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9 de enero de 2019

Masonería y Mujer una aproximación histórica (1ª entrega)

Mujeres Masonas 1937
Reunión de mujeres en Londres, en 1937. HULTON-DEUTSCH COLLECTION

La historiografía española se ha centrado sobremanera en la presencia de las mujeres en  las logias españolas, pero con pocos resultados acerca de una visión más global sobre dicha historia con muy largo recorrido, que da más para un libro que para una entrada bloguera.

En todo caso el empeño queda aquí patente, y lo haré mediante varias entregas en las cuales  intentaré dar esa visión global de esta historia compleja y poliédrica.

La presencia de la mujer en la masonería siempre ha sido un tema complejo y complicado, pese a los diferentes estudios que se han realizado, por ejemplo en el ámbito español estos quedan circunscritos a las aportaciones de historiadores como María José Lacalzada, Natividad Ortiz, o Elvira Presmanes, o lo que han escrito divulgadoras como Yolanda Alba, etc.

Sin dejar de mencionar el desconocimiento sobre la realidad historiográfica extranjera, sobre tales cuestiones, en este campo existen  importantes  referencias de  muy buenas historiadoras, masonas,  o no, como Cécile Révauger, Margaret Jacob, Janet Burke, Françoise Jupeau o de Gisele et Yves Hivert-Messeca, por no hablar de los estudios de Ann Pilcher-Dayton, Dominique Segalen, o Andrée Busine, etc.


La bibliografía española en relación a masonería y la mujer, salvo las contadas excepciones ya reseñadas, digamos  que no se hacen acercamientos plurales, o sea un abordaje desde las perspectivas sociales políticas e ideológicas, sino más bien se ocupan de hacer aflorar la nómina de logias y masonas y realizar un acercamiento a sus personalidades y biografías, con alguna que otra pincelada con relación a los diferentes círculos en los cuales estaban imbuidas estas mujeres masonas, sí es que estaban insertas en algún movimiento.

En este sentido indicar que en el caso español incide bastante el tipo de archivo al que se accede como es el archivo de la Memoria Histórica de Salamanca, que es una base documental eminentemente policial recogida a partir de 1939 y da los datos que todo el mundo recoge.

Planteado esto a modo de premisas, provecho una pregunta que se le hacía a la Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España; Patricia Planas, y que pone el dedo sobre un tema que planea a modo de debate, el cual tiene, y ha tenido, cierta presencia en el panorama internacional, y la pregunta que se le hacía desde el periódico La Nueva España de Gijón a la Gran Maestra era la siguiente: ¿La Gran Logia Femenina de España es feminista?

La contestación fue pensada, tal vez por no esperada o porque las repercusiones pueden ser importantes en función de lo que se diga. Contestaba la Gran Maestra «Yo, no la definiría así. Puede que muchas masonas se sientan también feministas, pero la logia no se declara como tal. Sí luchamos, cada una en su circunstancia, por la igualdad».

Está claro que las estructuras masónicas femeninas españolas, no han efectuado ese debate, más allá de los posicionamientos personales y algún que otro institucional, sin embargo en el tapete logial y Obediencial siempre planea este tema como no abordado: feminización y feminismo.

Cuestiones estas, que no parecen haber sido tratadas de forma abierta y explícita por las estructuras masónicas, al menos por las españolas, o al menos no ha trascendido que lo hubiera hecho,  y el cual fue su resultado, si es que finalmente se ha realizado, pero leyendo la contestación de la GMa.:. algo me dice que es una asignatura pendiente a modo de  que estamos ante una masonería , discreta y tolerante, pero imbuida en un pensamiento que tal pudiéramos denominar como tradicional.

Este posible déficit vendría de la mano de varios factores, por un lado el corto recorrido que ha tenido la masonería femenina e incluso mixta en nuestro país, durante los 30 últimos años del siglo XIX, hubo una masonería de adopción bajo muy diversos tutelajes, republicanos y progresistas, pero en general casi todos ellos responden a concepciones muy patriarcales, que además se puede decir en alto, ante tal  cuestión  no se ha entrado con el algodón a analizar en profundidad ese tipo de relación y necesidad entre los modelos patriarcales y las incipientes masonas y sus distintos modelos de sumisión.

En este sentido expongo un trabajo propio, con el cual intenté poner de manifiesto otras consideraciones de carácter oportunista, tanto político como ideológico a modo de excusa para iniciar mujeres, como fue el caso de Rosario de Acuña.


