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14 de febrero de 2019

Masona y Mujer y no morir en el intento




Masonería y mujer en España, y no morir en el intento

Cuando hablamos de la masonería española y la mujer estamos hablando de otros estadios, en general bastante tardíos, pues las noticias que tenemos de iniciaciones masónicas de mujeres, como miembros de la masonería de «adopción» nos llevan a los años del Sexenio Revolucionario (1868-1872) cuando las estructuras masónicas españolas empiezan a tener un debate interno en como abrir sus puertas logiales a la masonería femenina bajo la fórmula de «adopción».

Será el Gran Oriente de España  y la Orden de Memphis Mizraim,  junto con la Gran Logia Catalano-Balear, quienes irán dando un paso hacia esa nueva aventura, lo cual tuvo lugar a partir de la promulgación de la Ley de Asociaciones de 1877,  que será   cuando se permita la legalidad a los miembros de la Orden, pero no será hasta  1892 cuando  el Gran Oriente  Español de Morayta fije claramente los principios del Rito de Adopción,  y será mediante la presencia de Mª Cristina  Brouski de Borbón en los actos conmemorativos  de la Logia La Verdad de Sevilla, cuando se dé paso a las mujeres en masonería mediante el régimen de «Adopción», eso sí el sustrato masculino va a estar presente en el desarrollo conceptual y ritual de este tipo de masonería, cuando en la Cámara de Reflexiones se le pregunte a la Aprendiza: ¿Qué debemos a nuestros padres? ¿Qué se debe al marido y a los hijos?, Como se puede ver no se entraba en ese tipo de masonería en función de ella misma, la mujer, sino subordinada a las relaciones familiares.

Era una iniciación subordinada a una serie de criterios que se dejan ver en los propios enunciados que no están presentes en la masonería masculina:

  • Cámara de Aprendiza o de la Virtud
  • Cámara de Compañera o de la Ciencia
  • Cámara de Maestra o del Honor
Pero si bien es el GOE quien deja clara la posición años adelante, no por décadas antes otros organismos masónicos más pequeños y tal vez más progresistas empiezan a dar paso a la presencia de la mujer en masonería, bajo el modelo cuasi universal de la masonería de Adopción.

Tal y como indica la historiadora María José Lacalzada, que ha puesto una pica en Flandes con sus reflexiones masonológicas  «no era difícil imaginar, conociendo el sustrato histórico-cultural, que muchos hombres inmersos en la tradición masculina de la masonería no supiesen bien como tratar a las mujeres. Se debatían ante un dilema doble: de un lado, la defensa de la masculinidad, y de otro, el respeto al misterio de la feminidad.»

Esta situación alimentaba una reacción bidireccional entre hombres y mujeres masonas, de ¿si estaban ante universos mentales diferentes? Lo que unos y otro sentían abre el gran abanico de las especulaciones en muy diferentes campos, pero fuera como fuere, el campo de la Adopción se movió más bien poco, aunque no por ello dejó de haber nuevos paradigmas en este tipo de masonería, tal y como expone la citada investigadora, la Cámara de Adopción de la Logia Constante Alona, fue una de ellas.

Pero no deja de ser cierto que, en todo este discurso sobre la masonería de adopción y el papel de las masonas, no parece que se hayan dado muchas mujeres díscolas y rompedoras en lo que se refiere a sus estatus masónicos, aunque también es cierto que, en parte, no se han abordado con profundidad los diferentes periplos en pos de posibles e hipotéticas heterodoxias masónicas.

Digamos que hay mucha mitificación con respecto de las mujeres y su papel masónico, digamos que hay poco análisis crítico, como puede verse y comprobarse con el retrato que hace la propia Maria José Lacalzada, o Yolanda Alba, o el amplio retrato de la autora Rosa Elvira Presmanes sobre la figura de la escritora y masona Rosario de Acuña, digamos que hay mucho material hagiográfico, pero poco aparato crítico desde una visión apartidista y abierta a los prejuicios de género.

Como contraste a esos retratos  realizados por  diversas investigadoras y escritoras,  expongo mi libre examen  sobre la cuestión de Rosario de Acuña en Masonería,  cuestión bastante mitificada; con ello no deseo restarle ni un ápice su altura moral e intelectual, pero opino que como historiadores deberíamos alejarnos de las mitificaciones  y la madrileña Rosario de Acuña fue una de ellas, tras la cual hubo bastante utilización de su inclusión en la Orden, por parte y parte, hasta llegar una cierta clonación curricular con respecto al modelo Marie Deraisme.

