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19 de diciembre de 2018

El Rito Moderno. Los rituales de fraternidad y combate y sus paradojas.

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Hace unas semanas fui invitado a exponer en el transcurso de la IV ACADEMIA V IMPERIO, que se celebra en Oporto, cuyo foro desarrollan las logias y Capítulos del Rito Frances del Grande Oriente Lusitano (GLO) de la zona Norte (Oporto).

Cada edición es un desafío en cuanto a las temáticas a desarrollar , si bien le edición anterior versó sobre las Espiritualidades Laicas, en esta ocasión nos adentramos en la posición del Rito Frances, como bien había ya comentado Ludovic Marcos, este perdió ciertos retos frente a diversas situaciones y realidades en la cuales un rito centrista y permeable como el REAA supo jugar sus bazas.

En esta ocasión  el envite era  un acercamiento al Rito Moderno  Ritos de Fraternidad, y esta ha sido mi personal aportación a ese foro masónico portugués que tanta importancia está teniendo en la masonería portuguesa.

El Rito Moderno. Los rituales de fraternidad y combate y sus paradojas.


A todos os Irmãos presentes, em suas qualidades, Muito obrigado, é agradecer à Academia V Imperio , às lojas e aos Capítulos que ten colaborado uma vez mais a que este evento se possa celebrar, Graças a seu alter-ego Belmiro Sousa, i os irmaos que tem feito possivel este novo convite, para de novo estar entre todos vocês, Meus queridos irmãos.

Este tema que hoy planteo debe resultar de una paradoja total, pues que un español hable del Rito Moderno o Francés y de fraternidad, es diríamos la cuadratura del círculo, y máxime cuando en la paupérrima bibliografía en castellano apenas sí existen un par de libros sobre tal cuestión, más allá del publicado por Antoni Domènech El eclipse de la fraternidad, texto más bien referido más bien al ámbito del republicanismo, o lo expresado por Luis P. Martín.[1] en algunos de sus trabajos.

Tampoco parece que el tema en Francia tenga mucho predicamento a juzgar por lo que expone Régis Debray en su texto Le Moment Fraternité,  o lo desarrollado en el trabajo de Catherine Chalier: La fraternité un espoir en clair obscur , en cuanto al plano profano, o  lo tratado por un masón como es  el filósofo Marcel Bolle de Bal en su libro  La Fraternite.[2]

En general se puede decir que  la sensación que existe es que el tema ha quedado circunscrito a estos dos importantes ámbitos, como son el republicanismo que encarnará y acuñará la fraternidad en su acción conceptual y política sobre todo durante el siglo XIX, y en el otro extremo se encontraría la masonería que lo asumirá como parte de su propia identidad que arranca en el siglo XVIII.

Antes de avanzar más, veamos qué nos dice por ejemplo el RAE, ante la locución de Fraternidad: del Fraternitas: Hermano o personas que se tratan como iguales.

En cambio, el Diccionario portugués Priberan, es más extensivo y explicativo en cuanto a la definición de Fraternidad:
1.    Parentesco de irmãos ou irmãs. = IRMANDADE
2.    União ou afecto entre irmãos. = CONFRATERNIDADE
3.    Amor ou afecto em relação ao próximo. = FRATERNIZAÇÃO
4.    Boa convivência ou harmonia entre as pessoas. = FRATERNIZAÇÃO

Las palabras a veces son engañosas, y una de las trampas conceptuales es lo referido a la Fraternidad, la cual en masonería la tenemos referida a una cuestión relacionada con los emocional y afectuoso, tal vez nacida tal simbiosis por lo que tiene de exaltación de la amistad, lo cual tanto se ha dado en el seno de la masonería, nada más hay que ver la gran cantidad de logias que llevan en el titulo distintivo el apelativo de la amistad.

No cabe duda, que la fraternidad como amistad y como praxis, es parte del cemento de nuestra edificación como masones, pero tal cuestión también tiene sus claros y oscuros, y uno de ellos por ejemplo conlleva a su vez una paradoja: cuando uno se va de la masonería, por la puerta de la logia, la fraternidad es aventada por la ventana.

El Cimiento de la Fundación.

