la fraternidad silenciosa.

Pero esta pequeña guía no estaría completa de verdad si no abordara una posición central que es la ausencia incluso de posición, y que es el cruce de todas las alternativas, el punto central de sus transformaciones. Quiero hablar de esta forma de amor que es la indignación fraternal.

VII. La indignación
Tenemos necesidad de la Iniciación para estimularnos y comenzar el viaje. Pero tenemos seguramente también la necesidad de la indignación para seguirlo o renovarlo. La indignación, abre en efecto las válvulas del cuestionamiento de los equilibrios por el desbordamiento del ideal insatisfecho. Allí donde hay una práctica de falsos pretextos que sustituye a la exigencia. Allí donde hay una duplicación estéril, se vuelve a poner la interrogación. Ya que “salir fuera de uno mismo” significa también “más de nosotros mismos”, desarrollados por una feroz voluntad de reintegrar dentro del orden humano (o fraternal) lo que se oculta…

¿El personaje de Jesús que expulsa a los negociantes del Templo no es una imagen de un amor fraternal exigente o consciente de la dimensión sagrada que debe restaurarse, no puede traducirse sino en una santa cólera? Aristóteles consideraba, él, la cólera como “la espuela del valor”. Ya que es necesario valor para abandonar una posición probada y explorar otro posibles…

Es también el coraje de la incertidumbre ya que el deber de decir no a todo el mundo no se acompaña de la maestría de sus consecuencias de un necesario cuestionamiento. Aún a riesgo de patinar hacia la cólera, hacia la ceguera o la renuncia… Tanto más si la evolución impone el cuestionamiento de los órdenes establecidos, se puede creer que debe irse contra la injusticia mientras que no se hace más que rechazar la opinión de los otros. La indignación sin el amor es aislamiento y destrucción, mientras que la indignación fraternal es restauración de la búsqueda de un ideal sin cesar amenazado de pérdida.

El éxito de esta búsqueda pide superar muchas paradojas, muchas oposiciones. Básicamente la FM llama a la evolución, por lo tanto al desequilibrio, mientras que todos los individuos al igual que los grupos buscan espontáneamente el mantenimiento de los equilibrios. La tensión, o incluso el conflicto forman pues parte del camino masónico [aunque ello no siempre se entienda]. La clave de este rebasamiento es la capacidad de colocarse en otra dimensión que la de la confrontación “horizontal” de las oposiciones (el pavés mosaico). Y de inscribir el cuestionamiento en el marco de un vínculo fuerte (entre Francmasones con el objetivo o valores comunes), en una comunidad, la de una humanidad común, que permite una conciencia común, por lo tanto un vínculo de unidad en la diversidad.

Evolucionar será sobrepasarse todavía más, por lo tanto será “ponerse fuera sí”. Mantener un vínculo con un centro de unión es que exista el riesgo de perderse durante la búsqueda. Así como saber componer las distintas posiciones posibles en función de las fases del trabajo, es lo que siempre ha recomendado la Alquimia, el éxito depende al mismo tiempo de la lectura, el rezo y el trabajo (, ORA, et labora!).

Seguramente el lector tiene sus propias posiciones y alternativas preferidas, y quizá adopte otras diferentes a las que aquí he abordado de una forma esquemática. Hay grandes cambios y es probable que sus opciones estén bien establecidas, y probablemente de forma inconsciente. Pero más que teorizarlas aquí, lo mejor es oficiarlas, ir a una experimentación y a una interrogación sin conclusión: todo trabajo sólo tiene valor si se experimenta, y el camino de la evolución comienza siempre por cuestionamientos. Entonces: ¿Somos nosotros los adeptos de un mundo cerrado y estable, o abierto y dudoso? ¿Tememos más las jaulas o el caos? ¿La retórica exime de la acción? ¿Los atributos del poder confieren realmente esto último? Hacer gestos de amor basta para gustar?

Michel EYNAUD

Traducción libre de Victor Guerra. 

19 de diciembre de 2018

El Rito Moderno. Los rituales de fraternidad y combate y sus paradojas.

