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7 de octubre de 2018

André Kervella plantea la tesis del Pastor Anderson como Impostor?

Anderson

El investigador André Kervella, al cual ya dediqué una larga reseña sobre su anterior libro: 1717 La Historia robada de los francmasones, en cuyo libro nos planteaba la recuperación de la historia de la masonería jacobita inglesa y su llegada al continente, una facción no segregadora ya que estuvo en ese levantamiento de 1717, otra cosa son las formas y los trasfondos, y como el tratamiento historiográfico que hoy se hace y sus consecuencias, pero todos ellos por encima de religiones, de política y condiciones sociales formaron la base de la fundación de 1717, aunque para mi gusto queda por saber cuál fue la incidencia de los jacobitas en la escisión de 1751 y su papel posterior, si es que la hubo?.

Como dice Kervella no debiéramos tener miedo a los sondajes en la historia, nada nos puede lastimar, ya que no somos hijos directos de aquellos actos, sean jacobitas, judíos o cristianos, pero ese deseo de defender un cierto estado para asegurar nuestras bases actuales me parece una memez, pero se da con bastante frecuencia.

Me llama la atención que André Kervella olvide mencionar que hay diversos libros, como los de Maurice Paillard con una importante traducción al francés de las Constituciones y su réplica en el idioma original, o el trabajo de Daniel Ligou, sobre Constituciones de Anderson (2002) con 4 ediciones impresas.

Pues bien, ahora André Kervella que recoge las tesis de Pierre Méreaux, pone en tesitura la figura del Pastor James Anderson, como personaje ambiguo, y que solapó en cierta medida la dimensión del que fuera el gran arquitecto de la obra fundacional, el Dr. Desaguliers y su trabajo al frente de esa reedificación de 1717.

Habrá que esperar a recibir y leer con calma el libro de Kervella, ya que no son libros fáciles, yo tengo en la biblioteca unos siete de sus numerosos libros, y puedo asegurar que son complejos por sus argumentos y la aportación de datos muy desconocidos.

A este tema de Anderson le dediqué en el blog Rito Francés varias entradas:


Para ir abriendo apetito antes de que llegue la oportuna reseña, aporto esta entrevista que me llega de la mano de Ediciones La Pierre Philosophale, que es quien edita el nuevo libro de Kervella

Victor Guerra 

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Pregunta: El pastor James Anderson es un masón mundialmente famoso. Debe su fama al libro que había impreso en 1723 y contiene normas generales que muchas obediencias aún aplican hoy en día. Por este motivo, ha sido objeto de muchas biografías en muchos idiomas. ¿Por qué dedicarle uno más?

Respuesta: Los estudios sobre él han sido diversos y variados, pero en general han sido trabajos en forma de artículos o folletos, encontrados en su mayoría en diccionarios o enciclopedias. Eso es lo que me sorprendió un poco, cuando empecé a escribir busqué en los catálogos universitarios y en Internet las publicaciones que podrían inspirarme y no encontré ningún trabajo sustancial, realmente ninguno, con la excepción del que publicó Pierre Méreaux publicado en 1995 con Editions du Rocher, el cual ya conocía, pero con el cual no comparto algunos análisis.

Suena curioso. Los textos breves son innumerables en todos los idiomas y, a menudo, repetitivos o contradictorios. Pero ningún libro en el sentido común del término, o más bien solo uno, el de Méreaux Les Constitutions d´Anderson. Vérité ou Imposture .

La interesante monografía de PF Editions, David Stevenson, es en realidad es un artículo publicado en una obra colectiva en el 2002. De manera ingenua estaba convencido de que el personaje debería de haber despertado un mayor interés entre los historiadores.

Esta rareza puede deberse a la dificultad de recoger documentos de primera mano. No sabemos mucho sobre la vida privada de J. Anderson, que sin embargo es necesaria para dar profundidad a un pretendido retrato. Por ejemplo, su estilo de vida sobre la cual no fue fácil de describir, y uno puede perderse en conjeturas sobre su juventud, sobre los primeros años de su vida adulta en Escocia, en Aberdeen exactamente, sobre la familia que fundó en Londres, sus relaciones con sus feligreses en Piccadilly, y el hecho de porqué era un pastor presbiteriano a cargo de una comunidad de compatriotas que habían emigrado a ese barrio.

