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23 de marzo de 2018

LOS MASONES: ARQUITECTOS DE LA RAZON

Masoneria Labor y Constancia
Por una Latomia reformata, semper reformata

Tras negros episodios que se han dado en la masonería española en estos últimos meses, en la cual la Regularidad Masónica, como referente, al menos su Gran Maestro Óscar de Alfonso, han dejado un reguero de noticias, de acciones, y despechos, cabe cambiar de tercio  y  hablar sobre si los Masones en realidad somos eso que dice el titulo del posta: arquitectos de la razón.

La masonería cuando se aleja de los focos cuasi comunes de los tópicos al uso, que pueden oscilar desde considerarla como una sociedad de rancio árbol genealógico de carácter seudo- bíblico enfocada al crecimiento personal; o situarla en el otro extremo como fruto de los trabajos del mal y por tanto es fácil que sea imaginada, como una terrible sociedad secreta la cual se encastra en los más oscuros rincones del sistema político económico, su supuesta inclusión en el Bilderberg puede ser un ejemplo.

Y sin embargo pese a todas esas imaginarias elucubraciones que han sido explotadas desde las propias logias masónicas a los reconocidos demagogos del antimasonismo, como el gran referente Leo Taxil, y su claves para descubrir los grandes secretos masónicos que manejaban el universo, sin embrago cuando uno estudia, ve , observa y vive la actividad masónica que no ve más que el intento utópico del imperio de la razón.

Si algo ha sido, y es la masonería, hay que decir sin pelos en la lengua que es una gran construcción humana, y desde la óptica de la masonería liberal, hoy podemos decir que es la obra de la racionalidad, y donde «su accionar intriga más que inquieta y es por ello que no escapa a la mitología» (A.Keghel).

Cuando se sondean las leyendas masónica a través fundamentalmente de los relatos bíblicos, ya que estos dan soporte a la masonería en forma de alegorías, además de articular el primer universo de referencia constructiva la cual, por otra parte, se va a consignar en los catecismos de la vieja masonería de los Old Charges formando de este manera los arquetipos que conformaran el imaginario masónico.

Entre esas grandes referencias a la labor constructiva, hay como tres grandes hitos, por un lado la Torre de Babel, por otro el Templo de Salomón y finalmente la figura del Maestro Arquitecto Hiram Abif.

Toda esa construcción arquetípica en conjunto con otras articulaciones referenciales de menor entidad conforman el gran arquetipo constructivo de la masonería moderna que es la que finalmente de todo un periplo terminará por nuclear una nueva masonería como los Arquitectos de la Razón, en una nueva clave como es el Cosmopolitismo.

Una construcción de todos, que nace bajo la utopía de 1717 y en al calor de las tabernas inglesas que reúnen al eclosional mundo iconoclasta de racionalistas, simbólicos y libertinos latitudinarios, una auténtica Torre de Babel humana en busca de una nebulosa utopía que ensayó con la organización dela primera Gran Logia de Londres, un intento primario aún con la «palabra perdida» de buscar la verdad a luz de la razón.

Atrás se quería dejar la certidumbre extraña de la fe y sus servidores, y aunque no mediara aún la necesaria concordia de una búsqueda en conjunto, se buscaba como primer paso en ese estadio semi-religioso inglés algo que que no iba más allá de constituirse en el «Centro de Unión».

Pero esa búsqueda será la germinación de la semilla que comienza un largo periplo en escrutar en las vías del conocimiento para hallar el «lenguaje universal» que permita a los hombres libres reconocerse como tales, y por tanto caminar hacia esa construcción universalista, mítica y mitológica que simbolizará el Templo de Salomón, del cual tanto nos halan los textos masónicos y que no deja de representar otra cosa que la ecúmene.

Ese espíritu de permanente búsqueda traspasará el Canal de la Macha, dejando atrás el inmoralismo cínico para construirse como la real metáfora de los Arquitectos de la Razón, poniendo un mayor énfasis, no tanto, en coaligarse con el establishment religioso y político, como sucedería en Inglaterra y ser de ese modo el Centro de Unión andorsiando que reúna a los creyentes, sino muy al contrario este nuevo camino abandona parte de esa posición y se dedica a recorrer el camino de forma inversa, para construir una nueva simbólica ligada fundamentalmente a los conceptos republicanos, y racionalistas que desprenden Les Lumieres, buscando la forma de no convertir la nueva utopía en una religión o una filosofía, por lo cual «se opondrán a las señales en los espacios y tiempos de fuerte polarización en los edificios espejo en los sistemas simbólicos» (Pascal Ory).