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Hace unas semanas fui invitado a exponer en el transcurso de la IV ACADEMIA V IMPERIO, que se celebra en Oporto, cuyo foro desarrollan las logias y Capítulos del Rito Frances del Grande Oriente Lusitano (GLO) de la zona Norte (Oporto).

Cada edición es un desafío en cuanto a las temáticas a desarrollar , si bien le edición anterior versó sobre las Espiritualidades Laicas, en esta ocasión nos adentramos en la posición del Rito Frances, como bien había ya comentado Ludovic Marcos, este perdió ciertos retos frente a diversas situaciones y realidades en la cuales un rito centrista y permeable como el REAA supo jugar sus bazas.

En esta ocasión  el envite era  un acercamiento al Rito Moderno  Ritos de Fraternidad, y esta ha sido mi personal aportación a ese foro masónico portugués que tanta importancia está teniendo en la masonería portuguesa.

El Rito Moderno. Los rituales de fraternidad y combate y sus paradojas.


A todos os Irmãos presentes, em suas qualidades, Muito obrigado, é agradecer à Academia V Imperio , às lojas e aos Capítulos que ten colaborado uma vez mais a que este evento se possa celebrar, Graças a seu alter-ego Belmiro Sousa, i os irmaos que tem feito possivel este novo convite, para de novo estar entre todos vocês, Meus queridos irmãos.

Este tema que hoy planteo debe resultar de una paradoja total, pues que un español hable del Rito Moderno o Francés y de fraternidad, es diríamos la cuadratura del círculo, y máxime cuando en la paupérrima bibliografía en castellano apenas sí existen un par de libros sobre tal cuestión, más allá del publicado por Antoni Domènech El eclipse de la fraternidad, texto más bien referido más bien al ámbito del republicanismo, o lo expresado por Luis P. Martín.[1] en algunos de sus trabajos.

Tampoco parece que el tema en Francia tenga mucho predicamento a juzgar por lo que expone Régis Debray en su texto Le Moment Fraternité,  o lo desarrollado en el trabajo de Catherine Chalier: La fraternité un espoir en clair obscur , en cuanto al plano profano, o  lo tratado por un masón como es  el filósofo Marcel Bolle de Bal en su libro  La Fraternite.[2]

En general se puede decir que  la sensación que existe es que el tema ha quedado circunscrito a estos dos importantes ámbitos, como son el republicanismo que encarnará y acuñará la fraternidad en su acción conceptual y política sobre todo durante el siglo XIX, y en el otro extremo se encontraría la masonería que lo asumirá como parte de su propia identidad que arranca en el siglo XVIII.

Antes de avanzar más, veamos qué nos dice por ejemplo el RAE, ante la locución de Fraternidad: del Fraternitas: Hermano o personas que se tratan como iguales.

En cambio, el Diccionario portugués Priberan, es más extensivo y explicativo en cuanto a la definición de Fraternidad:
1.    Parentesco de irmãos ou irmãs. = IRMANDADE
2.    União ou afecto entre irmãos. = CONFRATERNIDADE
3.    Amor ou afecto em relação ao próximo. = FRATERNIZAÇÃO
4.    Boa convivência ou harmonia entre as pessoas. = FRATERNIZAÇÃO

Las palabras a veces son engañosas, y una de las trampas conceptuales es lo referido a la Fraternidad, la cual en masonería la tenemos referida a una cuestión relacionada con los emocional y afectuoso, tal vez nacida tal simbiosis por lo que tiene de exaltación de la amistad, lo cual tanto se ha dado en el seno de la masonería, nada más hay que ver la gran cantidad de logias que llevan en el titulo distintivo el apelativo de la amistad.

No cabe duda, que la fraternidad como amistad y como praxis, es parte del cemento de nuestra edificación como masones, pero tal cuestión también tiene sus claros y oscuros, y uno de ellos por ejemplo conlleva a su vez una paradoja: cuando uno se va de la masonería, por la puerta de la logia, la fraternidad es aventada por la ventana.

El Cimiento de la Fundación.