Pregunta: Pero, ¿cómo lo hiciste?

Respuesta: Había apuntado varios objetivos. Ciertamente quise clarificar quien era el hombre, cuáles eran sus inclinaciones, sus prejuicios, sus afectos. Aunque es necesario leer con gran cautela los folletos publicados en su contra durante toda su vida, lo cual nos permite tener una idea bastante precisa acerca de su personalidad.

Estamos ante un hombre con una peluca roja, casado con Rebecca, con la que tiene dos hijos, una niña y un niño, mientras por otra parte mantiene una cierta tendencia a la homosexualidad.

También quería entender su trayectoria intelectual, tanto desde el punto de vista religioso como político. Y aquí entran en juego los sermones pronunciados en el púlpito ante sus fieles de Piccadilly, y como no, sus escritos masónicos y sus otras obras dedicadas a las genealogías de familias nobles, son los que me mostraron muchos aspectos que íntimamente le conciernen.

El punto principal de mi charla es ver cómo su discurso en la masonería de Londres de los años 1720-1730 puede ser creíble.

Los libros de texto más populares que se han basado y se siguen basando sobre su figura, desafortunadamente, como el de Méreaux, ha señalado un camino, incluso los propios contemporáneos de Anderson con sus opiniones y sus intenciones tienen efectos que son flagrantes. Todo parece estar mal, pero no todo es verdad, ni mucho menos. Aparte de los errores involuntarios que cualquiera puede cometer, hay omisiones deliberadas, efectos especiales, falsificaciones. De ahí mi pregunta: ¿Podemos considerar que hay una tendencia hacia la imposición? Bueno, la respuesta no es tan simple como pensamos.
Detrás del personaje hay una vida, y quería examinarla, casi que mes a mes, y en algunas ocasiones día a día, de este modo además fui enarbolando, por ejemplo, el contexto en el que apareció la Gran Logia de Londres.

En este sentido, obviamente no puedo pasar por alto una lectura casi literal de las Constituciones de las cuales Anderson es el autor, y en las cuales se supone que son un relato histórico que recuerda el origen de la masonería en general, y el de la Gran Logia de Londres en particular. Ante casi todas las páginas leídas uno oscila entre una perplejidad y el estupor, y a uno le gustaría ser benevolente, pero sin concesiones. Obviamente, este buen pastor a menudo logra desenfocar las realidades.

Pregunta:
¿Tienes ejemplos para darnos?

Muchos. Pero para esta entrevista, tengo que limitarme a unos pocos. Primero, sabemos que Anderson publicó dos versiones de las Constituciones, una en 1723, la otra en 1738, esta ultima un año antes de su muerte. Bueno, es suficiente comparar estas dos versiones para revelar contradicciones entre ellas que no pueden explicarse de otra manera, en ambos casos hay el deseo de escribir una historia artificial al servicio de una causa política.
Esta causa, como sabe cualquier historiador, es la de la Casa de Orange y la de Hannover que reemplazaron una tras otra hasta finales de 1688, la de los Estuardo en las Islas Británicas.

Si bien Anderson puede declarar que la masonería no está involucrada en peleas religiosas y políticas, todo lo que dice o hace es lo contrario.

Adopto, por tanto, un punto de vista de crítica interna, que es identificar contradicciones dentro del trabajo de Anderson. Por supuesto, hay un crítico externo que aporta aún más material. Durante la primera mitad del siglo dieciocho, muchos columnistas de Londres publicaron sobre la masonería.

Solo hay que ver qué dicen, para ver cuánto y porqué cuestionan a Anderson, y esa labor comienza tan pronto como se anuncia la publicación de sus Constituciones. Sin ni siquiera estar en las librerías, los masones más o menos bien informados de lo que contienen, toman la pluma para expresar su escepticismo.

Pero, creo que es necesario hacer un ajuste de percepción inmediato. Recientemente, dos investigadores británicos, Andrew Prescott y Susan Sommers, han acudido al Landerneau masónico a examinar las falsificaciones deliberadas de Anderson, lo cual han mostrado en dos o tres estudios breves. Sin duda, también ellos consideran que hay manipulación por parte de ellos.