La fundación primordial de 1717 intentó crear un marco de relación donde se pudiera dar una cierta paz entre diversas gentes que la componían, pues había que recomponerse de las luchas políticas, de las disputas entre la nobleza y la burguesía, y como no, también de los fratricidas desencuentros entre jacobitas y hannoverianos. Era necesario crear un marco nuevo para conciliar tanto desacuerdo todo lo cual como sabemos se desarrolló en el seno de la fundación de la Gran Logia de Londres, y de ahí la necesidad de un marco de consenso.

Se creó de este modo el germen de un espacio neutral o de consenso, que como tal recogen las Constituciones de Anderson, lo que se condesaría en el llamado «Centro de Unión» que se resume en que ella [la masonería] «pretende reunir a personas de convicciones y oficios diferentes que jamas habría tenido la ocasión de reencontrase para crear una amistad sincera».

Es evidente que esta acción de los Hermanos de 1717, nos separa de la vieja fratría cristiana que venían a representar las logias operativas «la conmiseración o compasión recíproca por los sufrimientos vividos, o que se viven por el mero hecho de existir. Es, pues, un sentimiento de piedad dolorosa, compartida en común y, que refuerza la resignación ante las maldades del mundo». (C. Gurméndez 1983).

Un tiempo y un contexto, la fundación de la Gran Logia de Londres, que favoreció la creación y la puesta en pie, como nos indica  Lambros Couloubartitsis, de una auto-organización con la implicación e interacción de diversos personajes  de muy distinta talla y procedencia, que desarrollaron un sistema adaptativo complejo de tipo político y cultural en el cual se hacen prevalecer los nuevos ideales, por medio de una estrategia decisional que crearon, siendo capaces de ir reuniendo desde 1716 las piezas necesarias para fundar la Gran Logia de Londres, la cual se enmarca en un proyecto polivalente como es la masonería especulativa emergiendo con ella «una realidad nueva de funciones y actos innovadores».

Por tanto, ese mismo hecho constituido bajo esas directrices supone una ruptura cuasi total con el pasado masónico de los Old Charges, y en esa nueva aventura es la cual se van embarcar los precursores del Rito Moderno.

A esa pieza esencial que fue la Gran Logia de Londres, se fueron sumando los hombres de la Royal Society, pues la nueva organización emergente parecía el vehículo ideal para comprobar el impacto de las filosofías que en aquel momento tanto Locke como Newton sostenían y que pregonaba la propia Royal Society, en la cual se debieron inspirar los masones de 1717, abordando una simbiosis que aún hoy no somos capaces de vislumbran en toda su extensión.

Pero si bien podemos intuir que esa primigenia construcción se basó en una básica relación de amistad de tipo emocional y mutualista, de la cual nos hablan las propias Constituciones de 1723, se irá plasmando como tal en la ritualidad de los «Modernos» que irán implementado en su modelo especulativo la fraternidad a modo ayuda mutua cerrada sobre el grupo, pero la evolución  llamará a la puerta de los talleres para proyectarse en un nuevo proceso, como nos dice  Marc Halévy, el cual viene «engendrado por el mismo proceso, dentro de la misma gestación, con la misma matriz espiritual, y por la alquimia común elaborada dentro del atanor de la logia».

De este modo los «Amigos devienen en Hermanos» como nos manifiesta una logia provincial del siglo XVIII, a la hora de formar la Cadena de Unión, «Hermanos que han sido engendrados por el mismo proceso, dentro de la misma gestación, en la misma matriz, sembrados por la misma simiente espiritual». (M.Halévy).

Será a través de  la molienda  de los «Modernos» como dicho concepto irá evolucionando, dándose otra paradoja de por medio, puesto que una vez superados los problemas de los primeros años tras la puesta en marcha de la masonería especulativa, empiezan reaparecer los viejos veneros de añoranza  de manos de la vieja masonería operativa y noaquita, lo que al final llevará a Laurent Dermott en 1751 a crear la Gran Logia de Inglaterra, o sea  los «Antiguos», los cuales se situarán en el paternitas de substancia caritativa como parte de la amalgama de su quehacer masónico, y como tal, quedará impregnado hasta el dia de hoy a modo de filantropía,  siendo una de las señas de identidad de la llamada Masonería de Tradición.