La fundación primordial de 1717 intentó crear un marco de relación donde se pudiera dar una cierta paz entre diversas gentes que la componían, pues había que recomponerse de las luchas políticas, de las disputas entre la nobleza y la burguesía, y como no, también de los fratricidas desencuentros entre jacobitas y hannoverianos. Era necesario crear un marco nuevo para conciliar tanto desacuerdo todo lo cual como sabemos se desarrolló en el seno de la fundación de la Gran Logia de Londres, y de ahí la necesidad de un marco de consenso.

Se creó de este modo el germen de un espacio neutral o de consenso, que como tal recogen las Constituciones de Anderson, lo que se condesaría en el llamado «Centro de Unión» que se resume en que ella [la masonería] «pretende reunir a personas de convicciones y oficios diferentes que jamas habría tenido la ocasión de reencontrase para crear una amistad sincera».

Es evidente que esta acción de los Hermanos de 1717, nos separa de la vieja fratría cristiana que venían a representar las logias operativas «la conmiseración o compasión recíproca por los sufrimientos vividos, o que se viven por el mero hecho de existir. Es, pues, un sentimiento de piedad dolorosa, compartida en común y, que refuerza la resignación ante las maldades del mundo». (C. Gurméndez 1983).

Un tiempo y un contexto, la fundación de la Gran Logia de Londres, que favoreció la creación y la puesta en pie, como nos indica  Lambros Couloubartitsis, de una auto-organización con la implicación e interacción de diversos personajes  de muy distinta talla y procedencia, que desarrollaron un sistema adaptativo complejo de tipo político y cultural en el cual se hacen prevalecer los nuevos ideales, por medio de una estrategia decisional que crearon, siendo capaces de ir reuniendo desde 1716 las piezas necesarias para fundar la Gran Logia de Londres, la cual se enmarca en un proyecto polivalente como es la masonería especulativa emergiendo con ella «una realidad nueva de funciones y actos innovadores».

Por tanto, ese mismo hecho constituido bajo esas directrices supone una ruptura cuasi total con el pasado masónico de los Old Charges, y en esa nueva aventura es la cual se van embarcar los precursores del Rito Moderno.

A esa pieza esencial que fue la Gran Logia de Londres, se fueron sumando los hombres de la Royal Society, pues la nueva organización emergente parecía el vehículo ideal para comprobar el impacto de las filosofías que en aquel momento tanto Locke como Newton sostenían y que pregonaba la propia Royal Society, en la cual se debieron inspirar los masones de 1717, abordando una simbiosis que aún hoy no somos capaces de vislumbran en toda su extensión.

Pero si bien podemos intuir que esa primigenia construcción se basó en una básica relación de amistad de tipo emocional y mutualista, de la cual nos hablan las propias Constituciones de 1723, se irá plasmando como tal en la ritualidad de los «Modernos» que irán implementado en su modelo especulativo la fraternidad a modo ayuda mutua cerrada sobre el grupo, pero la evolución  llamará a la puerta de los talleres para proyectarse en un nuevo proceso, como nos dice  Marc Halévy, el cual viene «engendrado por el mismo proceso, dentro de la misma gestación, con la misma matriz espiritual, y por la alquimia común elaborada dentro del atanor de la logia».

De este modo los «Amigos devienen en Hermanos» como nos manifiesta una logia provincial del siglo XVIII, a la hora de formar la Cadena de Unión, «Hermanos que han sido engendrados por el mismo proceso, dentro de la misma gestación, en la misma matriz, sembrados por la misma simiente espiritual». (M.Halévy).

Será a través de  la molienda  de los «Modernos» como dicho concepto irá evolucionando, dándose otra paradoja de por medio, puesto que una vez superados los problemas de los primeros años tras la puesta en marcha de la masonería especulativa, empiezan reaparecer los viejos veneros de añoranza  de manos de la vieja masonería operativa y noaquita, lo que al final llevará a Laurent Dermott en 1751 a crear la Gran Logia de Inglaterra, o sea  los «Antiguos», los cuales se situarán en el paternitas de substancia caritativa como parte de la amalgama de su quehacer masónico, y como tal, quedará impregnado hasta el dia de hoy a modo de filantropía,  siendo una de las señas de identidad de la llamada Masonería de Tradición.