Ahora, están ocupados diversos compiladores franceses en ello y aunque respetuosos con el carácter del pasado, sus trabajos se están difundiendo en algunas revistas con la intención de ponerlo en la picota, sin circunstancias atenuantes.

Además, tanto Prescott como Sommers, parten o suponen que la Gran Logia de Londres no apareció en 1717 (según Anderson), sino en 1721 (lo que Anderson habría buscado enmascarar), los mismos divulgadores franceses sin darse cuenta de que están ocultando el registro en lugar de hacerlo más inteligible.

Mi propósito en mi libro es menos controvertido sobre esto, ya que deseo evitar un argumento engañoso o engañoso. Me inclino a interesarme en las tesis de Prescott y Sommers sobre varios puntos. Sin embargo, hay una cosa que me sorprende de ellos, es la reducción a cerca de la causa jacobita. Pretenden decir que las logias jacobitas no existieron antes de 1721, lo cual es inconsistente para el análisis general del problema. Por esta razón, no puedo agregarme a sus conclusiones y mucho menos a las de sus emuladores hexagonales, que además tienen la molesta inclinación de dedicarse a la paráfrasis al transformar las hipótesis en verdades inconfundibles.

Pregunta: Sí, está bien, pero mi pregunta fue sobre ejemplos de falsificación por parte de Anderson.
Respuesta: Me desvié un poco. Dado lo que acabo de decir, la ocultación deliberada sobre la pregunta jacobita es preocupante. Hoy, uno puede probar, sin posibilidad de refutar, archivos en mano, que los altos dignatarios del jacobismo eran masones antes de la aparición de la Gran Logia de Londres. El contribuidor más importante a las Constituciones, después de Anderson, me refiero al Pastor Jean-Théophile Desaguliers que escribe los textos sobre los aspectos jurídicos de las Constituciones, se refiere a los Hermanos "rebeldes" que tendrían que mantener el afecto a pesar de las rivalidades políticas.

Pero la rebelión en la que está pensando es la de 1715, antes de que Anderson entre en liza para narrar las circunstancias de la formación de la Gran Logia de Londres.

Al decir esto, no es para mí revivir hostilidades olvidadas por mucho tiempo, y mucho menos para defender la superioridad de cualquier obediencia presente sobre los demás. Pero debo recordarles a los masones de hoy, que no pueden permitirse una amnesia de su origen bajo el falso pretexto de creer en la existencia de un consenso que habría aparecido en las logias británicas desde los años 1710-1720. Aquellos que, por ejemplo, se aplican en negar de manera constante y arrogante las acciones de los jacobitas, al infligir el epíteto de marginados, son la mayoría de las veces ideólogos que rechazan un cuestionamiento sereno de los archivos.

Algunos de estos ideólogos, pero no todos, ni mucho menos, pertenecen al campo académico donde, paradójicamente, se adulan para expresarse en nombre de la ciencia y la objetividad. Hablan de una problemática obsoleta, olvidando soberanamente que la historia, por el contrario, tiene vocación de interrogar constantemente el pasado para extraer mejor las lecciones que hacen más inteligible la comprensión del presente. Desde este punto de vista, la lectura de los archivos nunca está desactualizada. Nunca. Cuando un investigador se atreve a pronunciar tal incongruencia, es porque desafortunadamente abandona la investigación que justifica su estado.

Pregunta: Perdóname, ¿qué archivos?

Respuesta: Aporto una carta de 1714 de conde de Mar, quien se presenta como un Maestro con la palabra, la Mason Word. Esta carta, ya la he comentado en publicaciones anteriores. Ahora agrego varios extractos igualmente evocadores de la correspondencia intercambiada entre él y el arquitecto James Gibbs. La paradoja es que Anderson cita a Gibbs en su libro, y también dice que es un Hermano Masón, y que su nombre no se encuentra en las listas de logias particulares que reúnen la Gran Logia después de 1717, pero entendemos por qué. Gibbs no era Hannoveriano. Era católico, era conservador en la política y era jacobita, y a menudo todo esto va de la mano, pero no siempre, en vista de que solo podían pertenecer a la masonería de los estuardistas precursores del siglo anterior.