Tal como nos explica Marcel Davil, profesor emérito de la Universidad de Paris-I, que ha trabajado sobre tal cuestión, este escribe «la beneficencia conoce las profundas transformaciones sobre todo a partir de las Luces, pero cuando estas decaen, la [fraternidad] se hace más laica para evolucionar progresivamente hacia la filantropía».

Por otro lado,  con el paso de las moliendas de los «Modernos» al continente europeo, en concreto a Francia, y al envolverse estas en la substancia cultural de la Ilustración , esto conllevó que la masonería especulativa derivase en su evolución del ámbito convivencial mutualista de la beneficencia que marcaba la época a un concepto más filosófico, el cual irá proveyendo a la asociación masónica de un carácter  más definido y definitorio, como es la fraternidad presentando a esta [la masonería]como una sociabilidad.

Pierden por tanto fuerza los conceptos de la beneficencia, de alto contenido paternalista junto con la filantropía, de carácter aún más elitista, y enfrente se sitúa la encarnación de la fraternidad, con un sentido más amplio y revolucionario que encarnó el Rito Moderno y Francés, más interesante y preñado de matices revolucionarios y como no, de combate, ya que nos habla de igualdad social.

Es un valor, la fraternidad , que encarna el rito Francés, que va más allá del contexto que apunta la RAE, ya que este nos sitúa en la República Universal de los francmasones, y por tanto la fraternidad será el eslabón que una a sus miembros en una especie de sufragio universal, a pesar de que Flaubert en 1853, dijera aquello de que «la fraternidad es de una de esas invenciones de la hipocresía social»

En esa corriente de evolutiva de la que hablamos, no es que nosotros la expongamos como una sociabilidad en acción sin más, sino que los propios masones eran conscientes de la realidad en la que estaban insertos, querían dejar atrás aquellas otras las logias inmersas en una filantropía abstracta, o inmersas en una nebulosa idea universal.

Alguno de ellos muy al contrario que otros, querían encarnar una realidad cotidiana que van instituir de forma muy visible, al denominar, por ejemplo a su logia  bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, sita en los valles de Perpiñán y trabajando en el Rito Francés, y que titularon como la Sociabilité [3], lo cual se daba 1783, cuando todavía Carlos Marx, no había desarrollado la teoría concreta del devenir social.

Eran por tanto, las ideas de Montesquieu o Adam Smith las que predominaban en ese momento, bajo esa idea era cómo estas asociaciones masónicas se conformaban a modo o como parte de una «élite» social.

Hay que tener en cuenta, que ese momento: 1770, Charles Bornet  establecía con gran esfuerzo un fuerte debate al intentar relacionar los dictámenes cristianos y la filosofía racional, dando pie a la construcción del concepto de la sociabilidad como parte de la construcción política europea, cuyo tratamiento luego desarrollan más adelante  Max Weber (1941), o Georges Gurvitch (1950), parte de esto es lo que estudió Maurice Agulhon (1968)  en su trabajo Pénitents et franc-maçons de l ´ancienne Provence: essai sir la sociabilite meridionale.

Los espacios de sociabilidad que se fueron generando a raíz de la revolución francesa, rompieron con los esquemas sociales y las reglas de juego sociopolítico, generando nuevos axiomas a los que los individuos debían adaptarse, y en ese sentido las formas de sociabilidad constituyeron una simbolización de la sociedad, es decir, varias formas culturales se perfilaron en las diferentes asociaciones de acuerdo con una clase o sector social. «Las formas de sociabilidad han jugado un papel importante en la politización de la esfera rural francesa y son un punto de referencia y análisis para abordar cómo convergen hechos políticos de carácter local y nacional» (Chapman Quevedo 2011).[4]

Volviendo a nuestros rituales, queda por saber y estudiar sin son diferentes a los de otras ritualidades, evidentemente en lo orgánico sabemos que son diferentes ya que nuestros rituales nos dicen que tenemos que trabajar para mejorar la humanidad, tanto en el plano moral como espiritual, para continuar fuera el trabajo que comenzó en el templo.