Tal como nos explica Marcel Davil, profesor emérito de la Universidad de Paris-I, que ha trabajado sobre tal cuestión, este escribe «la beneficencia conoce las profundas transformaciones sobre todo a partir de las Luces, pero cuando estas decaen, la [fraternidad] se hace más laica para evolucionar progresivamente hacia la filantropía».

Por otro lado,  con el paso de las moliendas de los «Modernos» al continente europeo, en concreto a Francia, y al envolverse estas en la substancia cultural de la Ilustración , esto conllevó que la masonería especulativa derivase en su evolución del ámbito convivencial mutualista de la beneficencia que marcaba la época a un concepto más filosófico, el cual irá proveyendo a la asociación masónica de un carácter  más definido y definitorio, como es la fraternidad presentando a esta [la masonería]como una sociabilidad.

Pierden por tanto fuerza los conceptos de la beneficencia, de alto contenido paternalista junto con la filantropía, de carácter aún más elitista, y enfrente se sitúa la encarnación de la fraternidad, con un sentido más amplio y revolucionario que encarnó el Rito Moderno y Francés, más interesante y preñado de matices revolucionarios y como no, de combate, ya que nos habla de igualdad social.

Es un valor, la fraternidad , que encarna el rito Francés, que va más allá del contexto que apunta la RAE, ya que este nos sitúa en la República Universal de los francmasones, y por tanto la fraternidad será el eslabón que una a sus miembros en una especie de sufragio universal, a pesar de que Flaubert en 1853, dijera aquello de que «la fraternidad es de una de esas invenciones de la hipocresía social»

En esa corriente de evolutiva de la que hablamos, no es que nosotros la expongamos como una sociabilidad en acción sin más, sino que los propios masones eran conscientes de la realidad en la que estaban insertos, querían dejar atrás aquellas otras las logias inmersas en una filantropía abstracta, o inmersas en una nebulosa idea universal.

Alguno de ellos muy al contrario que otros, querían encarnar una realidad cotidiana que van instituir de forma muy visible, al denominar, por ejemplo a su logia  bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, sita en los valles de Perpiñán y trabajando en el Rito Francés, y que titularon como la Sociabilité [3], lo cual se daba 1783, cuando todavía Carlos Marx, no había desarrollado la teoría concreta del devenir social.

Eran por tanto, las ideas de Montesquieu o Adam Smith las que predominaban en ese momento, bajo esa idea era cómo estas asociaciones masónicas se conformaban a modo o como parte de una «élite» social.

Hay que tener en cuenta, que ese momento: 1770, Charles Bornet  establecía con gran esfuerzo un fuerte debate al intentar relacionar los dictámenes cristianos y la filosofía racional, dando pie a la construcción del concepto de la sociabilidad como parte de la construcción política europea, cuyo tratamiento luego desarrollan más adelante  Max Weber (1941), o Georges Gurvitch (1950), parte de esto es lo que estudió Maurice Agulhon (1968)  en su trabajo Pénitents et franc-maçons de l ´ancienne Provence: essai sir la sociabilite meridionale.

Los espacios de sociabilidad que se fueron generando a raíz de la revolución francesa, rompieron con los esquemas sociales y las reglas de juego sociopolítico, generando nuevos axiomas a los que los individuos debían adaptarse, y en ese sentido las formas de sociabilidad constituyeron una simbolización de la sociedad, es decir, varias formas culturales se perfilaron en las diferentes asociaciones de acuerdo con una clase o sector social. «Las formas de sociabilidad han jugado un papel importante en la politización de la esfera rural francesa y son un punto de referencia y análisis para abordar cómo convergen hechos políticos de carácter local y nacional» (Chapman Quevedo 2011).[4]

Volviendo a nuestros rituales, queda por saber y estudiar sin son diferentes a los de otras ritualidades, evidentemente en lo orgánico sabemos que son diferentes ya que nuestros rituales nos dicen que tenemos que trabajar para mejorar la humanidad, tanto en el plano moral como espiritual, para continuar fuera el trabajo que comenzó en el templo.