Anotamos en esta correspondencia que el conde Mar, se califica así mismo bajo el término de "convocante", es decir, de reunión o de presidente según los contextos. También es un papel reconocido por otras fuentes indirectas. En 1720, cuando se muda a París por un tiempo bastante largo, incluso continuó asegurando tal cosa a los francmasones de la capital y de Saint-Germain-en-Laye, hasta que en 1728, que es cuando cede la plaza al duque de Wharton.

Pregunta: ¿Qué se puede aprender de tu estudio?

Respuesta: Quiero dejar claro que no me atrevo a reclamar conclusiones definitivas. Como acabo de decir, sé que la investigación nunca será completa en ningún campo histórico. Es por esto que siempre es estimulante revivirlo con cada nueva generación. Todavía parece posible establecer algunos puntos de referencia clave en la investigación. La primera es que no debemos adherirnos al principio de que la masonería habría aparecido en Londres en un ambiente de tolerancia política y religiosa, o que habría despegado al abogar por la neutralidad en este tema.

Sé muy bien que uno de los artículos de las famosas Constituciones, es un artículo que debe mucho más a la pluma de Desaguliers que a la de Anderson, en el cual dice lo contrario. Pero hay una gran brecha entre la teoría y la práctica. Anderson es un incipiente partidario incondicional del rey Jorge I de Hannover. Lo dice, lo escribe, lo repite incesantemente. Y los testimonios de los contemporáneos lo confirman.

Entonces, es necesario retomar el dossier de las similitudes o diferencias observables entre las llamadas logias operativas y especulativas.

Hoy, la tesis sería que estas serían las cunas de las segundas en base a una lenta transformación que significó la eliminación gradual de los artesanos en beneficio de las gentes de la burguesía y la nobleza, esta tesis se abandona, porque no porque no resista al examen de las pruebas fácticas. Pero ello es reemplazado por otro argumento igualmente inconsistente que consiste en convertir a los herederos especulativos en un grupo de intelectuales pertenecientes a la Royal Society de Londres.

No es porque muchos miembros de esta Sociedad hayan estado en la primera fila de las logias para que sea necesario atribuirles su paternidad. Nada en la obra de Anderson autoriza a tal interpretación, y en este punto, Anderson sigue siendo un testigo muy interesante. Nada, tampoco se desprende de los primeros registros conocidos de la Gran Logia de Londres.

Este segundo punto de vista busca intelectuales que estarían enamorados del modelo operativo para reproducirse entre ellos. Pero nadie puede nombrar a miembros de la Royal Society que, en 1716-1717, hubieran participado en la creación de la Gran Logia de Londres.

En 1719, solo podemos nombrar uno: Desaguliers. Después de 1721, sí que comenzamos a notar un aumento de miembros de la Royal presentes en la masonería. Pero es este segundo periodo, y nadie es capaz, tampoco de indicar qué ascendencia ejercen estos sobre los masones londinenses. Me gustaría creer que Desaguliers, sobre todo, está inspirado en su propia visión del mundo y la sociedad para aconsejar a Anderson e incluso dedicarse a escribir los primeros artículos de las Obligaciones relativas a la tolerancia mutua y la libertad de conciencia o una libertad de expresión más bien relativa. Sin embargo, eso no es suficiente para convertirlo en el portavoz de sus colegas.

En realidad, los intelectuales francmasones se manifiestan ante la formación de la Royal Society de Londres. Al menos dos de ellos, Elias Ashmole y Robert Moray, son de hecho miembros de una logia antes de pertenecer a esta Sociedad, y son, por el contrario, parte de los fundadores de alguna de ellas a principios de la década de 1660.

Al limitarnos a estos ejemplos, es necesario revertir la relación de influencia. Me parece que la clave del problema reside más bien en un análisis de los contextos en los que el término masón se utiliza en la literatura británica antes del siglo XVIII. Más exactamente, la lectura de Anderson, una vez confrontada con la de los archivos y testimonios en los que se inspiró, me hace pensar cada vez más, que es en una reflexión sobre una fórmula que creemos interesante. Fácil de entender, pero que en realidad es bastante ambigua: el mismo título de las Constituciones, me refiero a los masones aceptados (Acepts Free Masons).