Desde 1717 se abre paso una apertura sin igual que rompe nos solo las fronteras espaciales sino otra más difícil todavía como es la frontera intelectual y conceptual de que los hombres son y han de ser desiguales, pero pese a ello, el cosmopolitismo masónico buscará que desde la disconformidad todos ellos «puedan reconocerse como iguales» para poder construir ya no de forma alegórica, sino desde la praxis, la ecúmene, el cosmos que se fundará desde la cultura de la movilidad.

Será a partir de la francmasonería francesa prerrevolucionaria esa cultura de comienzo y será cuando se coloquen las primeras piedras basales y se propague el «arte de hacer a las gentes iguales sin que nada pierdan de su rango y de su distinción» (Alain Keghel).

Para ello se necesitará construir ese imaginario Templo Salomónico, pero no lleno de columnas, o artesonados que tanto Salomón como el mítico Hiram Abif habían construido de forma metafórica como paragón del antiguo conocimiento, aunque también hay que decir que se había levantado a partir de los planos de la diferencia y la desigualdad.

Ahora los nuevos arquitectos dejando de lado la caridad cristiana que impide la justicia ya que de esa manera se garantiza el orden social de las desigualdades fundamentando un posible cambia en la esperanza, de ahí que en las logias en su evolución hacia un concepto nuevo como la beneficencia tendrán que articular todo un edificio simbólico-ritual de libre circulación basado fundamentalmente en un nuevo pilar como es la filantropía que toma como base fundamental de su desarrollo el laicismo, en una geometría variable que finalmente fraguara el movimiento masónico en dos grandes continentes, uno la autodenominada masonería regula que representa la GLUI, y del otro lado aquella que representa el variado mundo masónico revindicado como adogmático.

Será en este último en el cual tengan cabida muchos elementos simbólicos, muchas escuelas, muchas ramas del saber, las cuales cimentarán desde la diversidad geográfica, política, religiosa y hasta lingüística el nuevo cosmos universalista mitificado en querer y desear ser el Centro de la Unidad, a cuya gran obra se unirá en la convicción de creer firmemente en el progreso de la humanidad, que claman los rituales pero cimentado todo ello desde la secularización.

Ello supone para los masones abolir un presente cuasi perpetuo, en tanto que hoy la democracia ha caído en una caricatura, de ahí que los nuevos Arquitectos de la Razón deban repensar su proyecto social y filosófico no cayendo en el onanismo logial y obediencial del que nos habla el ex -Gran Maestro del GOdF: A. Bauer.

Han de trabajar los francmasones del mediodía a la medianoche para salvar esas grandes distancias, más allá de la Cadena de Unión de los iguales, en tanto que su quehacer se ha alejar de la religión aunque esta sea laica, su lugar está lejos de las revelaciones místicas, o las piedras filosofales que tantas veces vemos en muchos de los perfiles masónicos, tanto en el seno de la estructura como su expresión en las Redes Sociales como Facebook.
De ahí que la nueva masonería no ha de ser el elemento nuclear del crecimiento personal, sino otro camino muy distinto que debe conformar la opción de hacer de la masonería una sociabilidad bajo el convencimiento de la que la reflexión y la instrucción es la herramienta para conseguir el deseado Centro de la Unidad.

Por tanto es necesario pasar a la acción, que cada uno escoja su decisión por sí mismo, desde la conceptualidad máxima de un masón libre en una logia libre, lo cual no dejará de ser una legítima opción de ser el Novum organum de la República Universal de los masones.

O como bien expresaba Jacques-Georges Plumet, la nueva República Planetaria, tal y como hicieron los Hermanos masones en 1868 de Amis Philathropes, verdadero laboratorio de iniciativas socio-políticas y masónicas, que creó en aquellos momentos de crisis los Atelier Reúnis, cooperativa alimentaria sostenida por la Municipalidad en la persona del burgomaestre y francmasón Jules Anspach, que en aquellos tiempos promovió los cementerios abiertos a los librepensadores, a los suicidas, y muertos sin bautismo , toda una filosofía moral de carácter liberal y laico que promueve la construcción de un proyecto de sociedad.

Tal vez en estos momentos tan abiertos a los masones como Arquitectos de la Razón, les falte una verdadera cultura política de combate y creencia en el progreso, al menos desde la perspectiva masónica, pues no en vano como decía Brunno Etienne «la masonería liberal ha perdido su espiritualidad, su propia identidad y se ha dejado engatusar por la esfera política profana» y ese es el gran peligro que se corre» -

Pero ello no ha de suponer abandonar la utopía que arrancó en 1717, con el rompimiento de una un mudo cuasi feudal y religioso, sino que sujetándose es esa firme creencia en el progreso de la humanidad y en conseguir ser Centro de la Unidad , han de ser las nuevas escuadras y compases para trazar desde la Razón el nuevo mundo.

Victor Guerra.

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