En un ejercicio que entendemos que tenderá a federar a los pueblos, a unir a los hombres, y pulir la moral, cuyo axioma empezamos a vivir durante los viajes de la iniciación masónica, con un primer viaje de aproximación y exploración del valor semántico de la fraternidad resumido en varias etapas, que se nos revela  como un ideal, como una utopía y una mítica bajo la necesidad de un deseo a recobrar; lo cual se reafirma con un segundo viaje se raliza endura te la iniciación masónica que viene a  representar el sueño utópico de  la fraternidad comunitaria que demanda adentrarse en el paraíso perdido de una fraternidad más humanizada; el tercero viaje nos muestra la fraternidad como un abanico real manifestado dentro de muchas realidades. (Marcel Bolle de Bal)

¿Es esto acaso, una utopía?

Tal vez sí, porque ello no se hace desde la concepción de la escuela de crecimiento personal que algunos quieren reconvertir a la masonería, sino desde una concepción madura de hombres que quieren proyectarse hacia el exterior a modo de una fraternidad de combate que no deja de ser una más, de las muchas formas que presenta ese abanico del que les expongo.

Abordar la pregunta es intentar responderla, y esa proyección viene de la búsqueda por medio de una sociedad de hombres que es transmitida por la sociedad de los ciudadanos, y en ese sentido las logias del Rito Moderno o Francés, no solo tienen sus ritos de convivencialidad como cimiento de la logia a modo de una fraternidad virtual, sino una potencial actualización en su plena realidad como portador de los valores universales (G. Deluze).

El Rito Francés no tiene un mensaje cambiante según las modas o las orientaciones ideológicas, pues los rituales nos hablan de una fraternidad que va más allá de la amistad entre miembros, nos hablan de proseguir el trabajo fuera de los templos, tal y como nos expone el Segundo Gran Inspector del IV Orden de Sabiduría, que nos exhorta a «pasar de la Unión de los hombres a la Unión de los valores» que son los valores universales del humanismo masónico.

Y en eso la mayoría de las organizaciones en las cuales estamos imbuidos han sido ejemplo claros, tanto es así  que fueron capaces de adaptarse al entorno social, cultural y político, muy cambiante y controvertido, y hasta belicoso, pero aun así con todo, la masonería de raíz «moderna» reivindicó su autonomía y su propia identidad, asumiendo sus contradicciones, y sabiendo que su quehacer tampoco era de color rosa y que habría que superar la máxima andersoniana recogida en las Constituciones:  «cultivar el amor fraternal, el cimiento y la  gloria de nuestra anciana fraternidad».

Piedra angular que cimenta sobre la construcción filosófica de sus propias referencias ligadas a la maduración interna inventando sus propias tradiciones, ya que Desaguliers con la quema de los antiguos Old Charges , estaba rompiendo con los viejos lastres históricos y cargando con esa responsabilidad y libertad de crear los propios paradigmas, tangibles como intangibles , aunque hay autores que nos  comentan que el Rito Francés perdió importantes retos frente a otras ritualidades que fueron más atractivas y permeables.

No es lo mismo hablar de la actividad logial en los tiempos revolucionarios que en los tiempos más calmos, donde la masonería se volvió más intimista, pero no por ello dejó de patentizar su señas de identidad, aunque experimentada y confinada en la logia esta no llega  al ideal de la universalidad que porta la masonería, y por tanto debe elevarse sobre las  relaciones efectivas para atender a una fraternidad exigente, como seña de un gen que conforma una variada torre de Babel, en la cual pese a la variedad  de los hombres y mujeres que la componen, todos se descubren como Hermanos, como Hijos de la misma Viuda  en pos de una acción universal,  y una construcción permanente, de hecho «la historia nos da un ejemplo de unión perfecta entre dos hermanos, ellos lo estaban por la sangre, y esta unión merece una apoteosis;  la cual deber ser el éxtasis  de un masón, que sin estar obligado por el primer deber, cada uno de sus hermanos encuentra un nuevo Pollux».[5]

Como francmasones del siglo XXI, no podemos quedarnos con un discurso orgánico, de que todo en nuestra fraternidad es genial y estupenda, porque de  ser así  nuestras logias se estarían volviendo viejas, y no deja de ser cierto que se patentiza una cierta desafección por parte de muchos masones sin que los distintos organismos actúen al respecto con respecto a cómo erradicar estas problemáticas.