Anderson no habla de masones, sino de masones libres y aceptados. Sus Constituciones las presentan como los de una muy respetable fraternidad de masones aceptados. Luego, en su texto y en las canciones que coloca al final del libro, habla sobre Francs et Acceptes Maçons.

No quiero dar la impresión de jugar con las palabras, pero la conjunción ET obviamente no es neutral, al contrario. Por lo tanto, es el vínculo que introduce entre dos posiciones o situaciones distintas que es interesante resaltar. Podemos resumir su punto de vista al distinguir entre masones no aceptados y masones aceptados. Estos son los segundos los que interesan ...

Pregunta: Te interrumpo. Cuando Anderson habla de masones aceptados, ¿no es para justificar su teoría sobre lo especulativo que habrían sido aceptado por los operativos? ¿En su lógica, no son las personalidades externas aceptadas que se han vuelto más numerosas en las logias y que se impusieron con el tiempo a otra forma de trabajar?

Respuesta: Sí, eso es lo que él sugiere. Pero ahí es donde tienes que estar vigilante. En los documentos más antiguos que hacen referencia a dicho significado, esta modalidad concierne a operativos como los demás, excepto que son parte de la élite de la profesión en un contexto exclusivamente urbano. Contribuyen a un fondo de solidaridad especial y buscan ser un grupo selectivo. Pero ello nos le da más habilidades técnicas automáticamente más que a otros, pero aun así mantienen un sistema de cooptación residencial que excluye a personas itinerantes y que no tienen recursos suficientes para realizar su contribución. En inglés como en francés, la idea de aceptar contiene la de una libertad de elección de acuerdo con los criterios específicos de quien acepta.

Los ejemplos dados por Anderson en su libro causan gran confusión en este punto, porque se refieren a personalidades aisladas de la nobleza. Ahora bien, la nobleza y la gran burguesía sí que podían intervenir en su época antes que los operativos que se encontraban por su parte y en su gran mayoría en ciertas asambleas corporativas gracias al apoyo de las autoridades que impusieron su presencia. Y por cierto, no siempre fueron bienvenidos, ni mucho menos. Ellos intervinieron en nombre del rey o de los municipios para dictar reglas y obligaciones. En lo que a ellos respecta, no podemos hablar de aceptación, ni mucho menos.

El significado según Anderson es simplemente constructivo. Casi de manera redundante significa que los masones que se consideraban fundadores de la Gran Logia de Londres y que habían sido cooptados en un pequeño comité, luego desarrollaron esta forma de crecimiento. Los operativos no jugaron ningún pape en dicho sistema.

Pregunta: ¿Pero no debería estar inspirados por un modelo, un ejemplo?

Respuesta: Estoy de acuerdo. Usted presentó la teoría que reemplazó a fines de los años 70 la de la transición en la historiografía masónica. Ahora se llama la teoría de los préstamos.

En términos generales, dice que los primeros francmasones del siglo XVIII no fueron formados por los operativos, sino que incorporaron a su propio campo los símbolos y alegorías que pertenecían al patrimonio cultural de los grupos de constructores canteros. Se mimaron, por así decirlo. De ahí el gran favor que disfrutaron muchos Hermanos provenientes de la Royal Society. La desventaja es que esta teoría de los préstamos se centra en una época que no es buena, ya dije anteriormente que los intelectuales masones son conocidos antes de la aparición de esta Sociedad.

De hecho, cuanto más precisas son las investigaciones sobre los archivos, más se deja ver que hay dos tipos de préstamos que se dieron en el pasado. Primero, hay un préstamo del cual los seguidores de los Estuardos, son los motores principales durante el reinado de Carlos I. Luego, en 1716, son los hannoverianos los que toman prestado de los estuardistas el modelo ahora llamados jacobita. Obviamente, los amigos de Anderson no tienen interés en hacer visible su admisión. Como entonces están en una posición de fuerza en la sociedad británica desarrollan un discurso de ocultación, retractación o evasión.

