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25 de marzo de 2019

La New Age de la Masonología hispanoamericana. A propósito de los Ritos Masónicos.


Decía muy inteligentemente Llorenç Lluel en su libro sobre Un proyecto de Masonería Transnacional, que «somos lo que se nos reconoce y no lo que decimos ser».


Eso es lo que me pasa con muchos de los nuevos autores de la masonología española, cuyos avales académicos son abrumadores, pero sus planteamientos escriturales e investigativos, creo que en general, son flojos y les falta recorrido y experiencia, y no porque carezcan de inteligencia y destreza profesional, pero tienen lecturas y visiones parciales de la historia masónica.

Y eso es lo que me ha pasado con el reciente libro de Fernando Gil González, y su libro: Ritos Masónicos en la Europa Ilustrada. Inquisición y las Nuevas forma de Sociabilidad en el siglo XVIII., y es que cuando uno lee la solapa, se imagina que se encontrará en las manos una auténtica joya investigativa, pero pronto la desilusión aparecerá en el rictus del lector tras las primeras líneas.

El autor se presenta así en el libro: Fernando Gil González ,es Doctor por la Universidad Nacional de Educación a Distancia con sobresaliente Cum Laude (2016), premio extraordinario de doctorado (2017). Además, es Investigador Senior en G.I. en Argentina, España, Italia, Inglaterra, Francia y Portugal. En la actualidad es Fellow del King´s College of London, donde ha publicado un gran número de aportaciones científicas e impartido medio centenar de conferencias relacionadas con la Hª de las Instituciones, en Argentina, EEUU, España, Francia, Hungría, Reino Unido y Portugal. También ha realizado estancias de investigación en University of Reading, University College of London, Université Panthéon-Assas, London School of Economics, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Universidad de Oviedo y como profesor-visitante en University of California, Columbia University, Florida International University o Universidad Pompeu Fabra. Por último, es Académico en The Royal Historical Society (London, U.K.) y Miembro de la Sociedad de Estudios del Siglo XVIII. ¡Impresionante¡

Pues bien, aquí me tiene ustedes un lector voraz de temas masónicos y un autodidacta historiador de la masonería sentado frente a un texto, del que dicho con franqueza esperaba con ansiedad algo más, pues necesitaba leer algo que me pudiera servir para los estudios que estoy realizando sobre el siglo XVIII en Inglaterra y Francia y la ritualidad masónica que es el proyecto editorial que llevo entre manos.

Nada más abrir el libo en el capítulo de Introducción, habla de una masonería española del siglo XVIII que estuvo perseguida a partir de 1738, y es considerada como «iniciática, incógnita, filantrópica y socio-cultural».

Estos primeros términos no parecen ajustarse mucho a una realidad masónica correspondiente al siglo XVIII, cuya masonería se puede decir que ni es «iniciática», por el motivo de dicho término no se conocía en ese tiempo, el cual aparece en el siglo XIX, salvo claro está que nos estemos haciendo portadores de las ideas guenonianas  acerca de los gremios canteriles y su supuesto misticismo y hagamos flashback, con imágenes y conceptos.

Pero el autor insiste una y otra vez en la cuestión «por parte de la Inquisición española es el juramento masónico que procede de los ritos iniciáticos de la masonería operativa», la fuente que se toma de referencia es la de otro colega   Felipe Corte Real de Camargo, cuyo trabajo sobre los mandiles presenta bastantes lagunas e inexactitudes, digamos que mucha introducción teórica y poca substancia.

Por otro lado, me resulta paradójico que un sesudo investigador como Gil González, que maneja lenguas y expone múltiples entradas bibliográficas en su libro utilice para hablar de la «vía iniciática» a la archivera del Archivo de Salamanca, que me parece buena profesional aunque toda su producción esta referida a manejo de archivos y  fondos, sobre manera del amplio archivo de Salamanca, y no la veo yo como muy metida, ni en el Siglo XVIII, y en las los desarrollos teóricos entre Inicializaciones, y Aceptaciones, y menos aun discerniendo sobre vías iniciáticas , porque Gil González, en la página 17 de su libro, nos plantea  de forma directa  el escenario de la INICIACIÓN como enseña masónica en el siglo XVIII.