En un ejercicio que entendemos que tenderá a federar a los pueblos, a unir a los hombres, y pulir la moral, cuyo axioma empezamos a vivir durante los viajes de la iniciación masónica, con un primer viaje de aproximación y exploración del valor semántico de la fraternidad resumido en varias etapas, que se nos revela  como un ideal, como una utopía y una mítica bajo la necesidad de un deseo a recobrar; lo cual se reafirma con un segundo viaje se raliza endura te la iniciación masónica que viene a  representar el sueño utópico de  la fraternidad comunitaria que demanda adentrarse en el paraíso perdido de una fraternidad más humanizada; el tercero viaje nos muestra la fraternidad como un abanico real manifestado dentro de muchas realidades. (Marcel Bolle de Bal)

¿Es esto acaso, una utopía?

Tal vez sí, porque ello no se hace desde la concepción de la escuela de crecimiento personal que algunos quieren reconvertir a la masonería, sino desde una concepción madura de hombres que quieren proyectarse hacia el exterior a modo de una fraternidad de combate que no deja de ser una más, de las muchas formas que presenta ese abanico del que les expongo.

Abordar la pregunta es intentar responderla, y esa proyección viene de la búsqueda por medio de una sociedad de hombres que es transmitida por la sociedad de los ciudadanos, y en ese sentido las logias del Rito Moderno o Francés, no solo tienen sus ritos de convivencialidad como cimiento de la logia a modo de una fraternidad virtual, sino una potencial actualización en su plena realidad como portador de los valores universales (G. Deluze).

El Rito Francés no tiene un mensaje cambiante según las modas o las orientaciones ideológicas, pues los rituales nos hablan de una fraternidad que va más allá de la amistad entre miembros, nos hablan de proseguir el trabajo fuera de los templos, tal y como nos expone el Segundo Gran Inspector del IV Orden de Sabiduría, que nos exhorta a «pasar de la Unión de los hombres a la Unión de los valores» que son los valores universales del humanismo masónico.

Y en eso la mayoría de las organizaciones en las cuales estamos imbuidos han sido ejemplo claros, tanto es así  que fueron capaces de adaptarse al entorno social, cultural y político, muy cambiante y controvertido, y hasta belicoso, pero aun así con todo, la masonería de raíz «moderna» reivindicó su autonomía y su propia identidad, asumiendo sus contradicciones, y sabiendo que su quehacer tampoco era de color rosa y que habría que superar la máxima andersoniana recogida en las Constituciones:  «cultivar el amor fraternal, el cimiento y la  gloria de nuestra anciana fraternidad».

Piedra angular que cimenta sobre la construcción filosófica de sus propias referencias ligadas a la maduración interna inventando sus propias tradiciones, ya que Desaguliers con la quema de los antiguos Old Charges , estaba rompiendo con los viejos lastres históricos y cargando con esa responsabilidad y libertad de crear los propios paradigmas, tangibles como intangibles , aunque hay autores que nos  comentan que el Rito Francés perdió importantes retos frente a otras ritualidades que fueron más atractivas y permeables.

No es lo mismo hablar de la actividad logial en los tiempos revolucionarios que en los tiempos más calmos, donde la masonería se volvió más intimista, pero no por ello dejó de patentizar su señas de identidad, aunque experimentada y confinada en la logia esta no llega  al ideal de la universalidad que porta la masonería, y por tanto debe elevarse sobre las  relaciones efectivas para atender a una fraternidad exigente, como seña de un gen que conforma una variada torre de Babel, en la cual pese a la variedad  de los hombres y mujeres que la componen, todos se descubren como Hermanos, como Hijos de la misma Viuda  en pos de una acción universal,  y una construcción permanente, de hecho «la historia nos da un ejemplo de unión perfecta entre dos hermanos, ellos lo estaban por la sangre, y esta unión merece una apoteosis;  la cual deber ser el éxtasis  de un masón, que sin estar obligado por el primer deber, cada uno de sus hermanos encuentra un nuevo Pollux».[5]

Como francmasones del siglo XXI, no podemos quedarnos con un discurso orgánico, de que todo en nuestra fraternidad es genial y estupenda, porque de  ser así  nuestras logias se estarían volviendo viejas, y no deja de ser cierto que se patentiza una cierta desafección por parte de muchos masones sin que los distintos organismos actúen al respecto con respecto a cómo erradicar estas problemáticas.