Precisamente, esto es lo que la lectura de las Constituciones saca a la luz, no solo cuando se busca entender la conversación sobre los "rebeldes", sino también cuando se estudia la biografía de los personajes citados por Anderson y cuando se compara su texto con Los de los contemporáneos que le dirigen objeciones mordaces.

Verá, lo que más me sorprende de las leyendas de hoy es el hecho de que la teoría de los préstamos ahora se haya vuelto dominante, pero aquellos que aceptan su validez para convertirla en un principio clave de la interpretación se niegan a aplicarla a los estuardistas. Lo encuentran muy atractivo durante el reinado de George de Hannover, y lo abandona bajo el de Carlos I.

Es debido a este prejuicio por el que se encuentran incapaces de explicar el nacimiento de los llamados altos grados escoceses. Si los herederos de Anderson no lo quieren, es porque también tienen su formación como masones jacobitas, pero están tan connotados por los tiempos y las desgracias de los príncipes en el exilio (Jacques II, Jacques III y Charles-Edouard) que van en contra de su lealtad a Hannover. Estoy hablando aquí, por supuesto, de los primeros grados superiores conocidos hasta la década de 1760, no hablo de lo que viene después.

Pregunta: ¿Habría habido entonces dos préstamos escalonados en el tiempo?

Esto es. El primer préstamo se realiza en la primera mitad del siglo XVII. Es elegido por los seguidores de los Estuardo. Adoptan el paradigma de la Masonería Operativa para teorizar sus compromisos, alegorizados, si lo prefiere. El segundo se realizó en la segunda mitad de la década de 1710. Es elegido por los partidarios de Hannover, por imitación de los jacobitas. Anderson se destaca como archivista y portavoz de los medios de comunicación. La manipulación que procede es hacer creer que las logias de Londres son parte de la línea directa de los talleres de antaño hizo olvidar a los jacobitas, excepto que el artículo de las Obligaciones sobre los rebeldes nos lleva de nuevo al tema de una manera muy sintomática.

En cualquier caso, 1717 es la fecha correcta para marcar la aparición de la Gran Logia de Londres. Luego, estos creadores hacen todo lo posible para mostrar su lealtad incondicional al régimen. Incluso se mueven en delegación para tranquilizar al gobierno sobre su lealtad. Por otro lado, sus adversarios jacobitas, ya sea que permanezcan en las Islas Británicas o que estén exiliados en el continente, principalmente en la región de París, mantienen su tradición que se remonta a casi un siglo antes. Las historias indulgentes tomadas una y otra vez por una gran cantidad de compiladores, no son mejores que las historias para dormir.

Y las polémicas sobre el tema deberían apaciguarse si entendiéramos de una vez por todas que hoy en día hay una prescripción sobre hechos dolorosos que ya no conciernen a los hermanos y hermanas del siglo XXI. La Hermandad como se la conoce ahora es el producto de muchas metamorfosis. Decir cuáles o quiénes no pueden dañar el mensaje ético que justifica sus exhortaciones a la concordia universal.

Pregunta: Completa tu trabajo con un capítulo de reflexión sobre el método que adoptas para escribir la historia de la masonería. ¿Puedes darnos un esquema?

Tengo miedo de haber quedado un poco corto. Digamos que especifico qué tipo de evidencias se deben buscar para lograr una narrativa satisfactoria desde un punto de vista argumentativo. Lo admito no es un ejercicio fácil, pero aun así lo encuentro cada vez más estimulante.

He tocado el problema antes. Lo cual implica cuestionar a algunos de mis cofrades que dicen ser cientificistas sobre los límites de su pretendida ciencia y la fragilidad de los instrumentos que utilizan para encontrarla. Por supuesto, estoy hablando principalmente a aquellos que están negando permanentemente el fenómeno jacobita. No son más científicos que nadie. Personalmente, no tengo esta afirmación por ilusoria. Por eso estoy abierto a una crítica constructiva que pueda ser dirigida a mí. Siempre es posible hacerlo mejor. Este es también un poco el principio que animó a Anderson. En la segunda versión de sus Constituciones, en 1738 quería hacerlo mejor que en 1723. ¿Ha tenido éxito? Espero haber planteado una respuesta coherente.

André Kervella.

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