Hay que tener en cuenta que, por lo general en masonería, se lleva bastante mal el posible trastoque de los arquetipos masónicos, por tanto, el que se indague y se profundice en cuestiones como los motivos que llevaron a Rosario de Acuña, a la hora de dejarse convencer, dando luego la espalda en cierto modo al movimiento masónico, pues digamos que no es aceptable, y además he de decir que se ha carecido de cierto valor, y de mimbres necesarios para entrar en este tipo de trabajos de desmitificación.

Por lo general, hay pocos estudiosos, o masonólogos que trabajen el campo de la Masonería y Mujer, aparte de las historiadoras mencionadas, y de hecho en España, creo que no hay un solo blog o página web sobre Masonería y Mujer, y menos que esté llevado por una Hermana, tampoco es un hecho muy común en Europa, aunque no se puede negar que las Hermanas Masonas ocupan cada vez más puestos de responsabilidad y peso en el organismo masónico y paramasónicos, pero no aparecen en el espacio público del debate. Lo cual resulta toda una paradoja.

Durante el primer tercio del siglo XX, en España no hubo apenas masonería de mujeres, salvo la presencia de la Orden de Le Droit Humain (DH), y tampoco fue una presencia importante, más bien referida a los ámbitos geográficos de Madrid y Barcelona.

No será hasta la refundación de 1980 con la llegada de una nueva masonería, donde vemos aparecer nuevos paradigmas masónicos, como la llegada de la Masonería de Tradición, lo que comúnmente se llama como masonería regular; y el resurgimiento del DH, que más adelante intentará despojarse de los ropajes teosóficos y la pesada herencia de Annie Besant,  tras mucho andar  finalmente llega la masonería femenina de la mano de la Gran Logia Femenina de Francia.

Pero pese a que mentalidad ha evolucionado y que la mayoría de los masones son conscientes de algunas diferencias filosóficas y conceptuales en el tema de masonería y mujer, es como dice Cécile Révauger, «como si nos hubieran confiscado la memoria y se hubiera impuesto una autocensura», aunque haya que diferenciar en este hecho ciertos grados que irían desde la indiferencia a la confrontación, aunque cada vez es más frecuente ver que los masones más conservadores hablan de la presencia de la mujer en el paisaje masónico, e incluso juegan a ser campo de atracción para esas jóvenes masonerías, no para su integración como iguales, sino como un complemento de la particular oferta masónica, que por ejemplo hace que en estos momentos el ala más conservador de la masonería, la cual representaría en el mundo la Gran Logia de Inglaterra (GLUI) y en España su homónima la Gran Logia de España, las cuales mantienen la exclusión de las mujeres, o  interesada en todo caso en un cierto factor de complemento…

No deja de ser cierto que ha habido un importante movimiento y avance en tanto, que hasta no hace mucho, no se reconocía el derecho a de la mujer a ser masona, y por tanto se ha creado, pero ya desde muy antiguo una cierta dialéctica «entre tradición y evolución, y entre conservadurismo y progreso», creando modelos de masculinización en las mujeres masonas.

Es algo incomprensible, pero así sucede en muchas Grandes Logias, aunque el gradiente de uno y otro es muy diferente de unas a otras, planeando como excusa o como frontispicio que la cualidad masónica para esa negación, viene expresado por Anderson en las Constituciones de 1723, «…Los miembros de una logia deben ser hombres de bien y leales, nacidos libre, de edad madura y discreta, ni esclavos, ni mujeres, ni inmorales o escandalosos, sino de buena reputación» lo cual en ese momento era más filosófico que real, pero aun así, se ha tomado a modo de Fatua masónica con un rigorismo incomprensible que llega hasta hoy, a pesar de reconocer el puritanismo de la época y sus resultados.

Por otro lado, alguna historiadora plantea cierta disfunción en el texto andersoniano: «good and true Men, free-born, ano f mature and discreet age, no Bondmen, no women» puesto que Bondmen sería traducido correctamente como siervos

Pero si repasamos la historia de las güildas, de las fraternidades y de la propia masonería, comprobamos que han existido mujeres dentro de todas esas organizaciones, en general en pie de igualdad, y sobre tal hecho no parece haber pesado maldición alguna, incluso en medios tan distantes y distintos como el anglosajón y el americano.