Rosario de Acuña. Encuentros y Desencuentros Masónicos:


Frente a una masonería de «Adopción» sumisa y doblegada a las obligaciones de las estructuras masónicas masculinas en las que se encuadraban, hay un intento de las propias masonas de crear su propia identidad masónica como señoras, y lo harán posible bajo el Rito de Memphis Mizraim, de la mano, por ejemplo de la masona Isabel Galindo de la logia Nueva Uter de Córdoba, la cual va a marcar su impronta con un discurso en cuanto a los ideales masónicos  «sin marcar  las salvedades por cuestiones de sexo.»

A partir de ella, o en paralelo habrá una sucesión de modernas masonas, que irán poniendo las nuevas cimentaciones para lograr una masonería distinta, bien de carácter femenino o mixto.
En cuanto a una masonería de carácter femenino, será de nuevo la profesora Lacalzada quien no aporte la primera pista al indicarnos que «la primera logia propiamente femenina en la España masónica en el siglo XIX, pudiera ser Hijas de Memphis».

Logia con sede en el oriente de Madrid erigida en 1877, y dependiente de un muy progresista Gran Oriente de España, luego nos encontramos con las Hijas de los Pobres (1877) que se encontraba bajo los auspicios de la Gran Logia Unida de España, la cual amparaba esta «autodenominada masonería femenina». En dicha logia estaba inserta Ángeles López de Ayala.
Esto contagió a otros grandes Oriente y Grandes Logias, como el Gran Oriente de España, o el Gran Oriente Ibérico con la famosa logia Regeneración, en la cual se incardinan las Hermanas Carvia y Bernal. El taller tras unos diez años de trabajos se clausuró en 1897.

Lo cual puede parecer un tiempo infértil, pero no cabe la menor duda de que estas masonas prefiguraron «un espacio femenino, no subordinado», dentro de la poco dinamizadora masonería española. De todas formas, no olvidemos que estamos ante un feminismo masculinizado, siendo «abanderado por mujeres continúa siendo un universo integrado en el mundo del hombre.»

Muchos de estos retratos de la diversas masonas, más o menos mitificados, según que investigadoras se trate, se pueden encontrar en los bien estructurados trabajos de Maria José Lacalzada en Mujeres en Masonería; o en Rosa Elvira Presmanes García: La masonería femenina en España, una visión bastante critica y feminista de la cuestión, sin dejar de lado a Natividad Ortiz: Las Mujeres en la Masonería, realiza más bien un catálogo de las masonas españolas, o a Yolanda Alba  que lo que hace es una síntesis de todas ellas unida a un acierta visión del movimiento en clave europeo.

Finaliza el siglo XIX con el desarrollo de la  masonería de Adopción  prácticamente declinando, de forma paralelo con el resto de la masonería, que verá como sus columnas logiales  se irán abatiendo a medida que se finiquita el siglo de este naufragio a modo de Guadiana, renacerá a principios del siglo XX, la acacia en cuanto a los talleres masónicos masculinos refundidos todos ellos bajo una égida casi única como fue la del Grande Oriente Español, tan solo compartido dicho nacimiento con un pequeño trozo de la tarta masónica, de la cual disfrutará la Gran Logia Española (GLE)(Catalano -balear).

Esos mismos florecimientos trajeron, aunque ya vimos que en Europa, Estados Unidos venían  de un fuerte asentamiento y madurez conseguido durante el fin del siglo XIX, en cambio en la tramontana España, las cosas tardan en llegar, aunque no por ello dejan de ver la luz en nuestras piel de todo, y lo hará con esos perfiles que ya hemos analizado en Europa,  movimientos feministas de carácter sufragista insertados en las clases medias ilustradas de las cuales van devenir una interesante cantera de nuevas masonas como Carmen de Burgos, Hildegart Rodríguez, Clara Campoamor; Consuelo Berges, Margarita Nelken, y otras.
La incardinación de la mayoría de estas masonas, referentes masónicos de primera talla. estarán insertadas en su mayoría dentro del socialismo y el sufragismo, el perfil de sus predecesoras estaría en el seno de amplio y diverso abanico del republicanismo y el librepensamiento.

Lo cual no obsta de que también desde el ala libertaria, se reconociera un espacio masónico para las mujeres, y en este específico y singular se registraba la presencia de figuras como las de Soledad Gustavo, Teresa Claramunt o Belén Sárraga. Este sector se va a aglutinar en torno a la organización autónoma de Mujeres Libres.