Por otro lado me resulta extraño que se considere a la masonería del siglo XVIII, como de «incógnita» ya que la actividad masónica de ese siglo compuesta por gremios, guildas e Incorporations, en sus primeros estadios operativos, tanto en Inglaterra como en Europa en sus distintas  modalidades como la Bauhütte, o los picapedreros, etc., como para que fuese desconocida, pues sabemos que dichos gremios eran de sobra conocidos, al igual que sus  textos de referencia  como los Old Charges, o un poco más adelante con la masonería especulativa en marcha, las distintas Divulgaciones, y Panfletos, suponía estar todo el santo dia en los tabloides ingleses o franceses, y puedo decir que había muchos chiste en la calle sobre  «Mister Jalkin, y Mister Booz». Sin olvidar los grabados, y criticas satíricas como la Guerra de las Imágenes, que denotaban el estadio de la cuestión, además de alimentar el morbo de las gentes. O sea que de incógnita poco, salvo en España, que no llegó a tener tintes muy definidos.

Dice el autor que en lo referido a España, simplemente esa masonería apenas si tuvo presencia, y para afirmar tal cosa se coge un trabajo de Juan Ortiz Villalba, que en la pagina 26 de su libro La Masonería y su persecución en España, termina diciendo  que la «Gran Logia de Inglaterra (Londres)  tendrá autoridad  para crear nuevas logias, con lo de hecho, surge una legitimidad masónica  llamada »masonería regular» y a este respecto el señor Gil González, toma esto  para hablar de las «Obediencias que están patentadas  por la Gran Logia e Inglaterra».

Creo que hay una visión distorsionada, puesto que la Gran Logia de Londres cedió Patentes a otras estructuras masónicas, pero jamás se ocupó de esas Grandes Logias, acerca de cuáles eran sus inclinaciones y declinaciones, por tanto no se puede adjudicar a esta «patentización» el criterio de Patente que hoy se maneja, y menos sobre el modelo de regularidad y reconocimiento, que utiliza la Gran Logia Unida de Inglaterra, que en parte es lo que se está realizando.

Por otro lado, en esta primeras hojas del libro sobre Ritos en Europa en el siglo XVIII , l llama la atención que hablando de Ritos Masónicos del siglo XVIII, se incluya en el trabajo un solo juramento u Obligación de la logia Berna, cuando en realidad  es  parte de un catecismo,  no de la logia,  sino de Francmasonería de Berna de 1740, y aunque el autor dice que todos los juramentos son muy parecidos, pues creo que se el citado investigador debiera repasar esas formula  y leerse y confrontar los textos producidos a lo largo del siglo XVIII, empezando por aquellos que se desarrollaron en la fase operativa como los Old Charges ,  o como aquellos otros  textos que  fueron publicados  en las Divulgaciones y  Exposures, o los se quedaron ya como un referente en los proto rituales o pre-rituales del siglo XVIII..

De hacerlo así,  a buen seguro que el autor verá que no es lo mismo el Juramento que presenta el Dumfries nº 4, o el que expresa el  Kevan, o los que provienen  de la familia Regius o Grand Lodge, sin dejar de lado  los que presenta el Tradi, o Demasqué… etc, o los de la rama de los Antiguos, sin dejar de hablar del Régulateur.

Cuando se  termina la lectura del libro de Gil González,  se sacan en claro varias conclusiones, que el título del libro poco que ver con el contenido, ya que no habla de Ritos y Rituales, sino de algunas partes o elementos de estos rituales, contenidos dentro de las ceremonias masónicas como  la cámara de reflexión,  o la Iniciación, etc.

Sobre esto último, el autor se crea un cierto imaginario en base a diversas citas históricas las cuales conjunta con otras más actuales, creando una especie de «perfiles de composite» con los cuales va esparciendo por el libro adelante, creando y coreografiando esquemas los cuales responden más a perfiles actuales, que a genuinos modelos masónicos del siglo XVIII.

Este un error que comete muy a menudo, por ejemplo: el Gabinete de Reflexión, que plantea no es el del siglo XVIII, sino el resultante del siglo XIX y XX, complementado con detalles del siglo anterior y creado a modo de hacer historia en base a su perfil académico, y realizando un trabajo del  tipo corte y pega, a modo de un exultante composite, bonito pero no real.

Desajuste que se deja notar rápidamente cuando utiliza a Philippe Langlet como ariete para entrar en esas cuestiones, en lo que respecta a la determinantes de las ceremonias masónicas, pero si adecuarlas al ambiente y al desarrollo cotidiano de la masonería del siglo XVIII,  que es muy disimilar.

Aunque no deja de ser atractivo lo que expone, y mucho me temo que se dicho autor será muy citado por la New Age History hispano-americana,  tomando sus textos como verdaderos axiomas masonológicos, cuando en realidad el autor está dejando mostrar lagunas que un lector avezado enseguida se da cuenta de ellas., pero como estamos en la masonería líquida el personal publica de todo y los lectores o bien se lo tragan todo o lo ignoran casi todo.