 En el caso de las guildas hemos tenido a varias mujeres como Aprendizas.

Está claro que, frente a la presión ejercida, por la ideología y por la propia cultura política de los referentes más progresistas de la masonería, la salida en el caso español en el siglo XIX, fue crear las logias mixtas de Adopción que utilizarán el ritual masculino, incluyendo en sus trabajos referencias míticas como el Arca de Noé, o la escalera de Jacob que incluso irían en contra de la conceptualización de la mujer como ser libre.

Se puede afirmar que esta masonería de Adopción no estaba muy en la línea de la Ilustración sobre la emancipación de los dogmas, aunque ello no quitaba que se trabajara bajo un cierto prisma «mixto» lo cual se aprecia sobre todo, cuando damos un salto y nos ocupamos de las logias de Adopción europeas, sobre todo en el ámbito francés que nos lleva a los finales del siglo XVIII.

Teniendo en cuenta como contraposición que en España, esa materialización masónica llega con cien años de retraso, tanto es así que cuando en nuestro territorio se estaba dando el fenómeno de la Adopción, en Francia se estaba dando la eclosión de la Gran Logia Simbólica Escocesa, y con ello la aparición de Le Droit Humain, (DH) o sea la aparición del paradigma mixto.

Aunque no por ello, las historiadoras que tratan este tema dejan de observar un cambio de mentalidad importante entre las logias de Adopción del siglo XVIII, en general muy aristocráticas y europeístas, sin embargo durante todo el siglo XIX hay un cambio en el perfil de estas masonas, presentándose o presentándose como buenas cristianas, e imbuidas en la gloriosa maternidad, y como factor de desenvolvimiento masónico dentro de los conceptos de beneficencia, pureza y caridad.

Este cambio de actitudes, las historiadoras americanas nos las presentan, como una especie de regresión, y sobre todo lo fijan en un punto muy determinado referido a su país, como fue el caso de William Morgan (1826-1830) con el revelado de los secretos rituales con fines comerciales, tras lo cual este masón desapareció y su cuerpo nunca fue hallado, esto en un momento dado traumatizó a Norteamérica, y es en ese momento s cuando se crea la rama masónica femenina Eastern Star, bajo la inspiración del ritual francés La Vraie Maçonnerie d´Adoption de 1780, aunque pasado un tiempo. se fue hacia la erradicación de los restos francófonos de la Eastern Star, tendiendo hacia una mayor americanización, lo cual se puede comprobar por la existencia de los tres grados en el cual se desarrolla la Orden, los cual son muy distintos a los tres clásicos de la masonería de Aprendiz, Compañero y Maestros Masón, en cambio en USA van a utilizar: Eastern Star, Queen of the South, y Amaranth.

Hasta tal punto se dio una mentalidad distinta que, en 1877 se funda dentro de la East Star, una rama negra dirigida por Sue Joe Brown,  ya se luchaba por la emancipación de los negros desde las filas masónicas tan específicas. Esta masonería negra de Adopción, con tintes reivindicativos y emancipadores, va a ser una cualidad de diferenciación puesto que, en la prefiguración histórica de la masonería femenina, y más aún en la masonería la mixta va a estar muy implicado en su desarrollo el concepto del sufragismo.

Para que se puedan ver las diferencias, en España en esos mismos momentos empezaba tras una puesta en marcha de una masonería que apenas duró tres años, entre 1850-1853, después de lo cual la masonería desapareció durante unos veinticinco años, con un nuevo renacer masónico en la década de 1870.

Si bien la masonería de Adopción anexionada a estas logias españolas del siglo XIX, estaban impulsadas desde el progresismo y el republicanismo no por ello dejaban de tener el sello del patriarcalismo, que se veía conformado por la dependencia orgánica de las logias masculinas, y la presencia de un Venerable en los actos de las logias de Adopción, en las cuales se puede decir que había una cierta masculinización de las mujeres lo cual se verá confirmado por los roles a las cuales se verán obligadas a ejercer  la mujeres masonas,  eso fue tal vez fue lo que hizo que señeras intelectuales convertidas en masonas huyeran del modelo de la Adopción, pues no dejaba de ser un modelo de conformación social en los roles ya comentados, de maternidad, patria, beneficencia , caridad.etc.