Todas ellas dieron los primeros pasos para el renacimiento de la Masonería de Adopción, lo cual se denota, sobre todo a partir de 1931 con el nacimiento de la logia Amor de Madrid, dependiente de la Gran Logia Española (GLE), taller presidido por la socialista Carmen Burgos.
Pero la idea que tenían estas mujeres era crear a partir de ese núcleo de la GLE, que dentro de su jurisdicción como organización masónica pudiera ser concedida a la mujer española los mismos derechos que al hombre, autorizando la creación de logias femeninas independientes con iguales derechos que las logias masculinas existentes».

El Grande Oriente Español (GOE) tenía también abierta de forma paralela en Madrid la logia Reivindicación, liderada por la republicana Clara Campoamor.

Estamos pues, ante un momento masónico de carácter femenino que se da a caballo entre los siglos XIX y XX, y entre el regeneracionismo y la modernidad, en un campo intergeneracional de masonas, en parte se registra como poco comunicativo, digamos que se observa como una ruptura generacional con el declive del siglo.

Eso en parte hace que estemos ante una masonería de Adopción, más libre, menos atada a las herencias del siglo anterior o la presencia de la viejas matronas republicanas y librepensadoras del siglo XIX,  por tanto se puede decir que eso facilitó que se pudiera  dar una masonería femenina más modernizada, con perfiles tal vez más novedosos como un activo sufragismo en una tierra tradicionalmente gestionada por el catolicismo rampante, o los precisos tonos laicos en su reivindicaciones, pero fruto también de grandes contradicciones y reticencias en torno a una España muy singular, cuyo ejemplo más claro se vio y vivió en la contradicción, que entraron algunas  de estas famosas mujeres políticas y masonas algunas de ellas a la hora  de facilitar el voto a la mujer española.

Está claro que estábamos alejados de los patrones de las corrientes más novedosas de la actividad masónica, como las que se estaban dando en otros lares como Europa o Estados Unidos, donde el cimiento mixto ya era una realidad.

Y llama la atención que, pese a ese criterio de modernidad, de independencia y preparación de las elites masónicas femeninas y de una importante actividad política y social estas mismas masonas no presentasen batalla frente a una Asociación Masónica Internacional (AMI) que, en 1933, negaba la posibilidad de incorporar a la mujer en plano de igualdad en la masonería.

Radicalismo de algunas de estas masonas antes citadas, en campos como el sufragismo, la posición anticlerical, o defensa de la igualdad en el campo social y político, luego estas beligerantes posiciones no eran ejercidas en el seno masónico, conformándose en líneas generales con tener una cierta independencia dentro del ordenamiento masónico de la Adopción, eso sí siempre subyugada a la masonería masculina.  Es evidente que a las radicales masonas españolas les faltaba el temple de las masonas francesa que se rebelan contra la masonería de Adopción o una actividad feminista masculinizada como bien representaron mujeres y masonas como la Pelliter, Louise Michel, Michel, Marie Bequet  de Vienne, Maria Pognon, Louise Barberousse, María Martín, Eliska Vincent, Louise Wiggishoff, Vera Starkoff masonas que presionaron desde la Gran Logia Simbólica Escocesa, al propio GOdF y e incluso al triunvirato de M. Deraisme, G. Martín, y Frederic Desmond, para  crear un cimiento mixto autónomo.

Es una paradoja que llama la atención, sin embargo, ninguna de las autoras que han tratado el tema de la masonería de corte femenino o mixta en España, han entrado a discernir tal singularidad.

No es menos cierto que el Alzamiento Nacional, dio al traste con toda esa presencia masónica en general y máxime la masonería con presencia femenina, cuyo desarrollo ignoramos como hubiera podido ser.

Nacimiento del Cimiento Mixto. Una novedad.

No parece que la visita la señorita Eugénie Dupuis, miembro del Derecho Humano parisiense, que giró en el verano de 1905 una visita por estos territorios, donde fue recibida en la logia  Ibérica nº 1 7, luego se fue a Sevilla donde visitó  la logia Fe la recibió como «hermana» lo que no está muy claro que sucediera en Madrid, ya que reconocer la calidad de «Visitadora», hubiera supuesto reconocer que la esta interesante «Hermana pertenece al cuadro de la respetable Logia Le Droit Humain… por su ilustración, profundos conocimientos del Arte Real y vastos estudios científicos y literarios, honra a la Masonería femenina de su país.»