Nuestra fraternidad la que nos demanda bajo nuestros rituales es la pertinente evolución filosófica de una fraternidad electiva que tras una gran carga de intensidad emocional es capaz de constituirse en un fraternidad de combate «una fuerza espiritual constructiva común» tal y como se recoge el Vª Orden de Sabiduría:  «la aventura humana es  la de un ternario perpetuo: construir, destruir y reconstruir»

 Hoy se  dan  innegables paradigmas que empiezan a superarnos,  como puede ser el cambio en los modos de relación, siendo por ejemplo capaces de entrar en contacto con entornos geográficos, sociales  a miles de kilómetros de nosotros, sin ser competentes  para poder llegar a los entonos más inmediatos, digamos que nuestra pretendida republica universal se ha convertido en un aldea  globalizada,  en la cual no solo  ha cambiado la escala sino que los déficits se dan con una fuerza vital, como la falta de prospectivas  y de respuesta frente a los nuevos paradigmas, que son alarmantes y nos abruman.

Deseo ponerles un ejemplo, hace apenas una semana se instalaba como Gran Maestro de la Gran Logia de Gabón, al presidente de Gabón al sr. Ali Bongo, a su entronización asistieron 41 Grandes Logias Regulares, sin que les cayeran los anillos de la vergüenza por su asistencia y entronizar a un «dictador», sin que el resto de las masonerías continentales dijera esta boca es mía. Siendo Gabón un país en una buena posición de despegue económico, pero el desigual reparto de la riqueza, lo cual hace que el pueblo sea pobre, y como país  «sigue a la cola en derechos, libertades y democracia, considerado como un estado autoritario dirigido por un dominante sistema clientelar que impone fuertes restricciones a sus disidentes».[6]

Esta también es parte de nuestra realidad, y si bien nuestro modelo, el de los «Modernos»  conforma en sí mismo una paradoja, puesto que rompía la estructura de Obediencias nacionales de tipo soberanista, al apostar por grandes Logia Provinciales con gran autonomía, en cambio el modelo adoptado por la mayoría masónica se circunscribe a las fronteras políticas y sus avatares, a lo cual se oponían los Hermanos de la Gran Logia de Londres amparándose «en la naturaleza cosmopolita de la Orden y en la imposibilidad de reducir la esfera masónica a la esfera profana, rechazando abandonar las fundaciones continentales y reivindicando una maternidad universal».

Dicha propuesta la vamos a encontrar presente en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, cuando se motiva el cambio de «internacional a universal» que impulsó René Cassin,[7] aunque hay que decir que una parte de las élites masónicas aceptaron o rechazaron agregar la sociabilidad masónica al reinado de la urbanidad y el buen gusto, pues solo ellas poseían las claves del reconocimiento» (P-I Beaurepaire. 2017).

En la corriente más abierta, se situó de nuevo el Gran Oriente de Francia, que facilitó que en sus predios masónicos se pudiera dar, por ejemplo, el establecimiento de una logia franco-danesa fundada en 1784, la cual pudo operar en tierras francesas con constituciones del Gran Oriente de Francia, lo cual no constituyó un solo referente, sino que tal acción se replicó en más lugares, tanto que  hoy por ejemplo, en España, existen unas 12 a 14 logias operando bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, y compuestas mayoritariamente por españoles.

Ha de quedar meridianamente claro, que los francmasones nos hemos ido haciendo permeables a la polis, y por tanto se  ha  de constituir nuestra organización  masónica en un arma de combate social,  no militante en el sentido político, que también, pero sí como una vanguardia intelectual y social  presente en cuanto frente hiciera falta su presencia; Portugal durante el siglo  XIX fue testigo de esa fuerza, de ese concepto de fraternidad que se forjó al ser el garante de las esencias republicanas, la cual  luchó por la abolición de la esclavitud y la separación de iglesia y estado, la educación obligatoria de carácter gratuito  y laica.

Sin embargo hoy cuando parece que se han difuminado los fascismos, resulta que rebrotan los neo-fascismos y los populismos de diverso signo, la fraternidad masónica parece cristalizarse a modo de una pátina helada, que amenaza con romperse, ya que las estructuras masónicas y los propios masones no solo se callan, sino que enarbolan a modo de enseña de engañosa neutralidad el no tratar temas delicados, como el religioso o el político en sus reuniones, ensalzando por ejemplo el patriotismo nacional e incidiendo en el soberanismo nacional frente a la elección de sus propios conciudadanos,  tal y como ha sucedido no hace más de un par de semanas con el Comunicado del Grande Oriente Lusitano (GOL) sobre lo acontecido en Brasil y la elección de Bolsonaro como presidente de Brasil, acción esta del GOL, que ha tenido muy pocos ejemplos emulativos por parte de la masonería liberal europea,  y sí muchas críticas por parte de grupos de masones brasileños por injerencia en asuntos nacionales.