Es un tema esté, que apenas si está estudiado cuando se estudia la masonería de mujeres, tal vez bajo la fina capa de ironía de Maria Jose Lacalzada, se deja entrever que esos roles no convencen a determinadas masonas que huyen de ese modelo patriarcal que de nuevo las sujeta a ciertos estatus que la masonería promete romper, pese a superar la cadena del esclavismo a la cual les había remitido Anderson, ahora se ven convertidas en siervas, a modo de veneradas hijas de la regeneración.

Será una generación, pero será más tardía la cual superaría a Rosario de Acuña, y otras importantes masonas y se dará cuando se una el binomio de masonería y sufragismo, lo cual va a venir de la mano de masonas como Amalia y Ana de Carvia, dando vuelta al modelo,  liderando esta nueva etapa desde la logia Hijas de la Regeneración, tanto el mundo librepensador, laico y feminista, que tendrá otro importante bastión en la figura de Belén de Sárraga, que unirá a ambos mundos, el librepensador con la articulación de la organización Federación Malagueña, y el feminismo representado por el periódico La Conciencia Libre.

No cabe duda, que hubo grandes logias que intentaron los modelos de inclusión de la mujer en los trabajos de las logias masculinas, en precaria proyección hacia un cierto modelo mixto, muy sui generis, pues la presencia de mujeres era insignificante, incluso hubo organismos como el GODE que crearon logias de señoras: Hijas del Sol, etc, en ese mismo contexto podemos encontrar algunas de estas creaciones en organismos como el GODER, GOE, GONERM, GOE, o el GOI, etc.

Pero si bien esto se dio en la España del XIX, en el siglo precedente, el XX sería una etapa nefasta para la presencia de la mujer en masonería, pues el modelo masónico de Adopción será prácticamente laminado, y no habrá inclusión de mujeres en la masonería española en cuyo siglo, o sea el primer tercio, pues en 1936 con la llegada el fascismo este terminó con el sueño masónico. Hasta entonces el espacio masónico española estuvo liderado por dos potentes organizaciones como fueron el Gran Oriente Español (GOE) y la Gran Logia Española (GLE), pero con membresías con respecto a otras latitudes que podemos indicar como moderadas.

Pese a que el siglo XIX en otros contextos geográficos, el debate en el entorno masónico se radicalizará, al menos en relación a la cuestión de la mujer, con una innegable presión de los partidarios de los modelos mixtos provenientes a su vez de los círculos laicos y republicanos, y  ello con dos objetivos: la emancipación de la mujer y la libertad de conciencia, de cuya bandería de hará líder en Francia F. Desmond.

Es evidente que estamos ante una práctica masónica de combate, como también estaba siendo el propio acceso de la mujer a la condición de ciudadana.

Lo cual traerá consigo muchos quebraderos de cabeza a los diferentes organismos masónicos al tener que enfrentar sus masculinas estructuras a una nueva exigencia como era el empuje hacia un modelo masónico mixto, que venía de la mano de notables masones, esos mismos que presionaban acerca de un posible viraje para al menos dar la posibilidad de avanzar por nuevos derroteros abandonando el modelo femenino de las hijas de Eva para ir hacia un modelo masónico republicano y laico que muy bien a representar la Marianne.

De las hijas de Eva a las herederas de Marianne. (II)

El modelo masónico basado en la inclusión de la mujer en una estructura de carácter paternalista, como bien lo representaba la Masonería de Adopción, donde las logias de mujeres eran dependientes de una logia masculina y bajo la codirección entre un Venerable, tutor a modo de pater familias, y una Venerable Maestra, supeditada a la autoridad del primero y de la logia masculina, aunque no se puede negar que aún dentro de esta corriente, se puede decir que se dieron proyectos muy autónomos, en los cuales las Hijas de Eva, tuvieron mucha libertad de acción, pero no fue la tónica general.

Pero el periodo final del siglo XIX va a cerrar en parte sus puertas al modelo de la  Adopción Masónica, que se va a ir transformando por el progreso de la mentalidades y el quehacer de algunas elites militantes sufragistas en una masonería con dos cabezas de puente, con intención de liberarse del yugo de la masculinidad masónica, asentado en antiguas creencias y estatutos, lo cual va perdiendo fuerza, aunque esa masculinidad masónica todavía hoy es representada en el mundo masónico actual por las Grandes Logias de Tradición, la llamada Masonería Regular.