A este respecto de la visita de la masona francesa del DH, y la diferente acogida, entre la logia madrileña y la sevillana, es que esta última provenía del Gran Oriente Ibérico, por tanto, venía de concepciones muy abiertas masónicamente hablando, aunque en ese momento (1905) carecía de presencia d un taller de Adopción dependiente de la logia, ni que decir que las dos logias visitadas del GOE, eran masculinas.

El viaje se enclavó en el «perfeccionar el idioma castellano, estudiar las obras de arte, conocer el movimiento científico y literario y finalmente asistir a los trabajos de nuestras logias».

En todo caso se denota que, en algunos organismos masónicos españoles, dieron el salto hacia nuevas concepciones masónicas, y María José Lacalzada, intuye que Nicolas Diaz y Pérez, tuvo en su mandato en el Gran Oriente Nacional de España y en la logia Comuneros de Castilla nº 63, una masonería mixta de hecho, aunque la muerte de este gran dignatario en 1902, rompió un posible hilo de conexión con Le Droit Humain.

Otro brazo fuerte en estos menesteres, resultó ser Francisco Rispa Perpiñá, ya que su concepción democrática también alcanzaba a la masonería, siendo un ferviente defensor del trabajo femenino, y con iguales derechos y deberes, como obrero de un taller. «En nuestra democracia, que consagra el derecho de ambos sexos, y en nuestro criterio progresivo no cabe excluirá la mujer de los trabajos de la Orden, cuando tantos y tan valiosos pueden ser sus servicios, por su delicadeza de sentimientos y apasionamiento por los ideales que aman.»

En todo caso se estaban alienando los planetas para que el cimiento mixto pudiera ser una realidad en España; la conjunción de las hermanas Carvia u la actitud  de Isidro de Vilariño y una de sus obra La Gran Logia Simbólica Española, iba a crear a partir de  la Logia Hijos de Rhea, y la actuación de Belén Sárraga «la torpeza- de esta Hermana truncó la posibilidad de a su vuelta a España hubiera sido ella la que hubiera podido contribuir a la dar la primera chispa de luz para la masonería mixta, en la misma órbita que la red internacional de Le Droit Humain»

Pero fue la teosofía la bisagra que movió el edificio a través personajes en general casi todos masculinos como Manuel Treviño, Joaquín Gadea, Manuel Velasco, Julio Garrrido con la ayuda de las hermanas Maynadé como fueron llegando  los primeros cimientos, en Barcelona en Madrid, en Sevilla y Alicante la acacia mixta fue tomando cuerpo de forma muy difuminada  y en la línea de Annie Besant , teniendo como sustrato: el clima cristiano, familiar en el inconsciente colectivo español masónico, no tan anticlerical como estaba derivando muchas logias del GOE y la GLE».

La rama teosófica era la tercera vía masónica por la cual se asentaría sobre una pequeña estructura, que según María José Lacalzada, darían cobertura en suelo española dos talleres como fue e San Albano (1924) y la logia Fénix, (1926) y el piloto del proyecto:  Manuel Treviño y Céline Guyard  y otros será sobre quienes se vaya asentar la masonería mixta en España bajo la bandera de Le Droit Humain (DH).

Organización que pasará por el calvario de los reconocimientos de las dos potencias masónicas españolas, el GOE y la Catalano-Balear (GLE) habiendo de por medio todas las tiranteces y todos los amores del mundo ante esta nueva presencia de la Co-masonería española.

Una masonería que veía llegar a sus columnas nuevos conceptos como los antiguos misterios, el hermetismo en estado puro, la cábala hebrea, la mitología y hasta el tarot, todo se embridaba entre el Rama teosófico y la naciente masonería. En 1932 el DH en España contaba con las logias: San Albano (Madrid), Luz en Almería, Conde Saint-Germain en Barcelona, Hermes en Málaga y Zanoni en Sevilla, por tanto el «reclamo de una ciudadanía de pleno derecho era una realidad y comprender la verdadera razón de ser a fin que nuestra Orden crezca en BELLEZA en FUERZA y SABIDURÍA,»  fue un buen banderín de enganche

No fueron tiempos fáciles, pero el paso estaba dado, el cimiento mixto se establecía por primera vez en suelo español con marcado acento teosófico, y la masonería de Adopción no acababa de despuntar hacia una masonería femenina plena, esa transición hacia esa metanoia no se concluyó pese a los intentos de famosas como Carmen de Burgos (Colombine), y la llegada del franquismo dio al traste con todo ello.

Victor Guerra. MM.:.

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