Nuestra fraternidad la que nos demanda bajo nuestros rituales es la pertinente evolución filosófica de una fraternidad electiva que tras una gran carga de intensidad emocional es capaz de constituirse en un fraternidad de combate «una fuerza espiritual constructiva común» tal y como se recoge el Vª Orden de Sabiduría:  «la aventura humana es  la de un ternario perpetuo: construir, destruir y reconstruir»

 Hoy se  dan  innegables paradigmas que empiezan a superarnos,  como puede ser el cambio en los modos de relación, siendo por ejemplo capaces de entrar en contacto con entornos geográficos, sociales  a miles de kilómetros de nosotros, sin ser competentes  para poder llegar a los entonos más inmediatos, digamos que nuestra pretendida republica universal se ha convertido en un aldea  globalizada,  en la cual no solo  ha cambiado la escala sino que los déficits se dan con una fuerza vital, como la falta de prospectivas  y de respuesta frente a los nuevos paradigmas, que son alarmantes y nos abruman.

Deseo ponerles un ejemplo, hace apenas una semana se instalaba como Gran Maestro de la Gran Logia de Gabón, al presidente de Gabón al sr. Ali Bongo, a su entronización asistieron 41 Grandes Logias Regulares, sin que les cayeran los anillos de la vergüenza por su asistencia y entronizar a un «dictador», sin que el resto de las masonerías continentales dijera esta boca es mía. Siendo Gabón un país en una buena posición de despegue económico, pero el desigual reparto de la riqueza, lo cual hace que el pueblo sea pobre, y como país  «sigue a la cola en derechos, libertades y democracia, considerado como un estado autoritario dirigido por un dominante sistema clientelar que impone fuertes restricciones a sus disidentes».[6]

Esta también es parte de nuestra realidad, y si bien nuestro modelo, el de los «Modernos»  conforma en sí mismo una paradoja, puesto que rompía la estructura de Obediencias nacionales de tipo soberanista, al apostar por grandes Logia Provinciales con gran autonomía, en cambio el modelo adoptado por la mayoría masónica se circunscribe a las fronteras políticas y sus avatares, a lo cual se oponían los Hermanos de la Gran Logia de Londres amparándose «en la naturaleza cosmopolita de la Orden y en la imposibilidad de reducir la esfera masónica a la esfera profana, rechazando abandonar las fundaciones continentales y reivindicando una maternidad universal».

Dicha propuesta la vamos a encontrar presente en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, cuando se motiva el cambio de «internacional a universal» que impulsó René Cassin,[7] aunque hay que decir que una parte de las élites masónicas aceptaron o rechazaron agregar la sociabilidad masónica al reinado de la urbanidad y el buen gusto, pues solo ellas poseían las claves del reconocimiento» (P-I Beaurepaire. 2017).

En la corriente más abierta, se situó de nuevo el Gran Oriente de Francia, que facilitó que en sus predios masónicos se pudiera dar, por ejemplo, el establecimiento de una logia franco-danesa fundada en 1784, la cual pudo operar en tierras francesas con constituciones del Gran Oriente de Francia, lo cual no constituyó un solo referente, sino que tal acción se replicó en más lugares, tanto que  hoy por ejemplo, en España, existen unas 12 a 14 logias operando bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, y compuestas mayoritariamente por españoles.

Ha de quedar meridianamente claro, que los francmasones nos hemos ido haciendo permeables a la polis, y por tanto se  ha  de constituir nuestra organización  masónica en un arma de combate social,  no militante en el sentido político, que también, pero sí como una vanguardia intelectual y social  presente en cuanto frente hiciera falta su presencia; Portugal durante el siglo  XIX fue testigo de esa fuerza, de ese concepto de fraternidad que se forjó al ser el garante de las esencias republicanas, la cual  luchó por la abolición de la esclavitud y la separación de iglesia y estado, la educación obligatoria de carácter gratuito  y laica.