Esas dos cabezas de puente intentan crear espacios propios desde dos concepciones bien distintas y diferenciadas, como es la Masonería Mixta, y la Masonería Femenina autónoma y alejada del modelo de adopción.

Quienes primero se van a mover son las mujeres insertas en el mundo librepensador, que desde sus posturas radicales como militantes de diversos sectores: librepensamiento, sufragismo, y movimientos anticlericales y organizaciones laicas, atacarán los gruesos sordos y mudos muros masónicos, pidiendo que se contemple la libertad de conciencia.

Y cómo no, siendo muy contundentes en reivindicar la emancipación de la mujer, y como tal forzando a los organismos masónicos, muy centralizados y masculinizados a que se contemple la inclusión de la mujer, no desde la sumisión de la adopción, sino desde el novedoso concepto de la imbricación de los dos sexos en los trabajos masónicos, en ese contexto se manejaron miembros del Gran Oriente de Francia (GOdF) como el ya mencionado Frederic Desmond ó León Richer, abanderados de esta opción en el seno de su propia organización y en el contexto francés, aunque por otras circunstancias la fama se la llevarían el dúo conformado por María Deraisme y Georges Martin.

El Combate de la mixticidad.

Es un momento en el cual la mixticidad se mueve como un fiero combate entre defensores y resistentes, las propias organizaciones masónicas se muestran reacias a que el debate se instale en las logias, y sobre todo en los altos cenáculos masónicos que gobiernan los organismos masónicos, pero quieran o no, el debate se instala ante los tapetes logiales, y lo promueven diversos referentes masónicos masculinos, y activas sufragistas masonas y no masonas.

En este contexto, será un miembro del Gran Oriente de Francia: Frederic Desmond, quien pasará a la historia masónica por la derogación del GADU en 1877 de los trabajos masónicos, sin embargo será quien en el Convento de 1869, como delegado de la logia Le Progrés, se haga portavoz de la inclusión de las mujeres en el seno del GOdF, posición vanguardista pero muy minoritaria.

Su exposición y propuesta la basaba en que «Considerando que la francmasonería pretende difundir que es la Luz y el Progreso, y que la mujer por su incontestable influencia que ella ejercer en el seno de la familia y por ella misma en la sociedad podría en gran parte contribuir a la propagación de las ideas masónicas; y como consecuencia ellas son excluidas de los trabajos de nuestras logias, la mujer es privada de los flujos intelectuales que ellas podrían recibir y de lo cual nosotros las privamos. Poderosos y hábiles adversarios saben explotar tal cuestión contra nosotros»
.
Pese, a que F. Desmond era todo un peso pesado en el seno el GOdF, el Consejo de la Orden desechará tal propuesta en 1870, aunque la logia Le Progrés le habría gustado haber iniciado a una profana en particular, hermana de sangre de un miembro de la logia.

La aparición de Marie Deraisme, llega de la mano de tres miembros del GOdF (Labbé, Guéroult y Richier) que tras los ataques recibidos desde las alas clericales y conservadoras, se dirigen a Marie Deraisme para que coopere en una serie de conferencias, para contraatacar al conservadurismo más contumaz, será el articulo Les bas-bleus, publicado en Le Nain Jeune, la que hará mover el resorte de la Deraisme para que este se incardine durante cerca de cuatro años (1866-1870) en una serie de conferencias sobre diversos temas en la sede del GOdF en París, con la intención de hacer comprender a la sociedad la buena moralidad de los masones, tras dicho éxito será Richier quien le solicita dirija la revista que él mismo había fundado en 1866 y que se refundó con el título de L´Avenir des Femmes, y en la cual Deraisme colabora y fundando además y de forma paralela la asociación Le Droit de la Femme.

No deja de ser curioso como ese mismo periplo, casi veinte años más tarde se va a repetir con una de las referentes españolas de primer orden, como fue Rosario de Acuña «que a partir de 1885 publicaría numerosos artículos en Las Dominicales, y en 1886, impulsada por un evidente espíritu reformista, ingresará en la masonería.

Hecho que tuvo lugar  durante su visita a Alicante, ciudad donde había sido invitada a leer sus versos en el Teatro Principal. Rosario de Acuña que mantenía una estrecha colaboración con el periódico La Humanidad, portavoz de los masones alicantinos, ingresa en la logia Constante Alona adoptando el nombre de la célebre filósofa de Alejandría, Hipatia

Victor Guerra

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