No deseo abrir aquí un debate sobre el Comunicado del GOL  sobre Brasil, ni sobre lo acontecido en Brasil, y la posición de las organizaciones masónicas brasileñas, sino hacer ver a los Hermanos  presentes de como la fraternidad queda abolida en pro de un pretendido nacionalismo soberanista, que pierde de vista la fraternidad como marco de un quimérico universalismo masónico, y ese es un reto que tenemos frente a las actuales situaciones que nos rodean, como el avance globalizado de los neo-fascismos, algunos de los cuales ya están incrustados en nuestras instituciones políticas, a los cuales se le ha dejado un hueco institucional y público  en pro del bien social y democrático.

Por tanto,  la fraternidad que nos plantea el Rito Moderno, no es neutra, ni se alimenta de marcos caritativos, o de un activo liberalismo filantrópico, sino que nos pide ser consecuentes con los que nuestros predecesores nos han mostrado en su camino y trayectoria, abandonando cierto angelicanismo en el cual se ha situado la masonería y con ella el rito Moderno, tal vez con la excepción de la ruptura que supone la proyección del Gran Oriente de Francia en el plano social, y no estoy hablando de salir a la calle, estoy hablando de ser prospectivos, de recuperar  nuestras enseñas, y de repensar el proyecto desde esas dimensiones conceptuales que nos fueron dadas, aunque parece que hoy marchamos hacia lo que dice Marc Halévy en su Philosophie Maçonnique, la «francmasonería es una élite del silencio y silenciosa».

Es curioso, porque hemos pasado sin darnos cuenta del universalismo a la europeización, pasando del modelo abierto de una Europa tendente a la tolerancia, a la libertad de conciencia, a la igualdad y la fraternidad a un eurocentrismo cada vez más insolidario que pide el retorno de las fronteras dejando avanzar sin apenas despeinarse los modelos neofascistas.

Ya no es una cuestión de ritos, que también, sino de modelos masónicos que deben ser repensados, escogiendo como dice los franceses, una démarche masónica que nos confiera una aprehensión general sobre nuestro estar en el mundo a través de nuestra particular manera de reflexionar «ayudándose a construir el saber» (G.Lebert)

Tenemos por delante todo un reto, que en parte ya expuse en aquella plancha del 2015 en esta misma Academia V Imperio: Esa es la gran utopía que nos congrega a los que estamos en el Rito Moderno y Francés, desde nuestra diversidad, pero con un eje común que debe ser el Rito, y por tanto hemos de pasar a una masonería de Indignación y Compromiso, conformando una sociabilidad activa, lo cual nos demanda tanto nuestra reflexión como incardinación social, y nuestro Rito no nos impide, ni nos pone cortapisas, sino muy  al contrario, nos llama a una labor en pro de una sociedad esclarecida, la cual no se termina en la logia.

Es algo que el Rito Moderno nos demanda desde la tradición, no puede quedar este, ni nuestra maneras como un fósil del siglo XVIII, quedando al margen de quehacer diario del francmasón, debemos dar carta identidad a nuestro trabajo, marcando las diferencias y las identidades en pro de una de una utópica República universal de los francmasones.
He dicho.

Victor Guerra . MM.:. Vª Orden de Sabiduría, 9º Grado del Rito Moderno



[1] Les francs-maçons dans la cité. Les cultures politiques de la Franc-maçonnerie en Europe S. XIX -XX Université de Rennes.2000.
[2] Editorial Edimaf 2001
[3] https://www.ecured.cu/Sociabilidad
[4] El concepto de sociabilidad como referente del análisis histórico.
[5] Recueil des trois premiers grades de la maçonnerie Rite Français 1788
[6] https://www.eiu.com/topic/democracy-index
[7] Jean-Yves Goëau-Brisonnière, Le franc-maçon face aux droits de l'homme, in Philosophies, religions et droits humains,


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