Sin embargo hoy cuando parece que se han difuminado los fascismos, resulta que rebrotan los neo-fascismos y los populismos de diverso signo, la fraternidad masónica parece cristalizarse a modo de una pátina helada, que amenaza con romperse, ya que las estructuras masónicas y los propios masones no solo se callan, sino que enarbolan a modo de enseña de engañosa neutralidad el no tratar temas delicados, como el religioso o el político en sus reuniones, ensalzando por ejemplo el patriotismo nacional e incidiendo en el soberanismo nacional frente a la elección de sus propios conciudadanos,  tal y como ha sucedido no hace más de un par de semanas con el Comunicado del Grande Oriente Lusitano (GOL) sobre lo acontecido en Brasil y la elección de Bolsonaro como presidente de Brasil, acción esta del GOL, que ha tenido muy pocos ejemplos emulativos por parte de la masonería liberal europea,  y sí muchas críticas por parte de grupos de masones brasileños por injerencia en asuntos nacionales.

No deseo abrir aquí un debate sobre el Comunicado del GOL  sobre Brasil, ni sobre lo acontecido en Brasil, y la posición de las organizaciones masónicas brasileñas, sino hacer ver a los Hermanos  presentes de como la fraternidad queda abolida en pro de un pretendido nacionalismo soberanista, que pierde de vista la fraternidad como marco de un quimérico universalismo masónico, y ese es un reto que tenemos frente a las actuales situaciones que nos rodean, como el avance globalizado de los neo-fascismos, algunos de los cuales ya están incrustados en nuestras instituciones políticas, a los cuales se le ha dejado un hueco institucional y público  en pro del bien social y democrático.

Por tanto,  la fraternidad que nos plantea el Rito Moderno, no es neutra, ni se alimenta de marcos caritativos, o de un activo liberalismo filantrópico, sino que nos pide ser consecuentes con los que nuestros predecesores nos han mostrado en su camino y trayectoria, abandonando cierto angelicanismo en el cual se ha situado la masonería y con ella el rito Moderno, tal vez con la excepción de la ruptura que supone la proyección del Gran Oriente de Francia en el plano social, y no estoy hablando de salir a la calle, estoy hablando de ser prospectivos, de recuperar  nuestras enseñas, y de repensar el proyecto desde esas dimensiones conceptuales que nos fueron dadas, aunque parece que hoy marchamos hacia lo que dice Marc Halévy en su Philosophie Maçonnique, la «francmasonería es una élite del silencio y silenciosa».

Es curioso, porque hemos pasado sin darnos cuenta del universalismo a la europeización, pasando del modelo abierto de una Europa tendente a la tolerancia, a la libertad de conciencia, a la igualdad y la fraternidad a un eurocentrismo cada vez más insolidario que pide el retorno de las fronteras dejando avanzar sin apenas despeinarse los modelos neofascistas.

Ya no es una cuestión de ritos, que también, sino de modelos masónicos que deben ser repensados, escogiendo como dice los franceses, una démarche masónica que nos confiera una aprehensión general sobre nuestro estar en el mundo a través de nuestra particular manera de reflexionar «ayudándose a construir el saber» (G.Lebert)

Tenemos por delante todo un reto, que en parte ya expuse en aquella plancha del 2015 en esta misma Academia V Imperio: Esa es la gran utopía que nos congrega a los que estamos en el Rito Moderno y Francés, desde nuestra diversidad, pero con un eje común que debe ser el Rito, y por tanto hemos de pasar a una masonería de Indignación y Compromiso, conformando una sociabilidad activa, lo cual nos demanda tanto nuestra reflexión como incardinación social, y nuestro Rito no nos impide, ni nos pone cortapisas, sino muy  al contrario, nos llama a una labor en pro de una sociedad esclarecida, la cual no se termina en la logia.

Es algo que el Rito Moderno nos demanda desde la tradición, no puede quedar este, ni nuestra maneras como un fósil del siglo XVIII, quedando al margen de quehacer diario del francmasón, debemos dar carta identidad a nuestro trabajo, marcando las diferencias y las identidades en pro de una de una utópica República universal de los francmasones.
He dicho.