Decía anteriormente que  Fernando Gil González, no hablaba de ritos, sino de elementos dentro de los Ritos, pero eso no es hablar de Ritos en la Europa del Siglo XVIII, por ejemplo cuando habla de ritos en dicho periplo espacio temporal, no discrimina geografías ni conceptos, pues no es lo mismo hablar de los ritos en Alemania, en Francia o en Inglaterra, por tanto utiliza generalidades del tipo «Rito del Gran Oriente de Francia», no sabiendo a cual se refiere pues el GOdF maneja mucho ritos , y lo mismo pasa cuando se refiere al RFGODF, ¿A que rituales se está refiriendo Gil Delgado? Acaso al Régulateur, a las reformas  de Murat,a caso a las de Amiable o al Groussier o acaso a los rituales de Referencia, 

El autor habla también del Rito Francés, luego cita los «Ritos Escocistas» y toma como referencia al director de la colección «Historiadores de la Masonería», al señor Yván Pozuelo a través de una nota a pie de página, para que allí busquemos los «ritos escocistas». Acudo al trabajo citado: La masonería. ¿Una organización discreta? Cuestión de definición. Páginas 72-74 , y me encuentro que ahí no hay nada en dichas paginas,  ya que  el artículo habla de la  discreción. Pero es más en todo el artículo el S. Pozuelo no habla para nada de «escocismo», ni emplea en ningún  momento de su artículo dicho vocablo, y apenas si se cita un par de veces en todo el artículo a palabra «Rito».

¿Entonces a qué estamos jugando a las citas corporativas? Estas solo parecen servir para darse relumbrón como historiadores citados, y  para juguetear entre miembros de la misma guilda en modo de trabajo corporativo.

Cita en la página 34 Gil González, otros «ritos europeos escocistas», sin referenciar cuáles son estos;  lo mismo hace al referenciar «los ritos franceses» o cuestiones como  «aparecen en los ritos escocistas y no aparecen en los ritos ingleses» …, creando más confusión cuando escribe «En los ritos escocistas o franceses» pag. 115., los cuales ni describe ni define, ni diferencia.

Estas son las tesituras en las que se mueve el académico investigador, que por cierto en el libro se refiere a todos estos elementos de las ceremonias, desde la perspectiva del Rito Escocés Antiguo y Aceptado,(REAA)  que por cierto hasta donde yo sé, tal y como lo conocemos , tal rito está adscrito al Siglo XIX, aunque derive de fundamentos del siglo XVIII, pero hablar así genéricamente y adjudicar escenas y ceremonias al Rito REAA, sin especificar de qué rituales estamos hablando, o sobre  las estructuras administrativas que lo soportan , nos puede llevar a patinazos importantes, pues si hay un Rito que en si mismo presenta diferentes divergencias, y máxime entre distintas épocas y estructuras masónicas,  y además importantes, ese es el REAA.

En todo el libro sobre Ritos en Europa en el siglo XVIII no encontrarán nada a cerca de otros posibles ritos que se dieron en el siglo XVIII:  Zinnendorf, o Schroeder, o el Rito Ecléctico, o el Rito Adonhiramita, etc..,   es algo que se ignora, y ni se menciona, ni se historiografía tal concepción.

Lo mismo sucede con respecto a la alta producción de textos rituales, los cuales ni son examinados, ni referenciados, tan solo alguno a modo de referencia tangencial, ni por supuesto se hace un desarrollo de las sociabilidades en cuanto a su desarrollo y cotidianidad como tales dentro de factor masónico, digamos que queda bien para la construcción del título y poco más.

Y no sigo escudriñando los diferentes elementos y ceremonias porque estaríamos hasta el día del juicio final.

En todo caso para el tema de la Inquisición y del procesos Coustos le recomiendo la obra de Antonio Loja: A luta do Poder contra a Maçonaria. Cuatro perseguiçoes no seculo XVIII, igual le da una idea al autor  de como abordar estas temáticas de la inquisición y la masonería

La verdad que esta New Age masonóloga hispanoamericana de corte universitario,  nos presenta una amplia referencia, de autores, y citas y repertorios bibliográficos de primera talla, pero con  aportaciones bastante pobres, de la cual tardaremos un buen montón de tiempo en deshacernos de sus entuertos, dado que las jóvenes generaciones  de masones y lectores  y se basarán en dichos predicamentos, haciéndose cada vez más amplia la brecha por ejemplo entre historiadores masones y los de esta nueva generación New Age.

Que el GADU nos salve de tanto desmán historiográfico a modo de new fake masonológica.

Victor Guerra

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