Victor Guerra . MM.:. Vª Orden de Sabiduría, 9º Grado del Rito Moderno



[1] Les francs-maçons dans la cité. Les cultures politiques de la Franc-maçonnerie en Europe S. XIX -XX Université de Rennes.2000.
[2] Editorial Edimaf 2001
[3] https://www.ecured.cu/Sociabilidad
[4] El concepto de sociabilidad como referente del análisis histórico.
[5] Recueil des trois premiers grades de la maçonnerie Rite Français 1788
[6] https://www.eiu.com/topic/democracy-index
[7] Jean-Yves Goëau-Brisonnière, Le franc-maçon face aux droits de l'homme, in Philosophies, religions et droits humains,


13 de diciembre de 2018

Patrick Negrier & André Kervella, ni juntos ni revueltos

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Es muy posible que a los autores de estos dos libros no les guste verse compartiendo espacio, pero es algo que me da igual , pues como lector, creo que son dos importantes referentes de la reconstrucción histórica de la masonería, no es que sean fan de cada unos de ellos teniendo, y sigo teniendo en cuenta la opinión de mi viejo maestro Charles Porset, cuando le pregunté, y los  tenía catalogados, carolingios y teólogos de rancia estirpe con mandil, amén de historiadores de la masonería.

Ya sabemos cual era el talante de mi viejo amigo,Charles Porset, hoy en el Oriente Eterno, y en estos momentos hubiera venido bien sus acertadas y provocativas opiniones, pues estos dos grandes referentes desde que han publicado  sendos libros: Patrick Negrier: L´Essence de la Franc-maçonnerie. A travers ses textes fondateurs 1356-171, el cual defiende como origen de la masonería el calvinismo inglés y cuyo estandarte ritual sería el Mason Word, que tanta pasión defiende  y  difunde mi amigo y colega Joaquim Villalta, y que para mi a pesar de su consistencia y conceptualiza no  creo que conforme un rito, aunque no quiero menoscabar su importancia como silabarius de reconocimiento.

Por su parte André Kervella, ha publicado un denso libro titulado: James Anderson Impostor? A cuyo libro le dediqué una entrada en mi blog Masonería siglo XXI:


André Kervella, no es un escritor e historiador fácil ,al menos para los lectores españoles, textos densos con datos y referencias muy determinadas, en los cuales siempre planea esa parte de la historia olvidada por casi todos sobre los orígenes jacobitas (católicos) de la masonería, los cuales siempre aparecen como emboscados en las resurrecciones políticas de cada momento.

Realmente es difícil tomar partido por cada uno de ellos, ya que a ojos de buen cubero cada uno tiene una de cal y otra de arena, para mí como simple lector de sus obras, con unos de 5 a 9 libros de cada uno en mis estanterías, (creo haber regalado de Negrie al amigo Villalta, y en ese tono decir que me parece difícil tomar partido, por lo ya dicho, ni el Mason Word me parece tan importante para conformar un rito como luego se fue conformando a través de la molienda de los «modernos», ni me parece que la ascendencia católica-masónica fuera tan importante, no en esos primigenios momentos de la fundación de la Gran Logia de Londres, sino en el posterior desarrollo que es lo que a mi me interesa, por eso me salgo por la tangente cuando me preguntas al modo clásico de «a quien quieres más…?

Sea como fuere, para los que p quieran estar más al tanto de la polémica en la cual se han enzarzado estos dos grandes historiadores, cada uno con sus filias y fobias, que las tienen y generosas, pueden seguirlos en el blog de Hiram.be

Dicha polémica empezó cuando en el blog belga Hiram.be publicó: Notes critiques de Patrick Négrier sur le livre d’André Kervella sur Anderson.

Unas 60 notas, donde Patrick Negrier va poniendo su acento y disyuntiva, ante lo cual es evidente que André Kervella, no se ha dejado, y con un tono  más hiriente e irónico, pues ha contestado a unas y a otras alegaciones o puntualizaciones, y por medio en medio de la pela de «gallos» tienen ustedes a algunos pesos pesados del masonismo hexagonal  del área francófona como Jean van Win o Pierre Nöel..etc


Ya les adelanto que la polémica es larga pero muy interesante , eso si en francés.
Cuando concluya ambos libros les daré mi opinión, mientras tanto les dejo con estos enlaces.

Victor Guerra
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